En nombre del amor

Por: Conxita Casamitjana

Envíame un mensaje cuando llegues.

Al principio le había parecido precioso que se preocupara tanto. Había tanto cariño en sus gestos. Ni una duda, ni una vacilación. No requería ningún esfuerzo, no le costaba nada. Era fácil hacer que el otro estuviera tranquilo. Se querían tanto. Estaban tan enamorados.

Se acostumbró a informar. Empezó cuando llegaba a la oficina, salía para casa o a donde fuera ese día y después de cada paso que daba. Cada situación de su vida, tenía un mensaje o una llamada.

Se añadió la preocupación, cuando había una cena, ir al cine o quedar con los amigos y no asistían ambos. Casi sin salir ya había un compromiso de no tardar.

Te esperaré sin dormir.

Y era fácil. No costaba tanto llegar pronto, no le molestaba. Se sentía bien. Se adoraban.  El desvelo y el amor en cada mensaje, en cada palabra. Estaban tan unidos, todos se daban cuenta. Rechazaba cualquier comentario que no fuera lo mucho que se querían. Cuando hay amor, es natural ese interés por la otra persona, cuidar y preocuparse por el otro. Era bonito sentirse así de estimado.

—¿A qué hueles?

También se añadió esa pregunta y esa, quizá ya le molestaba más. Ese humeo desconfiado al llegar a casa. Justificar el humo, el perfume o cualquier olor que hubiera en el restaurante y que se le hubiera pegado. No le gustaba, pero era su manera de amar. En el fondo sabía que odiaba esa humillación al sufrir una inspección en toda regla. Había empezado a adorar los sitios cutres con olor a fritanga.

Se fueron terminando las salidas sin el otro, cuando se ama se comparte todo. Nada tiene sentido sin la otra persona. ¿Por qué salir solos? ¿Por qué tener amigos distintos? ¿Por qué ir de compras, al cine o vivir momentos con otros?

Se acostumbró a tener su móvil siempre a la vista. Su correo electrónico más público que nunca. Nada que esconder. Sabía en cada momento lo que estaba haciendo y con quién estaba. Antes de salir, antes de marchar, cuando iba a comer, cuando volvía. Imposible olvidarse, el resultado eran malas caras, silencio y lágrimas.

No conseguía recordar cuándo dejó de verlo hermoso. Se tornó insoportable, se asfixiaba en una red invisible de preocupación, cariño y amor. Esa telaraña, cada vez más espesa, más paralizante, imposible escapar. Costaba darse cuenta. Adoración, querer, estima y en nombre de todo eso, el derecho a sentirse propietario del otro.

—Envíame un mensaje cuando llegues.

Y dijo basta. No más preocupación, no más control, no más celos, no más obsesión. Aquello no era amor ni la vida que quería.

Y acabó.
Y se lo dijo.
Y la dejó.
Y no tuvo miedo.
Y no pasó nada…
Porque él era un hombre.

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Hora de partir

Por: Crono Axel

– ¿y si hace frío?
– Prometo que no será así.
– ¿Y si me siento solo?
– No sentirás frio ni hambre. El estar solo, no será un problema.
– Tengo miedo.
– No tienes de que temer.
– Quiero volver.
– Ya terminó tu tiempo.
– Y, mi familia, mis amigos, ¿qué, que será de ellos?
– En algún momento vendré por ellos. También su tiempo va a acabar…
– ¿Sabes mi nombre?
– No hace falta, te conozco desde que llegaste al mundo.
– Sabía que vendrías, creo saber adónde nos lleva esto…   sólo te pido un favor.
– No estoy en disposición de cumplir deseos.
– Créeme, no será difícil para ti.
– Esta bien, ¿De qué se trata?
– Tarda todo lo posible en venir a por mi hija, aún es muy inocente. Deja que sepa que tú no eres tan malo.

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La última copa

Por: Pepe Ramos

Apoyado en la barra del bar, saboreando mi última copa, un güisqui con hielo, bien cargado. Me rodea el ruido de la gente, de la cháchara sin sentido de los bebedores y de los jugadores de póker, también el humo de los cigarros y los puros que fuman sin parar. Ni siquiera me he girado para recriminarles las sandeces que dicen, hoy no tengo ganas de pelea, ni de broncas. Mi mujer me ha dejado y ya nada tiene sentido.

Apuro el último trago, arrojo un billete de diez dólares y me marcho, mi próximo destino: el puente, mi objetivo, tirarme. Abandono el local con las manos en los bolsillos, silbando, encaminándome inexorable hacia mi final.

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