Sin moverme de la silla

Por: Rolando Perera

Aunque lo duden o no lo crean
soy especialista en resolver problemas de amores de mujeres.
Sano separaciones desajustadas,
restablezcos pasiones conmutadas,
amparo en mis brazos mujeres abandonadas.
Recojo sus lágrimas en recipientes especiales,
guardo en mis libros cada verbo bien fundamentado,
dibujo en óleo sus desmayos y la muerte de sus ilusiones.
Escucho sus lamentos: SIN MOVERME DE LA SILLA
me es muy dura y contagiosa esta actividad,
Me afecta en lo personal y en lo espiritual.
Quizas por eso….Aún sigo escribiendo:
SIN MOVERME DE LA SILLA.

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En nombre del amor

Por: Conxita Casamitjana

Envíame un mensaje cuando llegues.

Al principio le había parecido precioso que se preocupara tanto. Había tanto cariño en sus gestos. Ni una duda, ni una vacilación. No requería ningún esfuerzo, no le costaba nada. Era fácil hacer que el otro estuviera tranquilo. Se querían tanto. Estaban tan enamorados.

Se acostumbró a informar. Empezó cuando llegaba a la oficina, salía para casa o a donde fuera ese día y después de cada paso que daba. Cada situación de su vida, tenía un mensaje o una llamada.

Se añadió la preocupación, cuando había una cena, ir al cine o quedar con los amigos y no asistían ambos. Casi sin salir ya había un compromiso de no tardar.

Te esperaré sin dormir.

Y era fácil. No costaba tanto llegar pronto, no le molestaba. Se sentía bien. Se adoraban.  El desvelo y el amor en cada mensaje, en cada palabra. Estaban tan unidos, todos se daban cuenta. Rechazaba cualquier comentario que no fuera lo mucho que se querían. Cuando hay amor, es natural ese interés por la otra persona, cuidar y preocuparse por el otro. Era bonito sentirse así de estimado.

—¿A qué hueles?

También se añadió esa pregunta y esa, quizá ya le molestaba más. Ese humeo desconfiado al llegar a casa. Justificar el humo, el perfume o cualquier olor que hubiera en el restaurante y que se le hubiera pegado. No le gustaba, pero era su manera de amar. En el fondo sabía que odiaba esa humillación al sufrir una inspección en toda regla. Había empezado a adorar los sitios cutres con olor a fritanga.

Se fueron terminando las salidas sin el otro, cuando se ama se comparte todo. Nada tiene sentido sin la otra persona. ¿Por qué salir solos? ¿Por qué tener amigos distintos? ¿Por qué ir de compras, al cine o vivir momentos con otros?

Se acostumbró a tener su móvil siempre a la vista. Su correo electrónico más público que nunca. Nada que esconder. Sabía en cada momento lo que estaba haciendo y con quién estaba. Antes de salir, antes de marchar, cuando iba a comer, cuando volvía. Imposible olvidarse, el resultado eran malas caras, silencio y lágrimas.

No conseguía recordar cuándo dejó de verlo hermoso. Se tornó insoportable, se asfixiaba en una red invisible de preocupación, cariño y amor. Esa telaraña, cada vez más espesa, más paralizante, imposible escapar. Costaba darse cuenta. Adoración, querer, estima y en nombre de todo eso, el derecho a sentirse propietario del otro.

—Envíame un mensaje cuando llegues.

Y dijo basta. No más preocupación, no más control, no más celos, no más obsesión. Aquello no era amor ni la vida que quería.

Y acabó.
Y se lo dijo.
Y la dejó.
Y no tuvo miedo.
Y no pasó nada…
Porque él era un hombre.

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Hacer poesía

Por: Álvaro Fernández

Se trata de perforar sienes, traspasar barrotes, limar muros y quitar respiradores artificiales.

 

Se trata del fuego sin la cáscara, de la brasa en el celofán, de la ceniza en la llaga.

 

Se trata de soplar telarañas, destrozar hímenes y atrapar moscas con la lengua.

 

Se trata de oler caro para traspirar barato, de astillar la noche y de ahogar al astro

en un blues de alcohol fino y jugo de naranja.

 

Se trata de adorar demonios, de pervertir a las monjas, morderles los pezones

e inmolar sacerdotes en la misa de una orgía.

