Me estás matando

Por: Loreto Liz (Lilith)

Imagen de pixabay

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Haz algo, porque me estás matando…
no vas a entender mis palabras,
ni mis peligros, mi dolor, mi angustia,
seguro que estarás pensando que exagero,
pero si sigues así vas a matarme…
a matar el brillo en mis ojos cuando hablamos,
a matar mis dedos ligeros para atenderte,
a matar las risas tontas en las madrugadas…
Te extraño y seguirte esperando,
eso, también me está matando…
sueles decirme loca y creo que aciertas,
me vacío y me termino envolviendo
en la locura de no saber
si debo insistir, si debo abandonar,
abandonarte, abandonar la idea
de que me sigas queriendo…

Vete

Por: Loreto Liz (Lilith)

Lo conseguiste, vete tranquilo,
ya he pasado un día entero pensando en ti.
Con un descaro que ya no nos corresponde
vienes hasta mi casa y cantas bajo mi ventana
canciones con trampa y pedazos de ti.

Te olvidé ya hace tanto que no recuerdo ni cómo sonabas al reír.
Ya he cantado sola muchas veces.

Vete, no quiero escuchar todo lo que de ti me gustaba
Subí llena de arañazos de vuelta a la vida
desde tu infierno, un sitio frío, triste y vacío de ti.

Me hiciste prometerte amaneceres,
café caliente y sopas de ajo…

Me diste vino amargo y me juraste
que era sangre derramada
y no vinagre…

Tardé mucho tiempo en barrer
las pieles muertas de tus cantes,
los restos secos
de lo que ya nunca sería
lo que fue antes…

Que me encontraba de frente
mis propios ojos observando
mi pelo triste, mis manos muertas,
mi boca de lija y de carbón…

No quiero nada de aquello,
porque te fuiste con todo
y me dejaste una nada raquítica
que al final lo llenó todo,
todo, todo…

No pude quedarme nada de ti,
y lo que encontré en algún rincón
fue a parar donde guardo
la desidia, el hastío y el sinvivir .

Y ahora vienes a cantar de madrugada…
Vete,
hoy soy yo quien no te quiere oír.

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Fuego

Por: Loreto Liz (Lilith)

Le he dicho a la palma de mis manos
que no esperen tu regreso,
que se olviden del roce con tu cuerpo.
Le he comunicado a mis caderas
que ya no nadarán al ritmo de tus olas.
Le he contado a mi pelo un cuento
para que se vaya a dormir
y no espere que vengan tus dedos a peinarlo.
Le he explicado a mis oídos
porqué no deben esperar vibrar con el sonido de tu voz.
He convencido a mis ojos
de que hay otros paisajes para ver
a parte de tu espalda a contraluz sobre mi cama.
He mentido a la punta de mis dedos
al decirle que hay otros labios que acariciar.
Mi cabeza ha intentado explicarle a mi alma
porqué hay que dejar de esperarte.
Y mi corazón el más rebelde de todos
se ha encarado contra mi razón,
como pasa casi siempre y le ha dado a mi cuerpo entero
la orden de disparar a mi cabeza si te ven aparecer.

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