Me tenías

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Por: Loreto Liz (Lilith)

Me tuviste esperando
como un crío la noche de Reyes.
Me tenías ansiando y deseando
una sonrisa brillante, leve.
Me dejaste en un suspiro
derramada, estúpida y un poco triste.
Fui a verte y esa noche de calor, de ansia y de arte,
me tuviste, me tenías, me dejaste…

Este tiempo me sirvió

Por: M. Hernandra

Este tiempo me sirvió para aprender, que a veces, en cuestiones amorosas es mejor no esperar nada de nadie, porque hacerlo supone que puede que un día te defrauden, y es que me doy cuenta de que la gente miente, mienten sobre lo que quieren, sobre lo que sienten e incluso hasta de lo que hacen. Supongo que cada uno crece con sus ideales y tienen cada uno opción a hacer y deshacer como le plazca, pero me encontré en una época en la que el hombre finge buscar amor cuando quieren sexo y las mujeres fingen buscar sexo para encontrar el amor. Parece el mundo al revés pero esto es totalmente cierto. Y seguro que generalmente todavía hay quien busca el amor, pero también están los que prefieren disfrutar del momento y ni saben ni quieren saber nada sobre él.

Yo creo que las relaciones deberían basarse en cosas más simples, en encontrar alguien que para ti sea especial, y dar, porque en eso consiste el amor también, en dar más de lo que recibes, ser capaz de mirar por la otra persona a la hora de actuar, no pido que nadie muera o viva para mí, solo que desee compartir los momentos más importantes del camino a recorrer conmigo, que no haya nada de promesas que no se cumplan o de recibir excusas que en primer momento decían llamarse “miedo”. Pero sobre todo yo querría a alguien que sobre todo me mostrase su sinceridad, porque eso, eso es de lo que menos queda hoy en este mundo. A los que encontraron el amor rápido los felicito, muchos no saben la suerte que corren.

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Pasa el tiempo

Por: Loreto Liz (Lilith)

Volviste a mí con la segunda luna llena del otoño.
Te instalaste en la azotea y pasabas las noches
contemplando las estrellas.
Yo buscaba mis respuestas, tú preguntabas,
preguntabas cómo es todo.
Yo te dije que soñar es como contarse a uno mismo
historias que aún no se conocen,
tú quisiste desvelar el final de aquel sueño
antes de que se acabara enero.
Pero te fuiste otra vez
y se me helaron en la sangre
los cortos días de febrero.
Y me quedé partida en dos,
y me rompí en mil pedazos,
estallé en silencio,
me deshice por ti…
Tal vez tenga que esperar flotando en el viento
a que marzo me lleve
hasta la primera luna nueva de la primavera.
Así que ya ves, se pasan los años y yo te espero.

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Esperando

Por: Tery Logan

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Esperé sentado.
¿Cuánto y por qué tardarías?
Y esperé esperando, de la forma en que sólo sé,
Bajo el cielo. Noches y días.
Esperé sin esperar, y me consumía,
gritando ¿dónde estás? y si vendrías…
Y caí agotado, rendido,
esperando que estuvieras a mi lado,
amado tren mío.

Promesa – Parte III

Por: Juss Kadar

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Capítulo 9

Mentira

Cuando salí del baño, cogí mi ropa, me vestí rápidamente y me marché sin dar ninguna explicación.

Me pasé todo el camino diciéndome a mí misma que era tonta. Mi cabeza era un auténtico laberinto. No sabía cuál era la salida a mi problema. Primero, me había gustado acostarme con Asier, porque todo hay que decirlo, el chico se sabía mover muy bien en la cama. Pero (siempre hay un pero) en el fondo, no me sentía orgullosa de dicha acción. Segundo, él me gustaba. Sí, ese acto intimo me dejó algo tocada. No quería que Asier fuera alguien pasajero, eso me haría sentirme usada. Necesitaba que él me volviera a llamar y me prestara atención, una atención que le haría volver a entre mis piernas. ¿Sería capaz de volver a acostarme con él antes de la boda? Hombre, a mi me gustaría. Era contradictorio, apenas soy capaz de contároslo sin que parezca una loca y una egocéntrica.

Al llegar a casa, miré el reloj, era temprano. Entré despacio, sin hacer demasiado ruido. Subí las escaleras, y antes de entrar en mi cuarto, sonó mi móvil. Escuché un ruido. Jena salió de su cuarto rápidamente, como si me estuviera esperando y me dio una buena ostia en la cara que hizo que girara la cabeza.

-¡Te odio!- me dio otra.

-¡¡Jena!!

-¿Pero de qué vas?

-¿Me tomas el pelo?- me tapé la cara con las manos, temerosa de que me volviera a pegar.

-No me lo creo.- se echó a llorar.- Asier…

-Jena, lo siento mucho. Yo…

-¿Qué excusa me vas a poner?- se sentó en el suelo.

-Él no quería. Bueno…- dudé.

Me sentí como una mierda.

Vi a mi hermana destrozada, limpiándose las lágrimas con las mangas del pijama. De verdad estaba dolida, había sido un palo demasiado grande para ella y no se lo esperaba. Me agaché a su lado y le pasé el brazo por encima de los hombros.

-Jena, no ha pasado nada.- tragué saliva.- Era una broma.

-¿Una broma?- me miró con los ojos rojos.- ¿Una broma? ¡¿Una broma?!

-Bueno, quería ver como reaccionabas.- solté una carcajada.-Como ves, Asier es lo mejor que te vas a encontrar en la vida.

Recibí otro tortazo en la cara, esta vez Jena me miró con odio.

-¿Cómo he podido confiar en ti? Eres horrible. ¡Horrible!- cogió aire.- ¿Cómo puedes jugar así con los sentimientos de alguien de tu sangre? Y aunque no lo fuera, Asier es mi novio y…

-No quiero seguir con esto.- me levanté.- Entendería que no quisieras llevarme a la boda.

Jena no contestó y se sorbió la nariz.

-¿Te gusta Asier?- sonrió.- Sí, seguro que sí.

-¡No digas tonterías!

-Desde que me comprometí con él no has parado de buscar excusas para no ir a la boda. Pues no te daré ese gusto. Me vengaré de tu broma obligándote a ver cómo me llevo a Asier a mi terreno.

-Eso no me hace sufrir. No estoy enamorada de Asier. No es tan irresistible.

Jena sonrió y se mordió el labio.

-Te voy a joder, Sigrid.

Sinceramente, cuando me quedé sola en ese pasillo, con el móvil en la mano y el corazón roto… bueno… pues… quise desaparecer.

Capítulo 10

Lastima

     Los días se me hicieron muy largos, vacíos y monótonos.

Asier me llamaba por teléfono y yo hacía cualquier cosa por ir a verle. Lo hacíamos en cualquier sitio, en su coche, en un hotel, incluso en mi propia cama cuando Jena y mis padres se iban a hacer la compra. Me estaba acostumbrando a su piel, a su manera de mirarme, a sus sonrisas. Realmente, y me avergüenzo de decirlo, pero me estaba enganchando a él según pasaba el tiempo.

En algún momento pensé que él querría algo conmigo más allá del juego.

Sus manos viajaban por mi espalda, por mi pecho, por mis muslos. Su boca buscaba mis rincones más ocultos, oh dios, me rendía ante el placer.

