Vuelta

Por: Andrea Gómez

Estoy harta de escribir y no parar de borrar por el simple hecho de sentirte demasiado lejos como para que sigas formando parte de mis líneas.
Has dejado que las mismas manos que antes me acariciaban a mí, ahora le acaricien a ella, descubriendo un idioma que solo conocíamos nosotros, nuestro perfecto idioma.
Mis mañanas están ocupadas de tristes despertares, amaneceres recordándote y que al girarme encuentre tu sitio vacío, lleno de silencio demasiado ruidoso en mi mente.
No cierro los ojos por miedo a soñar contigo pero sufro al abrirlos porque te veo desaparecer; me blindas sueños amargos llenos de sonrisas que bailan al son de tus deseos, o de los míos, quién sabe.
Muchas noches intento contar las estrellas, pero me es imposible, porque les haces sombra, y es que incluso me has robado las rutas de los lugares a donde solía huir.
Recuerdo cuando me decías que las ojeras simplemente eran el reflejo de las noches en las que nos besábamos mucho y ahora mis ojeras son el reflejo de pensarte.
Estoy cansada de escribir mentiras creyendo que ocurrirán, cansada de seguir anclada en el lugar en el que dejamos nuestros sueños.
A pesar de todo, seguiré esperando esa casualidad, ese destino que en su día nos unió y que espero que vuelva a unirnos.
Por eso dejé mi corazón contigo, para que el día que me lo devuelvas, vengas con él.

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Yo te lo digo

Por: Yara Zemo
Tal vez tus manos no recuerden cómo se usan.
Tal vez tus ojos tengan la mirada rota.
Tal vez tus arrugas cuenten mil historias.
Tal vez tus labios no puedan contarlas.
Tal vez tus pies no sepan cómo moverse.

Y aunque así sea, yo recordaré contigo.

Guiaré tus manos y tus pies.
Veré el brillo de tus ojos al verme.
Saborearé los momentos contigo.
Recordaré todo aquello que tú olvidaste.

Tal vez no sepas mi nombre,
no te preocupes,
yo te lo digo.

Imagen de Pixabay

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