Mientras te alejas

Por: Héctor Cediel

Si mañana sientes que es hora de decirme adiós,

¡aléjate como los pasos de la muerte!

Permíteme soñar contigo hasta siempre.

No hay necesidad de abrir de par en par las ventanas,

encender la luz o despertarme con un grito,

para levantarme a vivir una absurda pesadilla.

 

Jamás me digas: ¡Adiós! ¡Aléjate en puntillas!

Nadie mejor que un hombre vagabundo

sabe que es sufrir cuando un amor se pierde.

Los amantes no somos de hielo ni de acero

y nos derriten los cambios necios del climaterio

 

Recuerda: Un hasta pronto, duele menos y es más piadoso.

Siembra la posibilidad de una ilusión… ¡mientras te alejas!

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Brindis

Por: Ana Rodríguez
Anoche brindé por ti en la terraza,
y decidí regalarte en secreto el polvo de después.

Brindé por mi mayor logro y mi mayor fracaso,
y por todo lo que tengo que contigo no iba a ser,
por mi vuelta a viejas costumbres de dormir sola,
de comer y follar deprisa.

Contigo me tomaba mi tiempo para todo, menos para mí.

Brindé y encendí un cigarro, y como siempre, volví a pensar en dejarlo,
quizá ya empiece estar preparada, antes no,
hubieran sido demasiadas pérdidas, la nicotina y tú,
aunque de todos mis vicios creo sin duda que fuiste el más perjudicial
pero con el que mejor alucinaciones tuve.

Así que en esto se resume, sintigo y con más,
pero con un mono tremendo de tu piel.

Imagen de pixabay

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En nombre del amor

Por: Conxita Casamitjana

Envíame un mensaje cuando llegues.

Al principio le había parecido precioso que se preocupara tanto. Había tanto cariño en sus gestos. Ni una duda, ni una vacilación. No requería ningún esfuerzo, no le costaba nada. Era fácil hacer que el otro estuviera tranquilo. Se querían tanto. Estaban tan enamorados.

Se acostumbró a informar. Empezó cuando llegaba a la oficina, salía para casa o a donde fuera ese día y después de cada paso que daba. Cada situación de su vida, tenía un mensaje o una llamada.

Se añadió la preocupación, cuando había una cena, ir al cine o quedar con los amigos y no asistían ambos. Casi sin salir ya había un compromiso de no tardar.

Te esperaré sin dormir.

Y era fácil. No costaba tanto llegar pronto, no le molestaba. Se sentía bien. Se adoraban.  El desvelo y el amor en cada mensaje, en cada palabra. Estaban tan unidos, todos se daban cuenta. Rechazaba cualquier comentario que no fuera lo mucho que se querían. Cuando hay amor, es natural ese interés por la otra persona, cuidar y preocuparse por el otro. Era bonito sentirse así de estimado.

—¿A qué hueles?

También se añadió esa pregunta y esa, quizá ya le molestaba más. Ese humeo desconfiado al llegar a casa. Justificar el humo, el perfume o cualquier olor que hubiera en el restaurante y que se le hubiera pegado. No le gustaba, pero era su manera de amar. En el fondo sabía que odiaba esa humillación al sufrir una inspección en toda regla. Había empezado a adorar los sitios cutres con olor a fritanga.

Se fueron terminando las salidas sin el otro, cuando se ama se comparte todo. Nada tiene sentido sin la otra persona. ¿Por qué salir solos? ¿Por qué tener amigos distintos? ¿Por qué ir de compras, al cine o vivir momentos con otros?

Se acostumbró a tener su móvil siempre a la vista. Su correo electrónico más público que nunca. Nada que esconder. Sabía en cada momento lo que estaba haciendo y con quién estaba. Antes de salir, antes de marchar, cuando iba a comer, cuando volvía. Imposible olvidarse, el resultado eran malas caras, silencio y lágrimas.