Recordaba nuestros encuentros una y otra vez mientras comía con mi hermana. Quizás disfrutaba torturándome, porque mi pensamiento me llevaba a Asier, pero la realidad lo alejaba de mí. La persona que tenía delante se lo acabaría llevando al altar con el mínimo esfuerzo. ¿Qué le había demostrado ella? Nada, absolutamente nada. Sólo le había causado problemas, o eso pensaba yo.

Bueno, tampoco penséis que soy la típica atontada que acabado prendada de un tipo que la maneja como quiere. Eso es muy común. No, quizás mi caso no es exactamente así… ¿Que cuál es la diferencia? Pues… eh… es complicado, porque eso no lo busqué yo, y además…

-Creo que voy a plantar a tu hermana por ti.

-¿Estás de coña?

Asier y yo estábamos comiendo al aire libre en una terraza céntrica de la ciudad. Su frase me pilló por sorpresa.

-Sí, bueno… me lo estoy pasando bien.- se estiró. -Bastante bien.- resaltó.- Pero tenemos que resolver algo antes.

-¿El qué?

-Me he estado viendo con otra mujer, se llama Keira.

-Anda ya.- solté una risotada.

Asier se puso serio, me miró de esa manera que hacía que me quedará casi sin palabras.

-Pensaba que eras liberal, a fin de cuentas no te ha importado acostarte conmigo siendo tu futuro cuñado.

-No es lo mismo.

-No es lo mismo cuando te conviene, Sigrid. Que yo sepa no tengo por qué serte fiel, no eres nada mío.

-Entonces me estás engañando al decirme que vas a dejar a Jena por mí. Si ocurre eso, quiero que seas mi pareja y no un polvo ocasional.- murmuré, enfadada.

-No se puede tener todo en esta vida.

-Eres un gilipollas.

-Tú me enseñaste el camino. Me diste las pautas para perder el control, pero cuando todo eso se vuelve en tu “contra”, no te conviene.- hizo el signo de las comillas con los dedos-   ¿Quién me dice a mí que tú no has ido con otros? Ya que soy infiel a Jena, no te voy a ser fiel a ti, es una contradicción.

-Entonces no la plantas por mí, sino por la diversión que ella te puede arrebatar en cuanto des el “sí, quiero”.- me crucé de brazos.- Estoy flipando, sinceramente, no me lo creo. Para un tío que pensaba que se había dignado a hacerme caso y va…- me di cuenta de que estaba hablando en voz alta.- ¿No has sentido nada por mí?

Asier dudó unos segundos.

-Lástima. En realidad siento lástima de ti y de Jena.- me acarició el rostro.

-No me creo que no hayas sentido nada…

-Siéntete ganadora, me quiero quedar con la vida que tú me ofreces. Podremos vernos, follar y quién sabe…

Sí, vale, decidlo claramente. Asier era un cabrón y yo una payasa. ¿Por qué le hice caso a Jena?

-Sigrid.- tragó saliva.- Sé lo de vuestra promesa.

Capítulo 11

Abrazo

Aquel vestido de seda negro era precioso.

Me miré en el espejo de mi habitación mientras Jena se arreglaba en el salón de casa. Se escuchaban sus gritos de histérica, “maquillaje”, “las medias”, y eso desde las nueve de la mañana, era insoportable.

Me toqué los hombros y estiré el cuello hacia atrás. Tenía un buen peso sobre los hombros. Asier había averiguado, no sé muy bien cómo, lo que Jena y yo nos traíamos entre manos: La promesa.

Antes de que mi hermana se comprometiera, me dijo que intentara seducir a su futuro marido, para que ella comprobara que era el adecuado y que no le fallaría cuando estuvieran casados. A mí al principio me pareció horrible, pero claro, luego al ver a Asier tan agraciado, pues bueno, se puede decir que no puse muchos reparos.

Realmente me hubiera cabreado que Asier no se acostara conmigo, pero por otro lado pensaba en Jena. Total, que acababa siendo un mar de contradicciones y no sabía qué hacer. Al final él no opuso resistencia. Quizás, si sabía lo de la promesa, nuestros encuentros sexuales los provocaba para que yo se lo dijera a mi hermana y darle un escarmiento. En cierta manera, Jena estaba siendo muy injusta con él, le había puesto a prueba sin ninguna necesidad. ¿Para qué estaba la confianza? Por Dios, lo pensé desde un primer momento, esa era la base de la pareja.

Total que como relaté anteriormente, visteis que me rajé como una idiota y por no hacer daño a Jena le dije que no pasó nada. Joder, si es que reaccionó como una puta loca. ¿Qué esperaba? Donde las dan las toman. No puedes ser la víctima cuando has juzgado a tu futuro marido.

El perjudicado fue Asier.

Bueno, algunos le veréis como un cabrón, pero poneros por un instante en su lugar. La hermana de su prometida le tira los trastos con consentimiento. Al enterarse de esa traición y al ver que no confiaban en él sin dar motivos, se tuvo que sentir como una mierda. Le tuvo que doler que quien pensaba que era la mujer de su vida, le ponía a prueba porque sí. Él lo único que hizo, fue vengarse. ¿No quieres infidelidad? pues toma dos tazas.

Ahora no sabía si se presentaría a la boda.

Por mi parte no habíamos quedado muy bien, o eso suponía… no lo tenía claro, pero sí que me hubiera gustado volver a acostarme con él. Asier me gustaba, me gustaba y mucho, joder.

No debería haberle prometido nada a Jena.

Me fui a la iglesia andando yo sola.

Mi hermana seguía enfadada conmigo, totalmente absurdo, pero no esperaba mucho de la capacidad mental de Jena. Lo único bueno que había hecho en la vida era haber conocido a Asier.

Era mi hermana, la quería y me gustaría que fuera feliz, pero cuanto menos me tocara los huevos, mejor. Si es que era tonta ¿Por qué tuve que escuchar su estúpido plan de “poner a prueba a mi prometido”? Sabía que me iba a buscar la ruina pero… Ay, la familia, ese apasionante mundo.

En la puerta de la iglesia, me encontré a Asier. Estaba apoyado en un coche, fumando un cigarrillo. Le miré, me miró y me dio permiso para acercarme a él. Le di un fuerte abrazo mientras su madre nos miraba. Qué bien olía y que guapo se había puesto.

-Vamos a hablar en un lugar más discreto.

Me llevó a una pequeño parque con lago que había al lado de la iglesia. Me dio otro abrazo, apoyó la cabeza en mi hombro y me besó el cuello. No quería separarse, quizás porque no volveríamos a tener jamás un momento así.

-Me alegro de que hayas venido.- murmuré apartándome de él y conteniendo las lagrimas, mostrando una gran sonrisa.- ¿Y la otra mujer? ¿La has dejado?

-La otra mujer no existe. Quería ver como reaccionabas.

Fruncí el ceño.

-En realidad la otra sería para ti tu propia hermana.- tragó saliva.- Tú y yo hemos intimado mucho y al final… pues… nos gustamos…- se pasó la mano por el cabello.

Nos gustamos. Había sido correspondida, entonces sus  gemidos en la cama  no fueron fingidos.

-Al principio todo era por venganza.- continuó.- Después… te vi de otro modo. Pero no me quería meter en otra relación agobiante y claro, estoy comprometido. En tres horas estaré casado… – dudó- ¿Tú qué has pensado?

Miré al suelo y tragué saliva.

-Aunque me encantaría estar contigo…- suspiré.- Jena te quiere. Vale, ha cometido un error garrafal, pero es porque es medio tonta y está muy enamorada. Tú también la quieres.

Asintió. Eso me dolió.

-No puedes dejarla plantada sin darle una explicación. Está en tu mano decidir tu futuro, pero antes habla con ella.

