La falta de oportunidades del Quijote

Por: Victor J. Rodríguez

He empezado a leer el Quijote. ‘El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha’, que es como se llama el primer libro. Poca gente sabe que el segundo es ‘El Ingenioso Caballero Don Quijote de La Mancha’. Es un detalle pequeño, casi nimio, pero eficaz a la hora de demostrar que todo el mundo conoce el personaje, la fama, el capítulo de los molinos de viento y algunos detalles, pero son pocos los que conocen la obra de verdad. ¿Por qué? Pues porque no interesa tanto como debería. O no motiva. Me explico.

El año pasado el CIS publicó un barómetro muy revelador acerca de este asunto, quepodéis leer aquí.

Con motivo del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra se ha hablado mucho de la obra, en los medios de comunicación, en las escuelas, en la calle, en las Instituciones y en espacios literarios. He tenido muchas tertulias y charlas con gente que se considera lectora, amante de la literatura, y no son muchos los que reconocen haberlo leído entero. Yo mismo no lo he empezado hasta hace bien poco, a mis 30 años. Mi excusa es que hasta ahora había antepuesto otras prioridades literarias, pero ahora he encontrado la motivación para leerlo. Esa es la clave.

Se dice tradicionalmente que es una obra muy extensa. Entre los dos los libros, según las ediciones, pueden superar las 900 páginas con letra pequeña. Pero, ¿acaso es eso realmente un escollo? ¿Lo es, en la época en la que triunfan las sagas literarias, las trilogías, tetralogías y hasta heptalogías o más? El que quiere leer, lee. Y no le importa la extensión. ¿Cuánta gente ha leído ‘Los Pilares de la Tierra’? Mucha, es una auténtico éxito de ventas, a pesar de sus 1300 páginas…y es solo un ejemplo. La trilogía de ’50 sombras de Grey’ suma más de 1600…

Se dice también que pertenece a una época antigua…eso son excusas baratas. Sobretodo para los fans de la fantasía, las novelas históricas, no solo no tienen problema alguno con la extensión, sino que las épocas antiguas son su fetiche. Pero no quiero señalarlos a ellos únicamente. Cada uno tiene sus intereses y preferencias, pero todos los que se consideran amantes de la literatura deberían traspasar las barreras temáticas a la hora de apreciar y leer una obra. En España han triunfado en las últimas décadas la saga del Capitán Alatriste, ‘La Catedral del Mar’ y las obras de Julia Navarro, leídas por gente que no solo lee novelas históricas.

La dificultad del lenguaje puede ser una verdadera traba, pero asusta más a priori, pues durante la lectura no cuesta tanto de entender, aunque recomiendo leerlo con un diccionario cerca y, sobre todo, hacerlo con una lectura reposada. No es un libro para leer en el autobús, en una sala de espera o en un parque, sino más bien un libro de estudio, en mi opinión. Hay que entender que Cervantes vivió en el siglo XVI y principios del XVII, obviamente el lenguaje que usaba no es el mismo que tenemos ahora y muchas expresiones han cambiado. Pero ese mismo hecho es lo que hace especial la lectura de la obra, pues conoces muchos aspectos que muestran la evolución del castellano que resultan interesantes. Ese otro castellano hace más musical y especial la narración y aporta matices interesantes. Claro que, tantos matices echan para atrás a muchos potenciales lectores.

Personalmente he disfrutado hasta ahora conociendo expresiones que usaba Cervantes y observando evoluciones de algunas palabras. Por ejemplo, usaba la palabra “fermosura”, en lugar de “hermosura”, “della” por “de ella”, “decía mucho bien…”, “se dio cata de ello” por “se dio cuenta…” y un sin fin de ejemplos. También me ha sorprendido ver que usaba palabras que aún se usan coloquialmente en países de Latinoamérica, como “plática”, término para referirse a una conversación, muy usado en México. Y “machucar”, en lugar de “machacar”, que se dice en Cuba, por ejemplo. Además, en algunos momentos he encontrado que no cambiaba la o por u en enumeraciones (escribía frases del tipo “uno o otro…” por ejemplo), cosas de la época que ahora la ignorancia gramatical de la sociedad está recuperando, para daño visual de muchos.

En definitiva, no habrá mucha gente en España que reniegue de la importancia de las aventuras (o más bien dicho, desventuras) de Don Quijote y Sancho Panza, pero son pocos los que se animan a leerlo. Tal vez se ha saturado mucho en los colegios la grandiosidad del libro en lugar de fomentar su lectura, tal vez a la sociedad española no le interesa tanto la temática como se cree que debería. ¿Quién sabe? No voy a alabar las virtudes de la novela, pues ya se ha dicho todo sobre ella, pero sí que lamento que aún habiéndose escrito tanto sobre ella no todo el mundo decida darle una oportunidad, hacer ese esfuerzo (que realmente no es tanto) para sentarse y disfrutar con una de las mejores obras de la literatura universal, que a veces, como tantas pasa, está más valorada allende nuestras fronteras que dentro dellas.

Y para aportar mi granito de arena fomentando su lectura, dejo aquí un enlace para poder acceder a un pdf del primer libro. Más fácil imposible.

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Una historia que contar

Por: Pepe Ramos

Caía la noche en la llanura de La Mancha. A lomos de su caballo, en compañía de unos amigos Miguel de Cervantes volvía a Madrid, cuando sobre la luna llena que se vislumbraba en el horizonte se recortaba la silueta de dos hombres, uno alto y delgado montado a caballo, con una lanza; y otro bajito y regordete sobre un asno. Cervantes se giró hacia uno de sus amigos y preguntó:

-¿Quiénes son?

-Un loco y su sirviente- dijo uno de sus acompañantes.

-Se cree caballero- dijo otro entre risas.

-¿Y cómo se llama tan peculiar caballero?- preguntó de nuevo.

-Su nombre es Alonso Quijano, pero se hace llamar Don Quijote de la Mancha.

Nuevas risas.

Cervantes meditó un rato y dijo:

-Tal vez merezca que se escriba su historia…

Durante unos instantes reinó el silencio, que se rompió al unísono por las carcajadas de sus compañeros de viaje. Uno de ellos sentenció:

-No merece la pena, nadie la leería.

Imagen de Pixabay

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Molinos de vieno

Por: Pepe Ramos

El calor era sofocante, hacía tiempo que no escuchaba la narración de la guía turística que llevaba dos horas enseñándonos tierra y molinos. Decidí apoyar mi espalda en uno de ellos y sentarme.

               -Aquí fue donde El Quijote confundió los molinos con gigantes…

Cerré los ojos. Aquella agradable sombra bajo la que me cobijaba hizo que poco a poco me adormeciese…

Al despertar, encontré frente a mí, a un hombrecillo gordo, montado en un burro, y a otro alto y delgado sobre un caballo tan escuchimizado como él. Decían:

               -Pero no son gigantes, son molinos…

               -Son gigantes y ese el brujo que les ordena…

Dicho lo cual trotó hacia mí con la lanza apuntándome. Apenas tuve tiempo de moverme antes de que caballero y pica se estrellasen a escasos centímetros de mi cabeza.

Desperté sobresaltado, todo había sido un sueño, aunque tal vez el desconchón que encontré a menos de un palmo de mi cabeza pueda indicar lo contrario.

Imagen de pixabay

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