No conseguía recordar cuándo dejó de verlo hermoso. Se tornó insoportable, se asfixiaba en una red invisible de preocupación, cariño y amor. Esa telaraña, cada vez más espesa, más paralizante, imposible escapar. Costaba darse cuenta. Adoración, querer, estima y en nombre de todo eso, el derecho a sentirse propietario del otro.

—Envíame un mensaje cuando llegues.

Y dijo basta. No más preocupación, no más control, no más celos, no más obsesión. Aquello no era amor ni la vida que quería.

Y acabó.
Y se lo dijo.
Y la dejó.
Y no tuvo miedo.
Y no pasó nada…
Porque él era un hombre.

Imagen de Pixabay

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Marcas amarillas

Por: Loreto Liz (Lilith)

Yo creía que de tu paso por mi vida
no quedaban señales,
creía esto porque apenas recuerdo
ni el porqué de que te fueras,
pero se ve que en realidad impregnaste mi interior
como el humo a los pulmones,
porque ahora que te veo de nuevo
aparecen nuevas marcas,
como las que dejan los cigarrillos
en el borde del lavabo
de los bares en que nos besamos.
Marcas que no salen aunque frotes,
que pasan del ocre al malva, lo mismo
que las ojeras que me produce
pensar en ti demasiadas noches,
en las frías calles de noviembre,
en los domingos de la mano,
en aquella última tarde en que decidimos
que ya no nos amábamos.

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Recuerdos

Por: Kazumy Skyler

Imagen de Pixabay

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Cuando te acuerdes de mí 
piensa en aquello que no te pude dar
olvida todo aquello que te di con el alma
no sueñes con volverme a encontrar
y piensa que fui lo peor de tu vida.

Cuando pienses en mí
recuérdame como a un extraño
que pasó una parte de su vida
tras una ilusión de antaño
y al final se dio cuenta que fue en vano.

Cuando pienses en mí
no pienses en ti
porque nuestros caminos
hoy los separa el destino
mientras yo intento proseguir.

Carta del Maestro antes de partir hacia la isla

Por: Hector Cediel

Para Vera, ni abnegada y dadivosa estrella:

Deseo morir de tristeza y de olvido. No hay luz en el horizonte, ni colores en el arco iris. El silencio tu piel, es un abismo profundo. Los suspiros se desvanecen sobre la agonía. Me horroriza el futuro que nace huérfano y da traspiés profanos. ¡Todos sus pasos son juerguistas e intrascendentales! El vivir se ha tornado en una inmoral e impúdica costumbre. Día a día las actuaciones son más escandalosas y obscenas; es como si avanzamos hacia la autodestrucción o un suicidio colectivo. Hemos quedado en manos de un dios liberticida o cancerbero de nuestro tanatorio de sentimientos. Un dios que fomenta la anarquía y nos encarcela en mundanas pasiones. La realidad es incoherente con la lógica de la razón. El desvergonzado se ha declarado libre, para entregarse al desenfreno. Sobre el caos y la confusión general, se edifica. Los tiranos, los más calaveras, asumen los déspotas roles de la deshonestidad. Tenemos que abandonar el barco, así tengamos que saltar hacia la muerte. Los chacales nos acechan ahora que nos ven heridos o resignados a la bestialidad de la suerte. El paraíso se encuentra en llamas y casi nada se intenta para salvarlo el desencanto es inimaginable. De nada valen algunas esporádicas buenas intenciones. El meduseo cáncer se ha regado sobre la faz de la tierra. La continencia innata también ha desaparecido. Todo se ha convertido en una torpe y absurda orgía.

El vivir el ahora es privilegio muy pocos. El hombre se ha convertido en legiones de insectos, que vagabundean desesperados en un diario rebusque. La mayoría ya no piensa, ni se detienen para cuestionarse. Vivimos sin tiempo para nada, pero ni siquiera el tiempo nos pertenece. Estoy cansado y triste. Me siento desilusionado, desencantado. Pienso que todo fue en vano, se perdió el tiempo y desperdicie mi vida luchando por utopías. Se despilfarró y desaprovecharon los mejores momentos de esta vidorria; tal vez el error fue el pensar demasiado o cuestionarnos más de la cuenta. No entiendo como muchos pueden bloquear sus sentidos, insensibilizarse y simplemente dejarse arrastrar por los vientos.

