Piensa como Sherlock Holmes…

Por: Tery Logan

Sherlock Holmes utiliza el método deductivo, un subtipo del método científico.

¿Inteligencia extraordinaria? ¿Intuición y observación sublimes? ¿Es mera ficción o podemos aprender a desarrollar estas habilidades? ¿Es su razonamiento genuino? Quizá no queramos ser detectives, pero puede que mejore nuestra vida laboral o personal. Pensar como Sherlock Holmes responde al desarrollo de una estrategia mental para llegar a un pensamiento más claro y un conocimiento del entorno más profundo. Cualquiera de nosotros, con autoconciencia y práctica, pude mejorar la percepción y resolver problemas más difíciles y desarrollar la creatividad, aumentando la observación y la capacidad de deducción lógica, alcanzando la ATENCIÓN PLENA.

Sherlock Holmes utiliza el método deductivo, un subtipo del método científico. Se parte de unas premisas para llegar a la conclusión. “Es un error capital hacer teorías antes de tener información” (Sherlock Holmes en Las aventuras de Sherlock Holmes). Las hipótesis se formulan y deben ser demostradas únicamente con las premisas de sin dejar que el azar participe. Hay que recopilar el mayor número de datos o pistas sobre un hecho en cuestión, porque la falta de información puede llevar a una conclusión errónea. El método deductivo realmente es sencillo y simple. Se diferencia de la inducción o la prueba-error y es aplicado en Matemáticas y Lógica.

HOLMES: Brillante, preciso, visionario.
WATSON: torpe, impreciso, convencional.

Si Sherlock Holmes hubiera nacido en nuestro siglo, ¿cambiaría su metodología? Observar y deducir requiere un tiempo y dedicación que no están de moda. Entrenar la mente para centrar la atención y absorber lo necesario. Propone un método de interacción con el mundo y recuerda que es la mente más serena la más poderosa.

Realmente hay pocas personas que piensen como Sherlock Holmes. Se trata, según la psicóloga Konnikova, de dos modelos de pensamiento opuestos. Uno se identifica con el de Sherlock Holmes y otro con el de Watson.

HOLMES: Brillante, preciso, visionario. Examen preciso y sistemático de los acontecimientos de que el azar nos hace testigos. Primero observa. Según Konnikova,  la inercia de nuestra masa gris es ir en contra de la buena observación.  Este sistema, más lento, riguroso, lógico y costoso, prefiere no entrar en acción salvo que lo crea absolutamente necesario. Esfuerzo consciente, agotador e insostenible

WATSON: torpe, impreciso, convencional. La mayoría de nuestros juicios son por un sistema rápido, intuitivo, reactivo, que no exige ni esfuerzo ni pensamiento consciente y actúa de forma automática. Más cómodo pero más proclive a la distorsión y al error.

Con entrenamiento podemos reprogramar nuestro cerebro para potenciar el sistema Holmes y arrinconar los hábitos perezosos, ingenuos y automáticos de Watson. Se requieren dos actitudes previas: motivación y mindfulness. Presencia constante, atención centrada en aquí y ahora. “Las personas motivadas siempre rinden mejor”.

El pensamiento reflexivo y eficaz además ayuda a desarrollar percepciones y conocimientos más claros y profundos sobre cualquier aspecto de la realidad.

¿Cómo funciona un cerebro holmesiano? Los recuerdos son el material que usa el cerebro para formar los pensamientos. Frente a una situación aparentemente irresoluble, Holmes se refiere a que no hay nada nuevo bajo el sol. Hay que recurrir a donde se forman, retienen y recuperan los recuerdos.

Hay que dedicar tiempo a codificar los recuerdos correctamente. ¿De qué sirven los datos si no los puedes recuperar cuando los necesitas? La memoria es el punto de partida de cómo pensamos, cómo establecemos nuestras preferencias y cómo tomamos decisiones. Aprender a ser selectivo y filtrar los instintos del cerebro en vez de dejar que “todo pase”. Es activar la pasividad natural del cerebro para comportarse como una esponja.

La tendencia natural a vagar es contraria a la concentración. El primer paso es observar, que es tener los sentidos activados y estar atentos. Cuando nos vemos obligados a atender a varias cosas a la vez, rendimos peor en todas, la memoria se resiente y el bienestar general también.

Es necesario volver a encauzar la atención. Es un riesgo el quedar sepultados bajo la avalancha de información por impactos al día que recibimos.

Selectividad  (estrategia), Focus, objetividad, inclusión, dedicación, humildad, aprendizaje continuo.

Pensar bien y con eficacia. Esfuerzo y capacidad humanas para pensar y resolver de una forma opuesta y menos frecuente a la que sigue al sesgo, error, parte necesaria pero parte aprendida. El pensamiento reflexivo y eficaz además ayuda a desarrollar percepciones y conocimientos más claros y profundos sobre cualquier aspecto de la realidad.

La atención puede ser parcial o plena. Es la llave que puede dar paso al estilo de pensamiento de Holmes pero puede ser la cerradura que lo impida. La capacidad para mejorar el rendimiento mental es directamente proporcional a la destinada a ampliar la capacidad para ejercer el control consciente sobre la atención.

Imagen de José María Mateos

Imagen de José María Mateos

Conoce a… Sherlock Holmes

Por: Tery Logan

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Alto, delgado, frío, irónico, ingenioso e intelectualmente inquieto. Consumidor asiduo de cocaína, con personalidad bipolar y sin sentimientos ni inquietudes, es desordenado en la vida diaria y fumador en pipa, toca su Stradivarius para relajarse. Experto apicultor y excelente boxeador con conocimientos en química, música, medicina, derecho, crímenes de otras épocas y en el proceso deductivo, también tiene dotes como actor (destaca por sus disfraces y camuflajes).

Sherlock Holmes fue creado por el escritor escocés sir Arthur Conan Doyle en 1887, convirtiéndose en el referente para el género detectivesco por su gran éxito como protagonista de 4 novelas y 56 relatos cortos, que ha sido llevado al cine, al teatro, y adaptado a dibujos animados y a series de televisión.

Este detective asesor que destaca por su inteligencia, su hábil uso de la observación y por el razonamiento deductivo es un personaje excéntrico pero objetivo y sumamente pragmático. Cree que el cerebro es limitado en cuanto a la capacidad de información que puede almacenar, por lo que es vital importancia que datos inútiles no desplacen a los útiles, pues éstos son detalles innecesarios que distraen a la mente de la resolución del caso.

Nacido en 1854 y fallecido en 1911, vive en 221 de Baker Street, Londres, con el Dr. J.H. Watson desde 1881, con quien pasa 17 años de su vida. Watson, además de su ayudante y amigo, es el narrador de la mayoría de sus historias, lo cual le da un enfoque mucho más simpático a la obra de Conan Doyle.

Para sus seguidores y fans, hay un museo en Londres en 221 de Baker Street, que recrea el estudio, la recámara y hasta escenas de algunas de las novelas en las que aparece. Si te gusta Holmes, ¿no es elemental visitarlo?