-No tengo nada claro. No sentía lástima ni de Jena ni de ti, estaba cabreado. – suspiró al escuchar las campanas de la iglesia.- Quiero volver a encontrarme contigo, pero no así… Créeme, he pasado una noche horrible, analizando mis sentimientos.

-Te puedo hacer una promesa, si te quedas más tranquilo.

Asier me dio un fuerte abrazo y un bonito beso en los labios.

Capítulo 12

Dead promises

    Me senté en uno de los bancos de la iglesia y vi a Asier en el altar, estaba impecable. Su madre estaba llorando y su padre levantaba el dedo pulgar.

No sabía qué haría Asier, pero mi promesa estaba en el aire y él la había aceptado. Lo único que tenía claro es que si se casaba, lo haría para hacer feliz a Jena.

El amor tiene caminos que la propia razón desconoce, o eso dicen. Allí estaba yo, muerta de envidia y más nerviosa que la novia. Las cosas debían ser como todos esperaban ¿No?

Seamos realistas, Asier no iba a dejar a mi hermana plantada delante de todo el mundo, no era tan hijo de puta.

En el fondo de mi corazón deseaba que dijera la verdad a Jena y que ella le dejara, pero él no iba a confesar la infidelidad por miedo a represalias. Bueno, en realidad no sabía por qué no lo decía, pero imaginaba que sería por eso, porque no le hicieran sentirse culpable. El orgullo le recorría todo su cuerpo.

Mi hermana entró en escena y Asier me miró durante unos segundos.

Bajé la mirada, me sentía muy incómoda. Ya no era el hecho de imaginármelo sobre mi cuerpo, acariciando mis pechos, penetrándome mientras gemía en mi oreja, no, no era eso. Es que ambos queríamos más, más y más, hasta que nuestros cuerpos se fundieran.

Lo que pude entender, es que Asier no quería tener una relación más allá de la que tenía con Jena. Era complicado y ambos habíamos entendido que no se podía tener todo en esta vida.

No quiero decir que la mala de la película fuera Jena, pero ella nos había metido en ese lío.

Se dieron el “sí, quiero” entre aplausos.

Qué final tan feliz….

Y UNA MIERDA

Los finales felices no existen. ¿Qué pensabais? ¿Que él se iría con Jena y luego volvería conmigo? No, Asier no era así.

La boda fue preciosa y muy especial para mi hermana.

Su gran día no tuvo ninguna pega, salió tan perfecto que daba hasta asco. Ella de vez en cuando me miraba con desprecio, haciéndome sentir como una mierda. Parecía decirme con la mirada “yo lo he conseguido, tú morirás sola”. Tenía tantas ganas de que ese día terminara.

Sobre las cuatro de la mañana, cuando hasta mi madre estaba borracha y la gente empezaba a bailar el Paquito chocolatero, Asier me llevó al baño y allí nos despedimos con… un suave beso en los labios. Bueno, me toqueteó un poco también, pero todo lo hizo muy despacio y eso me puso más roja que la bebida. Nos deseamos suerte y me dijo que cumpliría su promesa.

Han pasado unos cinco años y no había vuelto a ver a Asier, hasta esa mañana, cuando tuve que llevar un pedido a su casa. Al principio pensé que sólo estarían sus padres, pero me recibió él.

La vida dio un giro radical justo al día siguiente de la boda.

Asier dejó a mi hermana, echándole en cara que una relación se basaba en la confianza y que aunque no quería aguarle su boda, ya sabía que no quería estar con ella cuando se enteró del plan que teníamos ella y yo. Lógico, pero inesperado para Jena, la cual se sumió en una gran depresión.

No me alegré por su desgracia, pero en parte se lo tenía merecido. Ya está bien, no os preocupéis, empezó con otro chico, se fue a vivir con él y espera su primer hijo. Aplausos, aplausos.

Yo me puse a trabajar en mil y una cosas, hasta que encontré mi sitio en una empresa de comida a domicilio, estoy tranquila y gano un poco para mis caprichos.

Me sorprendí al llevar un pedido a casa de los padres de Asier, pero más de piedra me quedé al verle a él.

-Hola Sigrid.- me saludó con una sonrisa y me cogió la bolsa con la comida. No pude articular palabra.- Ha pasado mucho tiempo ¿Verdad?

No hace falta decir que, cuando dejó a Jena, yo no volví a saber nada de él tampoco. Nos dio un escarmiento a las dos por igual.

-Te he llamado porque bueno… nos hicimos una promesa. La promesa de que algún día volveríamos a sentirnos tan bien como cuando nos acostábamos, sin preocupaciones ni imposiciones.

Noté como la boca se me secaba.

-¿Quieres volver a estar conmigo así?- me preguntó acariciándome el rostro.

-¿Sin ser pareja? Eso no es lo que prometimos.

-Prometimos que volveríamos a estar juntos, no dijimos si como amigos o como pareja. Deja que eso lo decida el tiempo. ¿Acaso quieres romper el trato?

Y aquí estoy, pensando una respuesta. Y aquí está Asier, detrás de mí, tumbado en la cama de un hotel. Esperándome…

Siempre hay que cumplir las promesas.

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Promesa – Parte II

Por: Juss Kadar

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Capítulo 4

El traje

    Estuve una semana sin saber nada de Asier. Tampoco le eché de menos. De momento no era tan fundamental en mi vida.

Jena iba de un lado a otro, preparando todo para la boda. No había ni un solo día que no hablara sobre su día especial y a mí me ponía la cabeza como un bombo. ¿Tan importante era casarse? Sus padres se iban a gastar un pastón en una celebración del amor, y lo siento mucho, pero no veía ningún tipo de pasión entre ellos dos. Imaginaba la foto de su enlace presidiendo el salón de su futura casa. Los dos con cara de “nos casamos porque es lo normal en las parejas que llevan tiempo juntas”. Escupía sobre esas convicciones sociales tan anticuadas.

-Podrías cambiar un poco esa cara de pasa.- dijo Jena en medio de una comida. Mi madre y ella estaban hablando de las flores que elegirían para el ramo. Mi padre estaba ausente, como siempre.

-¿Por qué?

-Desde que te enteraste de lo de la boda no has sonreído ni un poquito. ¿No te hace ilusión? Va a ser mi día. Cuando sea el tuyo, prometo que…

-No te esfuerces, no me pienso casar. ¿Para qué? No quiero ser el centro de atención, y mucho menos gastar un pastón semejante para que todo se quede en un día. Prefiero irme a visitar Punta Cana un mes.

-No te enfades Jena, ya sabes que tu hermana siempre ha sido un poco… especial.- intentó suavizar mi madre.

-Lo sé.- me guiñó un ojo.- Es especial y tiene sus cosas. Espero que según pasen los años se le endulce un poco el carácter. Por cierto, Asier irá esta semana a por el traje de novio- cambió de tema radicalmente.- Me muero de ganas de verle tan…

-Asier es un caballero, estará estupendo.

Se me erizó el pelo de los brazos.

Asier con traje, con el pelo repeinado, con esos ojos azules mirando a mi hermana en el altar. Maldita sea, me ponía mala. No quería arruinarles la boda ni nada por el estilo… o al menos eso creía. No me veía tan mala persona.

Al terminar de comer, sonó el timbre. Vaya, qué oportuno. Nadie esperaba visita.

Al abrir la puerta, vi a Asier vestido con un traje negro y una corbata a juego. Cuando me vio, carraspeó y se puso las manos tras la espalda. Sonreí.