 

Se trata de ser el que sueñas, el dotado perfecto, la adicta exitosa, el puto de un amigo,

la perversa de la iglesia o el mejor amigo de tu peor enemigo.

 

Se trata de la pestaña en el pulgar, de la suerte en un hueso de pollo, de la moneda en el aire y del ramo de viuda de la novia.

 

Se trata de juntar las partes de un reflejo hecho añicos, de acomodarlas mal a propósito y que salga lo que salga.

 

Se trata del secreto que guardan, el que todos cuentan, el que nadie sabe.

 

Se trata de mear los paradigmas, de cagar en los rincones del que dirán, de lo que no se animan a decir,

 

Se trata de las verdades del puro verso, de lo que solo puede escribirse, con la sangre del infinito…

 

Se trata de hacer poesía.

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Renacer

Por: María Villa

Nunca tome los caminos más sencillos y creo que ya no los encontraré, asumo el riesgo de vivir así como lo hice y como lo haré.

¿Por qué miro al frente si no quiero tropezar en el asfalto?
Por lo mismo que me gusta el café solo, el humo blanquecino de un cigarro, dormir con un pie desnudo alzado sobre el edredón. Saltar un charco, reír al mirar un árbol, tomar de la mano, soñar con los ojos abiertos mientras las nubes cruzan un cielo que se empobrece de tiempo.

Puede que me lastimen, puede que no. Es necesario que comprendan que nunca seré una mujer inclinada. No me rindo, no señor ni al sueño ni a sobrevolar al propio halcón. Aún no he dado la vuelta al círculo, falta lo más importante. No me rindo a ser yo, y hoy no, no escribiré un punto final.

Entiéndanlo jamás seré mortal.

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El sueño de William

Relato encadenado escrito por: Rafael Azgra, Camila Contreras, Carlos Ortega, Ian Gómez, Pedro Luis Ibáñez Lérida, Matteo Barbato y Esther G.R.

cabeceraRelatoEncadenadoEl joven William, ensimismado en los futuros romances y tragedias de los que su genio sería padre, pasea lentamente bajo la luna estival. Un sopor le atenaza, y cae en un profundo sueño de una noche de verano.

 Entre fantasías, magia y amor la ingravidez del mundo de los elfos envuelve a William en espirales de ensueño.

¡Qué caprichoso es el amor! Que entra y sale del escenario onírico para trascender en el alma del hombre.

 Inquieta se pone tu pluma mi querido Willliam cuando se acerca aquel moro de Venecia, un Otelo que pide a gritos:

 “Te lo ruego, háblame en la lengua de tus propios pensamientos y dale al peor de todos la peor de las palabras”.

 Sobre todo a ese bufón de Christopher Marlowe. Protegido de la reina, niño mimado de la corte. Cabrón con suerte. No contento con tu fama inmerecida, osas robarme los favores de la niña Juliette. No sé si por cuyo rostro zarparon más de mil naves, pero buena parte de mi generosa heredad sí me han costado sus insaciables caprichos. A ti, en cambio, te habrá valido con verter un poco de esa basura italianizante ―sonetos, los llamáis… ¡Sonetos! Jesús― en su oído, más acostumbrado al tintineo de las monedas que a los buenos versos. Sin embargo, cualquier día la fortuna dejará de sonreírte. Te verás envuelto en otra reyerta tabernaria de la que no saldrás tan bien parado como de la anterior. De hecho no verás la luz del alba esta vez. La espada ―o en su defecto la daga― de la justicia se abatirá sobre ti. Y entonces el mundo sabrá por fin quien es William Shakespeare.

Incluso mi querida Juliette, que tantas noches observé desde la lejanía. Ese pequeño balcón testigo de las miradas furtivas, de los versos a la luz de tu ventana y que respondías con dulces y pícaras sonrisas. Todos conocerán al poeta, al autor, al valiente y joven William, esa fue la promesa que durante aquel sueño del dulce ocaso se hizo a si mismo. No importan las promesas de los noctámbulos, pues al segundo un nuevo sueño envuelve al soñador, y de nuevo empieza el subconsciente a atraparlo.