Acababa de aparecer vestido tal y como me lo estaba imaginando en mi cabeza. No es que mi futuro cuñado fuera especialmente arrebatador, era atractivo y eso es más importante que ser guapo.

-¿De qué te ríes?

-La boda es dentro de un año.

-Sigrid, vengo de trabajar.- dijo, pasando y apartándome con el cuerpo.- Vengo a ver a… bueno, he venido a…

-Después de darte un paseo por mi cabeza ¿No?

-No me jodas Sigrid.- puso cara de haber visto un fantasma.

-No, no tienes tanto poder de seducción. ¿Cómo voy a estar enamorada de ti? ¿Estamos locos?

Se pasó la lengua por el labio inferior y miró a los lados, seguramente para comprobar que no había nadie cerca.

-Me quieres besar.- murmuré agarrándole el dedo meñique.

Nos quedamos un momento mirándonos, fijamente, intentando derrotar el orgullo del otro.

-¡Cariño!-gritó Jena. Pegué un brinco. ¿De dónde coño había salido?

Asier me besó la mano rápidamente. Me aparté de él, no esperaba aquel gesto.

-¿Ves? te lo dije, es un caballero.- murmuró mi madre detrás de mi hermana.

-Venía a buscar a Sigrid. Bueno… iba… a ir a por el traje del novio, y como no tengo ninguna mujer que me asesore aparte de mi madre…- se inventó sobre la marcha.

-En realidad conoces a muchas chicas.- dudó Jena, entrecerrando los ojos.- No entiendo…

-Creo que tu hermana prefiere estar con los chicos antes de que la agobien en una tienda de novias con la pregunta del millón.- dijo y esperó unos segundos.- La de… ¿Para cuándo la tuya? Sigrid está un poco agobiada con el tema, ya sabes, se siente…- movió los ojos rápidamente.- agobiada. ¿No lo has notado? Bueno, nos dimos los teléfonos y me lo comentó en confianza. ¿Te parece bien?

Un consejo: cuando nadie te pide explicaciones, no las des, porque se nota que las mentiras salen precipitadas de tu boca. Asier había repetido tres veces “agobio”, creo que el que estaba “agobiado” era él.

-Llévate a Sigrid.- dijo Jena, no muy convencida.

-¿Puedo ir yo también?- gritó mi madre, loca de contenta.

-Eh…- Asier me miró buscando una excusa. Sonreí.

-Ese traje es fabuloso.- aplaudió mi madre.

Llevábamos media hora en esa tienda y ya comenzaba a estar un poco cansada.

De haber sabido que Asier era un tipo indeciso, me hubiera quedado en casa. ¿Por qué fui? Obvio, porque la situación me parecía ultra morbosa.

-Es estupendo.- comentó la madre de Asier.

Estaba sentada en un sofá con cuatro mujeres, mientras que otras dos de la tienda ayudaban a Asier a elegir un traje. Teníamos el sitio para nosotros solos, ya que además era un sitio bastante caro.

Me sentía totalmente fuera de lugar, y lo que más me mosqueaba es que al final había venido todo un grupo de personas desconocidas para mí. Por un momento pensé que él me había llevado allí para que viera con más claridad que se iba a casar y que entre nosotros no habría nada nunca. Sí, era una lección en toda regla.

-¿Qué opinas Sigrid?- me preguntó mientras se ajustaba la corbata.

-Que estarías mejor desnudo.- dije. Las mujeres soltaron una exclamación.- Quiero decir… que ninguno te favorece y llevamos aquí un buen rato.

Al final todas asintieron. Que hipócritas.

-Os invito a un café mientras ayudo a Asier a no arruinar el día de Jena con ese horrible estilismo.- dije mostrando un billete de veinte euros a las mujeres.

Mi madre lo cogió encantada y al final convenció a las demás para que se tomaran un descanso. Joder, cuantas ganas tenía de quitármelas de encima.

Cuando las vi salir de la tienda, me acerqué a Asier y las otras dos chicas fueron a buscar otro traje para el novio.

Él sonrió y me revolvió el cabello.

Capítulo 5

Despacio

    Se quitó la chaqueta del traje y la dejó cuidadosamente encima de una de las sillas. Me alejé un poco de él, pero su brazo me volvió a atraer hacia su cuerpo. Me apartó el cabello del rostro y juntó sus labios con los míos.

Fue un beso rápido, supongo que no quería llamar demasiado la atención. Pero yo necesitaba algo más. Maldita sea, no me gustaba quedarme a medias.

Asier sonrió, como si le hiciera gracia ponerle los cuernos a su novia. Mierda. ¿Por qué me venían esas ideas a la cabeza en un momento como este?

Hacia un rato deseaba poseerle en mitad de la tienda, y ahora mi mente se dedicaba a divagar sobre la moralidad. ¿En serio?

Cogí un vaso de agua que había en una mesita y me mojé los labios.

-Siento incomodarte de esta manera, pero debes de admitir que empezaste tú.

-No me siento incómoda.- le agarré la mano y miré a todos los lados. Me puse de puntillas y le di otro beso.

Pasados unos minutos, las dependientas se pusieron a hablar de sus cosas y nos ignoraron.

Ahora o nunca. Si no lo hacía, me arrepentiría toda la vida. Le puse las manos en el pecho y le empujé hasta el probador.

Cerré la cortina y le obligué a que se pusiera a mi altura. Su respiración era acelerada. Seguro que con Jena no había hecho nada parecido. A este chico le hacía falta una buena dosis de adrenalina, y aquí Sigrid se la iba a dar en bandeja.

-Desnúdate.- le ordené.

Asier mostró una sonrisa perversa cuando me alejé de él para contemplarle. Se desabrochó los botones de la camisa, despacio. Se lo tomaba con calma, quería impacientarme y que yo perdiera el control.

Cuando llegó al último, se apartó la tela y mostró su cuerpo. No era el típico “cachas”, no tenía tampoco barriguita, pero se notaba que se cuidaba, además estaba totalmente depilado.

Bueno, tampoco es que me importara demasiado el físico, quiero decir, lo que me mataba de Asier no era su cuerpo, ni su cara cuadrada, eran sus ojos y su mirada que parecía quitarme toda la ropa. En cuanto le conocí y me miró, supe que ese hombre me iba a traer muchos problemas. Como, por ejemplo, este.

-¿Asier?- preguntó mi madre al otro lado.

¡Mierda! ¿Tan despacio se había quitado la camisa?

Vi una mano agarrando la tela del probador y me temí lo peor.

Asier me abrazó con una mano y con la otra cerró la cortina.

-¡Ah! Pensaba que estabas en otro sitio.

-¿Dónde iba a estar, Regina? Por favor, no pase, estoy desnudo.

 Unos segundos de silencio.

-Todas estamos aquí fuera deseosas de ver el modelito que has elegido.

-Se han tomado muy rápido el café.- protestó Asier.

-Pues claro que sí.- dijo la madre de mi futuro cuñado.- No íbamos a estar de cháchara. Hemos venido a lo que hemos venido. Por cierto ¿Y Sigrid?

Asier me dio un beso en la frente que no me esperaba. Fue tan protector y a la vez tan lejano…

-Pues… no sé, se habrá ido por ahí. Ya sabéis cómo es.

-Oye…-murmuré en su oído.

Me besó de nuevo en los labios, se recreó para ser más exactos. La situación le estaba poniendo a tono. ¿Pero con qué clase de pervertido se había comprometido Jena?

-Te vas a quedar un buen rato en el probador, pero quiero que quedemos esta noche para ir a tomar algo al local Arik ¿Te hace?- susurró en mi oído antes de salir.

No asentí, pero él sabía que iría.

Estaba caminando hacia el sitio donde habíamos quedado.

Sí que me pasé un buen rato en el probador, por lo menos calculé unas dos horas. Al menos el pesado de Asier logró llevarse el traje de novio. Mierda, y yo me lo había perdido por pervertida. Ahora tendría que esperar a la boda para verle con él puesto, si es que se llegaba a celebrar dicho enlace.

Mi misión esa noche con él sería dejarme de medias tintas y llevármelo a la cama. Lo que pasara después… no estaba en mis manos.

De repente, el móvil vibró en mi bolsillo, tragué saliva y contesté.

-Dime Jena.- pregunté a la vez que divisaba a Asier sentado en la terraza del local Arik.

Capítulo 6

Preguntas

Le di dos besos a Asier y me senté frente a él. Era un poco tonta, podría haberle comido la boca, pero después de haber hablado con mi hermana no me parecía lo más correcto. Sí, en definitiva, era tonta.

-¿Qué quieres tomar?

-Lo que sea.

Se fue a buscar la bebida mientras yo me quedé en la mesa, esperándole.

Después de hablar con Jena, tenía muchas dudas sobre Asier. La primera y más lógica era “¿Por qué ponía los cuernos a mi hermana?” La excusa que me dio en la habitación me sonó poco creíble. Le había llevado hasta ese punto, pero yo era libre, podía hacer lo que quisiera. Pero él… ¿Cuál era su verdadero motivo? ¿Simplemente era un hijo de puta y no quería a Jena? No, Asier era mucho más interesante que eso, no podía ser tan sencillo. ¿Por qué cambió de opinión? ¿Por qué quería seguir con esto? Desde luego plantearle mis dudas no era la mejor idea, seguramente se echaría para atrás con todo esto… ¿O no? Tenía que probar.

Volvió con dos cervezas bien fresquitas. Se sentó y mostró una sonrisa de medio lado. ¿Qué estaba ocultando?

-¿Por qué has venido?- preguntó, sorprendiéndome. Pensaba que sería yo la que le iba a plantear mis dudas.

-Por lo evidente.

-¿Lo evidente? ¿Acostarte conmigo?- volvió a mostrar esa sonrisa, no, en serio, me estaba poniendo nerviosa.

Vaya, ya se había descubierto el pastel. Él ya sabía que no era una niña inocente que no había probado la carne en su vida. Tampoco es que yo lo disimulara muy bien.

-¿Tú también has venido a eso?

-Vas a romper la magia Sigrid. Dejemos que surja…

Guardé silencio durante unos minutos, estaba esperándole. Quería que cualquier cosa que pasara en ese momento, fuera por su culpa. Culpabilidad, vaya palabra, Asier parecía no conocerla.

-Es curioso cómo ocurren las cosas.- murmuró acariciándome la mejilla.

-Apenas te conozco.- dije.- Supongo que eso lo hace más fácil para ti.

-¿Fácil? No se trata de eso. Eres la hermana de Jena, esa es la única pega- dio un sorbo a su cerveza.- ¿Nunca has tenido sexo con alguien al que no conocieras?

-¿Te estás preocupando por mí?

-Eso me hace suponer que no.

Cómo me estaba gustando que se mostrara tan claro y tan conciso respecto al sexo. Su pregunta me había cogido por sorpresa, no sabía si debía contestarle o no. Él parecía tan seguro de sí mismo, me estaba desmontando en un momento, debía coger la ventaja, no quería que me viera débil y se echara para atrás.

-Quiero hacerlo contigo.-dije

Dio otro sorbo a su cerveza y acercó su silla a la mía.

-¿Y tú?- pregunté guiñándole un ojo.

Por dios, cuanta tensión sexual.

-Había pensado en llevarte a un local para bailar un poco, jugar al billar, ya sabes, un poco de diversión…- sonrió.

Ya entendía por qué Jena se había enamorado de Asier, sabía utilizar las palabras, te mantenía en alerta, miraba con ojos de seductor. Vamos, en resumidas cuentas, sabía cómo manejar sus armas. Este chico me estaba sorprendiendo.

Me lancé a por él y le besé en los labios con pasión. Su cuerpo se pegó al mío, su boca me devoró lentamente hasta que introdujo su lengua. Le aparté con brusquedad, no esperaba aquella lujuria. Él me miró extrañado, sonrió y me besó más relajado. ¿Qué me pasaba?

-No tenemos por qué ir deprisa, aún falta un año para la boda.

Después de varios besos y tocamientos varios debajo de la mesa, nos marchamos al local que dijo. La verdad es que hubiera preferido que fuéramos directamente al hotel, porque tenía un calentón encima…

El sitio era ruidoso, grande y oscuro. Entré no muy convencida, pero Asier me agarró por la cintura y me dejé guiar. Al fondo del local había una mesa de billar en la que estaba mi hermana jugando con unos colegas. ¡No podía ser! Nos acercamos a ellos ¿Cómo? ¿Estamos locos? No entendía nada, y qué puta casualidad, no me jodas. Mi mente estaba hecha un lío. Lo mejor era dar marcha atrás y escapar de allí.

-¡Jena!- gritó Asier acercándose a mi hermana y arrastrándome con él.

Capítulo 7

Freddy

    Ver a Jena no me hizo ninguna gracia, ya era casualidad encontrarla allí. Miré a Asier buscando alguna explicación, pero simplemente me sonrió. ¿Sabía qué estaría allí? No, no debía de ser eso, quizás era cosa del destino. Fruncí el ceño al escuchar mi propio pensamiento, que gilipollez era eso del “destino”, no me lo creía ni yo. Me agarré disimuladamente a su espalda y caminé despacio hasta mi hermana.

-Hola guapa.- murmuró Asier dándole un pico a Jena.- Solo venía a saludarte, como me has dicho que estarías aquí.

Mi hermana me penetró el corazón con la mirada, no sabía dónde meterme, me avergonzaba la situación. No me sentía culpable de estar a solas con Asier, pero ese encuentro fue desagradable para las dos. Él parecía estar feliz y no entendía por qué. Quería salir de allí cuanto antes.

-¿Qué estáis haciendo juntos?- preguntó.

-Dando un paseo, preguntándole cosas de ti. ¿No podemos?- contestó Asier un tanto molesto.- Creo que soy libre de hacer lo que quiera.

-Dentro de poco serás mío.- murmuró Jena robándole un beso en los labios. Se me quedó cara de gilipollas. En parte me lo tenía merecido ¿Qué podía esperar de esta situación? De pronto me di cuenta de algo de lo que no me había percatado. Pasara lo que pasara con Asier, acabaría perdiendo de alguna manera la batalla, incluso conmigo misma. ¿O no? Dios, mi cabeza era un tornado de dudas.

Después de un par de conversaciones tontas que no aportan nada a esta historia, salimos del local y me metió en un taxi. Qué glamour no ir en transporte público, se notaba que Asier estaba a otro nivel. No es que fuera el tío perfecto, pero tenía algo de dinero y no se parecía en nada a los chavales con los que había estado, quizás fuera cosa de la edad.

-Jena ha sonado tan posesiva.- murmuré dándole la mano.- ¿La conociste así?

-Odio esa parte de ella, la convierte en un monstruo. A veces me siento un poco agobiado. Siempre me pregunta con quién estoy y dónde estoy.