En el acertijo de las ausencias, su rostro se difumina. Apenas recuerda los rasgos. La evocación del hijo reclama para sí ardiente soledad. El dolor de su pérdida se vierte en desafiante ternura, “Mas si entonces viviera un hijo tuyo / mi rima y él dos vidas te darían / para darla a la muerte y los gusanos“. La brevedad del gozo, la infinitud de la pérdida. En  años anteriores la huella vital del escritor nacido en Strafford-upon-Avon se extravía y reaparece en Londres. Hamlet está a punto de emerger. El ritual de escritor le impele a proseguir, a no cejar en su empeño creador. La sombra le acompaña. El Príncipe dirigiéndose a su madre, la Reina de Dinamarca, habla por él, “Lo que yo llevo dentro no se expresa: lo demás es  de la pena

Y tras cubrirse de pena y sombras, mi arte se viste de dudas y de eterno: mi conciencia grita al mundo desde el teatro el acertijo más arduo, y mi voz resuena en la historia a través del talento. Londres se balancea sobre mí, actor mediocre, para convertirme a imperecedero recuerdo…

Y todas las penas, las sombras y las dudas fluyen, deambulando de obra en obra, hasta volatilizarse en sueño.

Soy el amor caprichoso que se viste de mujer, y de sus promesas fértiles: mientras ansío al ángel blanco revivo la ilusión de una noche de verano… Y el deseo, languidecido, se pierde entre miradas homófobas…

Entonces, tras largo y placentero paseo la flora parece moverse, acercarse. William se sobresalta, movido por el instinto primario de la huída; mas no lo hace. De entre los árboles tres figuras oscuras emergen como proyecciones del propio bosque. Tres mujeres, extrañas, cautivadoras. Le rodean y él, aterrado y atraído, se queda quieto contemplándolas. Son sus voces en su mente las que le hablan sin despegar sus labios. «Habla. Pregúntanos. A todo te responderemos». William las mira fascinado. «¿Seré admirado?, ¿querido?, ¿un gran genio?» Las ancianas comenzaron a girar alrededor de él, bañadas por la luz de luna. «Todo te llegará» dice una. «Todo llega en la vida» contesta otra. «Amores, fama, tristeza y alegría» sentencia la tercera parándose en seco frente a William. Baja la cabeza y la capucha ensombrece su tez, al levantarla la cara de una joven doncella conocida aparece frente a él.
―¿Qué hace a mi esposo salir de nuestro lecho a estas horas de la madrugada?
William contempla a Anne, su vientre cada vez más abultado. No hay brujas que le rodeen en la noche veraniega, ni sueños por cumplirse. Y en su interior se gesta una batalla mayor que las habidas hasta la época. Ser padre, esposo y hombre o dejarse volar por los versos que le elevan y le convierten en Dios. Esa noche el dilema concluye como las anteriores veces, acompañando a su esposa de vuelta a la calidez de las sábanas; pero algún día cambiará. Porque el destino es quien baraja las cartas, pero nosotros somos quienes las jugamos.

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Otra vez 15 de abril

Por: John Sebastián Castrillón Correa

Aquí estás, 15 de abril, ¿me herirás como la última vez? Te recuerdo muy bien, y mucho más lo que en ti viví.

Recuerda, sí, hazlo, recuerda la última vez que llegaste. Claro, ahí me ves; por supuesto, se me notan las ansias. Mira el rostro palidecido, pero que sonríe y se sonroja al son de un pensamiento. Mira la ropa: más lustrada no pudo haber existido. Huele, sí, hazlo, huele el fino perfume reservado para la ocasión; huele el sudor que se mezcla con él. No te olvides de aquel tonto papel que llevaba en mis manos. ¡Pensar que árboles y pulpos fueron triturados para brindarme papel y tinta y lograra escribir lo que habría de ser mi sentencia de muerte!

¿Recuerdas el largo viaje que tuve que hacer? Obviamente lo haces. Allí lo ves: todo un recorrido; un completo calvario. Lo recuerdo como el camino en el que yo dejaba de ser yo, y me entregaba al pozo sin fin en el que me encuentro.

Mira los ojos alegres y vivos que no sabían de maldad o traición; mira cómo se pierden en bastos lugares desconocidos por la raza humana. El éxtasis y lo que los griegos llamaban hybris estaban allí.

Sé valiente y sigue mirando los hechos; deja la cobardía y observa con el mismo placer morboso que tuviste aquella vez.

Mira al joven enamorado; ve la estupidez que cometerá.