-Alguno de los dos tendría que ser celoso.

-No me importan los celos Sigrid, me preocupa que no confíe en mí.

De repente sentí un dolor punzante en el corazón.

-Así que estás conmigo para que Jena dude con razón de ti.- me mordí el labio.- En realidad… no te vas a acostar conmigo.

-Esto es entre tú y yo, es otra relación distinta. Jena no tiene nada que ver.- me apretó la mano.- Quiero hacer esto por mí, por volver a sentir ciertas cosas que he olvidado. Tu cuerpo es desconocido para mí y eso me atrae.

Todas esas explicaciones vacías de por qué engañaba a Jena me sonaban lo suficientemente raras como para desconfiar. Quizás debería haber abierto la puerta del taxi para tirarme de él en marcha. ¿Qué me había pasado? ¿Me estaba ablandando según la cosa se ponía más seria?

Llegamos a un hotel de esos en los que sólo se va a lo que se va.

Como una adolescente imbécil soñé con la idea de que me hubiera preparado algo, pero nada más lejos de la realidad. Al entrar, un enorme desamparo se apoderó de mi. Era la habitación más cutre que había visto en mi vida. De repente, el Asier con clase se me cayó del pedestal.

Cerró la puerta, y antes de que me girase, me colocó unos enormes cascos de música en la cabeza y me puso su móvil en la mano.

Emm…. Empezó a sonar I want to break free de Queen ¿Qué clase de rollo raro se traía entre manos? ¿Se iba a poner falda? Sí, no os riáis de mi, a todos os ha venido a la cabeza Freddy Mercury vestido de mujer. Bueno, al menos tenía buen ritmo y la canción me gustaba.

Se quitó la chaqueta y la tiró al suelo. Me agarró por la cintura y comenzamos a bailar despacio, muy juntos. Por un momento pensé… ojalá esto no fuera una burda mentira.

Me desabrochó el botón del pantalón.

Capítulo 8

Noche

     Me quedé en ropa interior y él me examinó dando vueltas a mi alrededor. Se pasó el dedo pulgar por el labio inferior y luego sonrió. Miré la cama, ansiosa de que me tirara sobre ella. Se quitó la camisa, despacio. Saboreé el momento, excitada. Toqué su pecho desnudo y acerqué mis labios a los suyos.

-¿Estás segura?- me apartó un poco con las manos.

-Sí, claro.- sonreí.- ¿Por qué no iba a estarlo?

-No sé.- me acarició la mejilla.- A lo mejor preferirías estar con otra persona o en otro sitio…

-¿Un trío?- solté una carcajada.- Tal vez más adelante. No me suelo poner límites.

-Hablo en serio, Sigrid.

-Podría hacerte la misma pregunta, eres tú el que puede tener prejuicios. Espero que el día de tu boda no te acuerdes de mí.

-Vamos.- soltó una risotada.- ¿Qué estás insinuando?

Emmm, de repente dudé de mí misma. Si me acostaba hoy con él, sería yo la que no podría evitar recordarlo el día del enlace. En el fondo y sobre todo por mi estabilidad mental, deseaba que la boda fuera cuanto antes. Bueno, ya habíamos llegado demasiado lejos, quizás con esto ya era suficiente.

-Nada, no insinúo nada.- fruncí el ceño y me desabroché el sujetador.

-¿Me lo prometes?

-Asier, te lo prometo.

Simplemente dejé de pensar, era lo mejor.

Dejé la culpabilidad a un lado y me lancé a disfrutar. Un hormigueo recorrió mi cuerpo, como cuando te dicen que no comas ese pastel, pero ese pastel te mira. Asier me devoraba con los ojos, estaba totalmente justificado.

Le tiré sobre la cama y le desabroché los pantalones. Le quité lo poco que le quedaba de ropa y me lancé sobre él. Noté su cuerpo desnudo, le tenía bajo mi control. Le besé en los labios y él me respondió de una forma más perversa. Se inclinó y me quedé sentada encima de él. Sin parar de besarnos me levantó un poco y…

¿Qué? ¿Qué pasa? Ah, ya entiendo. Queréis que de detalles sobre mi momento de pasión con Asier. Pues os vais a quedar con las ganas, pervertidos. Porque lo importante no son las posturas que hicimos, la fuerza que ponía en cada embestida o cómo me tocaba los pechos, no. Lo importante vino a la mañana siguiente.

Me levanté cuando sentí el sol acariciándome la piel.

Me giré en la cama y vi a Asier durmiendo a mi lado, completamente desnudo. Sonreí y me quedé un rato mirándole. No roncaba, qué maravilla. Le acaricié el labio inferior y me incliné para darle un suave beso en la mejilla. Noté un fuerte golpe en el pecho cuando abrió los ojos y me puso un brazo por encima de la cintura.

Fui al baño a lavarme la cara, no sin antes coger mi teléfono móvil.

Cerré la puerta y me senté en la taza del water. Acaricié la pantalla, lo desbloqueé y vi el whatsapp de Jena.

-Tenemos que bajar a desayunar.- gritó Asier desde el otro lado de la puerta.

Me llevé las manos a la cabeza y negué con ella al notar que me dolía al orinar. Llevaba tanto tiempo sin hacer el amor… Sí, ahora me juzgaréis y pensaréis que mi actitud sólo era fachada. Estaba a dos velas desde hacía un tiempo y bueno… Asier no era lo que estaba buscando precisamente… bueno, no sé…

Quizás lo peor de esa mañana no fue el dolor en mi parte más intima, sino darme cuenta de que quería estar con él.

Las lágrimas recorrieron mis mejillas cuando le mandé un mensaje a mi hermana.

“Me he acostado con Asier”.

CONTINUARÁ….

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Promesa

Por: Juss Kadar

Capítulo 1

Contacto

Me había puesto un vestido horrible, elegido por mi madre, para estar presentable para la familia del futuro marido de mi hermana.

Era todo tan hipócrita, no quería fingir ante nadie, no era yo la que me iba a casar e irme de casa.

Sinceramente, esa celebración me parecía absurda, cualquier fiesta familiar me repateaba. Tenía cosas mejores que hacer, pero ahora estaba en esa mierda, debía bajar por aquellas escaleras y encontrarme con él.

Cuando llegué al salón, vi a alguien de espaldas que se giró cuando mi hermana Jena pronunció mi nombre.

La verdad es que no me lo imaginaba así. Vestía con traje, era alto, tez blanquecina, pelo negro repeinado hacia atrás y unos intensos ojos azules. Vamos, que era un chaval que se dejaba ver muy bien. No me podía creer que la pedorra de Jena hubiera elegido como novio a un chico interesante, o eso parecía a simple vista, a lo mejor luego era un capullo integral. No, no podía ser, no con esa cara de ángel y ese y eso…

-Sigrid, te presento a Asier.- dijo mi hermana con una sonrisa traviesa, como si supiera que me moría de envidia por dentro.

Asier se acercó a mí, me agarró la cintura y me dio dos cálidos besos en las mejillas. Joder, encima olía fantásticamente.

Poco que añadir sobre lo que vino después.

Su familia me saludó como si me conocieran de toda la vida. Mi madre y mi hermana se paseaban por la casa tratando de poner todo en orden, como si en vez de a comer fuéramos a una batalla. Ahora enseñando fotografías, ahora hablando en el patio sobre el futuro de los niños, ahora riendo a carcajadas con una copa de champán… Patético.