Ahí está el texto: no tiene una sola falla, pues el joven se percató de haberle dedicado las suficientes lunas y soles para que en él no existiese la mácula. La esperanza de su existencia se hallaba en aquel texto; no dudó en hacer su mayor, y más vano, esfuerzo.

¿Aún puedes acordarte de mí cuando lo entregué? ¡Claro que sí, mísero burlón! Ve fijamente, sí, ahí se pasan de unas manos a otras los siete párrafos perfectamente escritos; ahí se van los Siete Grandes que no habrán de recibir ni la más mínima prueba de gratitud.

El joven sonríe decentemente después del rechazo, pero puedes ver cómo los colores de la escena parecen mezclarse con ácido, y se van derritiendo mientras espumean para pasar a tonos otoñales y terminar en escala de grises.

La muerte había venido en forma de rechazo y obtuvo sus ojos.

¡Mira, mira al hombre joven cómo envejece y se queda sin alma; mira cómo pierde la lámpara que encendía su ser!

Ahora le ha llegado la noche, y las tinieblas le han sofocado hasta las lágrimas. Ve cómo pierde sus fuerzas y se reduce a casi un cadáver maloliente; mira la ropa cómo se destiñe para luego desintegrarse.

¡Oh, destructor imperante, ¿cómo te atreviste a abatir a un alma así? Ya no importa, ya no importa.

Hoy estás aquí de nuevo, 15 de abril; mira las cenizas que quedan de mi ser cómo vuelan, sin sentido, tratando de encontrarla; mira mis moléculas restantes perderse rumbo a la nada.

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Entre monstruos: Historia de una vida de Johannes Otter-Wiesel

Título: Entre monstruos: Historia de una vida
Autor: Johannes Otter-Wiesel
Editorial: Donbuk

entre-monstruos-segunda-tiradaSinopsis
Un largo camino plagado de lágrimas, decepciones y lecciones que aprender. Un viaje hacia un futuro incierto cercado por las sombras de personas que, incapaces de aportar luz a su vida, se dejaron difuminar por la oscuridad.
“Entre monstruos: Historia de una vida” es un relato duro y desgarrador, que salpicado con un ácido y retorcido sentido del humor y contado de una manera personal pero clara, consigue hacernos partícipes del mismo y con ello soltar ora una lágrima ora una ligera sonrisa de complicidad.

Autor
Nacido en Vigo en 1982, Johannes Otter-Wiesel tuvo una infancia dificil, viviendo en cuatro naciones diferentes antes de la mayoría de edad, con sus respectivos cambios de domicilio, que le impidieron echar raíces incluso de adulto, lo que le ha convertido en un alma inquieta que cabalga sobre el viento.
Desde siempre amante de los libros, ha escrito numerosos cuentos cortos y poemas siendo esta su primera novela oficialmente publicada. Actualmente vive en Madrid con su esposa Sandra y su hurona Milka.

Reloj cucú

Por: Crono Axel

El bolígrafo se reía de mi, el papel era indiferente y mis ideas incontrolables, el momento estaba en mi contra, en el instante, tan solo pensaba más allá de las letras y escuchaba muy adentro de mi obscuro egoísmo, el eco de la voz del reloj cucú al decirme…

Los engranes y cabos están sueltos, el segundero no avanza, y el pequeño jilguero ha muerto.

La puerta del enorme reloj crujía con cada palabra. Los maderos se astillaban con cada coma, se quejaban en cada asentó y descansaban en cada punto… no era un viejo reloj, tan solo su mal uso lo llevo hasta la descompostura, esa frase repetirse una y otra vez, me llevo al borde de la imprudencia, no la entendía…

Los engranes y cabos están sueltos, el segundero no avanza, y el pequeño jilguero ha muerto.

Era frustrante escuchar el tic tac solo en mi recuerdos… no quería el pasado en mi presente, y la hora tan solo estaba mal. Cuando pensaba que mis recuerdos eran lo peor, ahí estaba de nuevo esa frase…

Los engranes y cabos están sueltos, el segundero no avanza, y el pequeño jilguero ha muerto…

Mientras el día transcurría, yo seguía en el mismo sitio, congelado en el tiempo. Mi espacio era infinito y mi locura inevitable; Ver volar el sol, pero no el tiempo y mucho menos al pequeño jilguero… me deprimía cada vez más. Seguía sin entender la temática del mundo, y el por qué ese hinchado reloj de madera repetía una y otra vez las misma frase…

Los engranes y cabos están sueltos, el segundero no avanza, y el pequeño jilguero ha muerto…

Me harte que las voces del ayer tomasen el lugar de la mía…

Me harte de ver que ese enorme reloj no diera la hora…

Y la aburrida quietud extrañaba, el dulce canto del jilguero para acompañarla a dueto.