Mi madre dio una palmada innecesaria y nos mandó a todos a comer. Mi padre se levantó del sofá cansado de tanto alboroto en la casa. Estaba deseando que se fueran para estar a sus anchas, igual que yo. Bueno, yo quería que se fuera la familia, Asier se podía quedar.

También pasaré por alto una comida llena de chistes malos, de comentarios cariñosos sin venir a cuento y de opiniones vacías.

Por fin, todos se marcharon a la piscina y Asier decidió quedarse en casa para descansar un poco.

Jena estaba tan preocupada de caerle bien a sus suegros que su novio le importó tres cominos en ese momento. Cómo le gustaba llamar la atención y hacerse la interesante. No iba a casarse con sus suegros, si no que iba a vivir con su pareja ¿Por qué no se había quedado a su lado?

Asier, por suerte, era un tipo independiente y por lo que parecía hacía lo quería cuando quería y como quería. Si no le apetecía ir a la piscina de los vecinos, pues no le apetecía.

Subí a la habitación de Jena.

 Mi padre estaba viendo otra vez la tele y le daba bastante igual lo que hiciéramos mientras le dejáramos en paz.

Entré en aquel cuarto prohibido para mí y vi a Asier tumbado, leyendo un libro. Dejó la lectura en cuanto vio que cerré la puerta. Me acerqué a él, despacio.

-¿Estás seguro?- pregunté.

-¿De no ir a la piscina de unos vecinos? Totalmente seguro, no me gusta aprovecharme de los demás.

-Ya se le podría pegar un poco a mi hermana.- murmuré- Pero no me refería a eso, si no a la boda.

-¿Por qué no iba a estar seguro?- me miró con una ceja alzada.

-Pues porque… después de ella no podrás hacer lo que te plazca, quiero decir… no podrás ir con otras mujeres y perder el control. Jena quiere casarse, tener hijos y dejar la vida pasar sin ningún sobresalto. ¿Te gusta esa estabilidad?

-No especialmente. Tampoco he hablado con ella de los planes que tiene en un futuro.

-Pues deberías hablarlo ¿No? Te casas con Jena dentro de un año.

-No entiendo tu preocupación. Ella me dijo que eras bastante distante con la familia y que la boda te parecía una estupidez. ¿Ahora quieres qué estemos seguros y seamos felices?

-¿Cuándo he dicho yo que quiero que seáis felices? No me preocupa Jena ni mi familia.

-Entonces…- negó con la cabeza.- Intentas crearme dudas.- suspiró.- Eres una niñata envidiosa. Odias que los demás estén bien a tu alrededor.

-No captas a donde quiero llegar.- sonreí.- Quizás podrías disfrutar un poco antes de la boda si tan seguro estas de contraer matrimonio con mi hermana. Cuando te cases deberás ser fiel y tendrás obligaciones que no te permitirán hacer ciertas cosas. Te arrepentirás toda la vida de no haberme escuchado.

-¿Qué lecciones me vienes a dar tú?- frunció el ceño.

-No te pongas a la defensiva, en el fondo sabes que tengo razón. No te estoy diciendo que no te cases con ella, – me acerqué más a él y le agarré del brazo para que se incorporará en la cama.- Si no que te diviertas “ahora”- puntualicé.

-Eso es detestable, antes y después de la boda.

-Claro, entonces no se celebrarían las despedidas de soltero y soltera.- ironicé.- Te ofrezco un año entero de fiesta.

-¿Tú?- se soltó de mi agarre.- Por favor, es peor aún.- dudó- ¿Por qué?

-Es la única manera de acostarme contigo y no sentirme culpable. Eres mi futuro cuñado, es tan morboso…

-Eres tan malvada como te pintó Jena.

-Piénsalo, yo… encima en ti…- le mostré una sonrisa picarona.- Tienes un año entero y ella no tiene porque enterarse. A lo mejor con mi ayuda te das cuenta de que casarse es un error y…

-Quiero a Jena.

-No pido tu amor, si no tu polla.

Levantó las cejas y pareció dudar unos segundos.

-No me creo que estemos teniendo esta conversación.- dijo.

-¿Es qué acaso no te apetece divertirte antes de casarte?

Me senté a su lado en la cama y le miré fijamente a los ojos.

-Yo soy una chica soltera, independiente, que hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere. No me voy a enganchar a ti, dejaré que te cases con Jena aunque sea el mayor error. Nadie tiene por qué enterarse.

-Me enteraré yo.- se señaló a si mismo.- Suficiente.

-Tienes toda una vida para estar con ella y un año para perder el control. ¿No te compensa?- mis labios rozaron su cuello. Se le puso la piel de gallina.- Si tanto la quieres, no tendrás ninguna duda cuando termine tu gran despedida de soltero.

-¿Sabes lo qué es el amor?- preguntó de repente.

Me levanté de la cama y me dirigí a la puerta para marcharme. Le miré una última vez y sonreí.

Bueno, ya había plantado la semilla de la duda, ahora había que regar un poquito.

Capítulo 2

Niña buena

Estaba intentando dormir en mi habitación.

Asier estaba en el otro lado y yo no paraba de darle vueltas a la cabeza.

No esperaba que fuera tan cerrado de mente y que no entendiera qué le estaba pidiendo.

A lo mejor Asier quería a Jena y yo no podría entrar en su círculo jamás, pero no, nada era tan perfecto. No hay pareja que no cojee por algún lado, solo tenía que descubrir cuál era su punto débil.

Salí a la terraza de mi habitación y miré hacia arriba intentando encontrar una estrella entre tanta contaminación lumínica. Me mordí el labio y se me ocurrió una mala idea.

La luz de la habitación de Jena estaba apagada, pero la del cuarto de invitados no.  Los padres de Asier se habían marchado por fin y solo estaba él.

Caminé de puntillas por el pasillo y entré sin llamar. Asier estaba sentado en la cama trasteando con el teléfono. En cuanto me vio aparecer puso los ojos en blanco.

-Hola.- murmuré y bajé la mirada como si me sintiera culpable.- Creo que antes me he pasado un poco.- cogí aire.- Es que… bueno, ningún chico me hace caso y todas mis amigas pues comentan… me siento como una estúpida.

-No te preocupes, lo entiendo.

-No te conozco, así que supongo que no me da miedo que me juzgues por lo que digo o por lo que hago.- me acerqué a él.- Tú podrías ayudarme y yo ayudarte a ti con lo que quieras.

-¿Intentas pedirme un favor?- se levantó y se rascó la nuca.- Podrías habérmelo dicho de esta manera por la tarde, en vez de hablar de mi polla. No te va el rollo de tía dura.

Puse cara de niña buena y me enrollé el pelo haciendo un tirabuzón.

-Esto no puedo hablarlo con nadie y bueno… pensé que tú me podrías dar consejos. Aunque sigo pensando en lo de que podrías disfrutar antes de casarte con Jena.- sonreí.- Oye Asier… ¿A qué sabe un beso?

Soltó una carcajada que no esperaba. Resultaba que no era tan estirado como pensaba.

Me cogió de la nunca inesperadamente, pero no fue nada brusco. Inclinó la cabeza, cerró los ojos y sus labios se posaron sobre los míos. Le agarré la cintura y le acerqué más a mi cuerpo. Quería fundirme con él. Mi corazón latía a mil por hora y deseaba que ese momento no acabara. Joder, como besaba. Su lengua se introdujo tímidamente en mi boca. Vaya, eso no me lo esperaba. Me mordió el labio. Un momento, aquel beso se estaba volviendo un poco agresivo. Sus manos bajaron por mi espalda hasta que me agarró por la cintura y me estampó contra él. ¿Eso qué notaba era su miembro? Supongo que le estaba gustando tanto como a mí.

Se separó de repente, quizás consciente de lo que estaba sucediendo. Carraspeó.

-Sabe a café.

-Me acabo de tomar uno.

Intenté llevar la conversación a un terreno menos incomodo, pero no nos engañemos, eso no fue un simple beso. Asier se había dejado llevar, aunque no lo admitiese, aún podía ver un bulto en su pantalón.

-Sigrid, escucha… esto…- dudó, como me gustaba que dudase.

-No diré nada a Jena. Gracias.- le di un rápido beso en la mejilla.

Volví a mi cuarto, victoriosa.

Cierto es que aún no había ganado la guerra, pero estaba bien no haberse quedado en la retaguardia.

Asier ya me había probado, aunque fuera pidiéndoselo de una manera absurda. Yo no era para nada así, ya me había acostado con unos cuantos y había manejado a otros pocos a mi antojo. Pero como dice mi madre, las cosas se piden con educación. Si tenía que fingir ser una niña buena para llevármelo a donde quisiera, pues qué remedio. En el fondo de mi ser quería pensar que Asier en realidad había estado esperando una excusa para besarme, una excusa que no le hiciera sentirse culpable, como a mí.

Me tumbé en la cama e imaginé como se podía mover encima de mí si besaba de esa manera.

No sé qué hora sería cuando noté a alguien tocándome el hombro para seguramente despertarme.

Abrí los ojos y me sobresalté cuando vi quien era. En la penumbra pude distinguir sus ojos azules. Asier estaba de rodillas frente a mi cama y parecía algo nervioso.

-Sigrid…- susurró.

Hubo un silencio. Me incorporé un poco para tener más cerca su rostro.

-Antes has dicho que podríamos ayudarnos el uno al otro.- continuó.- Y que…- se mordió el labio.- Yo no te juzgaría porque apenas nos conocemos.

Asentí con la cabeza. ¿A dónde quería llegar?

-Quizás sí que necesite probar cosas antes de casarme.

Me tocó el labio, tragó saliva y me besó. Esta vez fue más dulce que el anterior. Esperé otro beso, esperé que se metiera conmigo en la cama, esperé a que me tocara, esperé algo más…

-He sentido algo, y no me refiero a algo relacionado con el amor, si no a adrenalina. Los primeros besos son los que hacen que te tiemblen las piernas, los siguientes son los que te hacen feliz porque los compartes con la persona de la que estás enamorado. A lo que quiero llegar… había olvidado esa sensación.

-Lo que quieres decir es que siempre mola estrenar.

-Si… bueno…- suspiró-. Necesito emociones nuevas. Me jode darte la razón.

-Qué rápido has cambiado de opinión.

-Es que me moría por darte otro beso. Ya sabes, la adrenalina es adictiva.

Le di otro beso y otro y otro, hasta que se nos hizo de día y él volvió al cuarto de invitados.

Capítulo 3

Esperar

Bajé las escaleras a toda prisa para ir a desayunar.

-¿Dónde vas tan corriendo?- preguntó mi madre cuando me senté en la mesa.

Jena estaba delante de mí y Asier a su lado, ambos con un café y una tostada. Mi padre leía el periódico sin preocuparse de la familia, era un hombre inteligente.

-¿Qué tal has dormido, querido yerno?

-Mama, aún no es tu yerno.- dijo Jena un tanto borde. Como siempre se había levantado con el pie izquierdo.

-Pero dentro de poco lo será.- besó a mi hermana en el pelo.- Y podré contarle a las cotillas de la peluquería lo felices que somos.

Jena refunfuñó y yo sonreí. Su derrota era mi victoria.

Durante el desayuno, Asier y yo apenas cruzamos miradas.

Estaba aún en shock por lo de la noche anterior, me sorprendió que hubiera cambiado de parecer tan rápido. Su motivo me pareció absurdo ¿La adrenalina de un beso? ¿Pero qué cojones…? A mí me sonaba a excusa barata para sentirse menos culpable. Porque bien pensado… ¿Hay algún perdón ante la traición? Mi opinión es que no. Yo no soy la que está cometiendo un error, es él el que está comprometido.

Parece como si estuviera en contra de los infieles. Pues sí, no los puedo ni ver. ¿Y eso no me haría odiar a Asier? Un poco. Pero la curiosidad era la que me hacía avanzar.

El fin de semana familiar se iba a acabar y Asier se marcharía a su propia casa. ¿Cómo podría hacer para volver a verlo? Necesitaba una excusa, como las que utilizaba él.

-Tengo que empezar a buscar vestidos de novia.- comentó Jena.- Creo que iré con tu madre y la mía.

-Me parece estupendo.- dijo Asier.- ¿Por qué no te llevas también a Sigrid?

-Porque mi hermana es una toca huevos.- dijo sin levantar la vista del café.- A no ser que cambie, no la elegiré ni de dama de honor.

-Jena, estoy aquí- murmuré, asombrada.- Sinceramente me importa una mierda lo de ser dama de honor.

Si hubiera querido, habríamos iniciado una nueva discusión, pero prefería que Asier me viera como la victima de Jena. Por su cara pude advertir un atisbo de sorpresa.

Estuve vigilando a Asier toda la mañana, hasta que se quedó solo cuando Jena se fue a preparar la comida.

Él estaba en el salón, mirando nuestra pequeña librería. Supuse que estaría más aburrido que una ostra.

Le agarré de la mano y le arrastré a la calle. Fuera se soltó y me miró un tanto molesto. Cuando doblamos la esquina pareció relajarse y quise ver que sus ojos se posaron en mí de otra manera. Debíamos hablar.

-Las mujeres sois tan complicadas.- sonrió perversamente.- Vamos Sigrid… ¿Vas a decepcionarme?

¡Ajá! Entonces tenía razón, Asier me había besado porque le salió del pie, no porque se lo pedí. Ahora que sabía que los dos estábamos de acuerdo en seguir en esta espiral de besos, no tenía porqué fingir.

-¿Entonces aceptas tener tu despedida de soltero durante un año?

-No he aceptado.- dijo, serio.

¡¿PERO QUÉ… -Ahora sí que me había perdido, las relaciones humanas son tan complicadas. Con lo fácil que sería un mundo sin imposiciones, ni celos, ni amor.

-¡Oye Asier!- me acerqué a él.- No me tomes el pelo. ¿Qué coño quieres hacer? No me marees ¿Acaso te arrepientes de lo de anoche?

-Sigrid, no estoy jugando contigo. Estoy algo confuso, no te lo voy a negar. Por un lado quiero, por el otro está Jena, joder.

-Vale, de acuerdo.- levanté los brazos, derrotada.- No te voy a preguntar nada. Lo que menos quiero es que hablemos y le demos vueltas a un problema moral que no va a tener ninguna solución.

Lo mejor es dejar que las cosas surjan, sin pensar y sin sentimientos.

Asier me miró con los labios apretados, no dijo nada, solo me analizaba de arriba abajo. Sé que esperaba que yo le besara, pero no… no me iba a conseguir tan fácilmente. Perder el control significaba perder el control, hacer que durante un año no se conociera ni a sí mismo, que sus pensamientos racionales chocaran con la locura y que no le importara.

-Tengo que recoger las cosas para marcharme.- dijo.- Ya nos veremos, supongo.- me agarró del brazo y me dio un rápido beso en la frente.

CONTINUARÁ….

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