Y con el no tiempo, la tinta de mi bolígrafo se había secado, mi indiferente papel se volvió amarillento y mis ideas marchitas estaban… y ni así y de ninguna forma me di cuenta que los engranes y cabos estaban sueltos, que el segundero no avanzaba, y el pequeño jilguero había muerto.

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Mi sueños

Por: Perera

Soñé con ser un cantante popular
pero mi voz era horrible. Y es.
Luego formé un grupo musical
pero nadie deseaba escucharme,
ni los enfermos, ni los curas perdidos.
Ni los sordos,  ni mi propia madre.
Luego seguí soñando y traté de ser un deportista.
Pero en todos los equipos siempre estaba sentado.
Pensé en estudiar medicina, pero no aprobé el examen de ingreso.
Al final no sé cómo me hice abogado y de paso poeta.
Algo parecido me pasó con el amor.
Pero eso es otra historia.

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Carta desde el infierno de un perro vagabundo a su amada

Por: Hector Cediel

Vivo el infierno de lo que es estar muerto en vida, porque así lo siento. Deseo gritar y que el eco le arranque el palpitar a mi corazón. La vida se ha tornado en un absurdo laberinto oscuro, sin puertas de escape. La soledad no es ese plácido paraíso en donde encuentran inspiración los sentidos, sino un túnel lleno de desconciertos, de preguntas absurdas, sin respuestas lógicas, de miedos con colmillos.

Siento las manos heladas y congelados los pies. Siento burbujear a la angustia por mis venas. No encuentro respuestas lógicas a una enfermedad invisible, me vislumbro un atisbo de luz de esperanza siquiera. Nadie se imagina el infierno que genera una angustia, sin respuestas. Sabía que tarde o temprano te cansarías de compartir un mundo sin mañanas, un paradójico  manojo de esperanzas marchitas, y quizá siempre fui o no soy más que eso: un talego de ilusiones muertas.

Sin ti, lo he perdido todo. Sé que a pesar de no ser las cosas como parecen, o como tú imaginabas que eran, terminarías por cansarte de esperar o de intentar comprender que las cosas eran o son, como yo te decía. Una lluvia de te amos, jamás serán suficientes para edificar una relación hermosa, o para augurar un futuro promisorio a una relación.

Me siento despedazado por la realidad de mi entorno, así me consideren muchos una persona demasiado afortunada, e inclusive sé que he sido envidiado por algunas personas. En verdad me siento demasiado solo, después de haber sido admirado como un hombre  amiguero y exitoso.

Ya no sé qué hacer para recuperar y disfrutar de un espacio propio, por mínimo que sea. Me cansé de escuchar injurias o comentarios malintencionados, y que han puesto mi paciencia y mis nervios, al borde del límite extremo. Irónicamente en este momento sólo cuento con una amiga virtual, pero tampoco deseo fastidiarla con mis problemas. No sé si entienda o comprenda la razón por la cual he huido de todas las comunidades virtuales. Hoy más que nunca, necesito un mínimo de sosiego y de una absoluta soledad. No deseo reventarme, a si la felicidad sea tan relativa y frágil, como la belleza de una pompa de jabón.

Sólo deseo darte las gracias por tus generosas palabras y compañía. Jamás te olvidaré, así que haya defraudado como amigo en algún momento. Sé que no fui el mejor amigo y quizás me comporte como un tonto contigo, y por eso te pido perdón una vez más. Sólo deseo conservar un hermoso recuerdo mi corazón.

Te quiero, te envío una vez más, mil besos, porque no deseo que tu piel, sienta el frío de mi ausencia. Recuérdame como un perro callejero, como un cariñoso perro vagabundo, que pasó por tu vida e intentó regalarte hermosos recuerdos.

Con todo el amor de mi corazón,

Tu perro vagabundo.

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