Día tras día, la emancipación del hombre será una utopía. Nadie aspira o intenta evadirse de las murallas invisibles del destino; ninguno trata de fugarse de la caravana de los conformistas; la sumisión es absoluta y la esclavitud es universal. La sanguijuela se ha libado, lo mejor de mi sangre. Se ha difamado la buena intención de los sueños emancipadores o paladines.

Mi amor, estoy asfixiado por tanta inmundicia. No quiero desembarazarme de ti, pero quiero que tengas toda la libertad para volar hacia donde lo desees hacer. Analiza tus opciones y exhibe con autonomía plena lo que consideres óptimo o más conveniente. Tienes que atreverte a volar con osadía; ahora nadie te volverá someter a su voluntad. Tu destino desde ahora depende de tu libre albedrío, ahora que te has zafado de las garras que te esclavizaban. Recuerda que el amor jamás muere, simplemente anida en otro corazón.

Con el más profundo sentimiento,

El Maestro, tu animal de vuelo.

Marzo 2010

Imagen de Pixabay

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Dándose por vencido en el intento

Por: Sierra N

“No es tan sencillo”, pensé. Todo mientras estábamos frente a frente. Todo ocurría, pero faltaba algo.

¿Dónde quedó el amor?, eso era lo que teníamos. Se nos nubla la mente, explotan las emociones por la boca, llanto, ceño fruncido, gritos, manoteos. Personalmente pienso que si se va a terminar una relación hay que recordar por qué empezó, y si los motivos por los que se va a acabar todo, valen más que la pelea que ocurre. Es necesario acordarse de la primera sonrisa cómplice, de la primera vez que vimos una película de terror en cine, la majestuosa primera vez en que dormimos juntos, creyendo que, no existía más universo.

Recordar esos simples momentos en que las estrellas confabulan para la perfección. Cuando nos miramos a los ojos y reíamos sin sentido, seguido de un beso. Pero en otros momentos es todo lo contrario. Todo se vuelve nada por alguna cosa ridícula, y todo se arruina. Le miraba con los ojos aguados mientras me hablaba, era muy difícil no caer en lágrimas y pensar de manera objetiva. Quería creer que todo era falso, parpadear y que me estuviera besando. Al mismo tiempo quería que todo acabase y tener paz.

Nuestra historia era ciertamente complicada. Dicen que cuando dos personas se enamoran a primera vista, es que se aman desde una vida pasada, y lucharon para encontrarse en este mundo. Y, el tan generoso cosmos hizo que nos juntáramos. También cuentan que quienes se hicieron para amarse, sólo pueden amarse. Pero, es muy tarde. Nuestro tiempo cósmico acabó.

—Para —dije—. Terminemos aquí —su reacción a mis palabras me sorprendió. Miró unos segundos a la izquierda, viendo todo y nada al mismo tiempo; bajó la mirada, metió las manos en sus bolsillos, acto seguido, me miró. Nos miramos,  no pude contener mis ojos.

—¿Hablas en serio? —preguntó.

—Me cansé de peleas —hubo silencio—. Sin embargo, será un hasta otro día.

Imagen de Pixabay

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Romina

Por: Jonathan Muñoz Ovalle

Imagen de zuarte bolsas

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Ella… desnuda, inerte, liberada. Yo… aterrado, absorto, preso de la carne. La acaricio con mesura, como si tuviera que pedirle permiso, desde el rostro hasta los pies, en un último recorrido, cual beso del adiós. Mis dedos tiemblan. Ella, Romina, ahora sueña y nunca más despertará: Romina soñadora, Romina eterna.

La sigo acariciando aunque tengo en la memoria cada zona de su cuerpo. Mis dedos no dejan de temblar, ya no quiero seguir. Me detengo y separo mis manos. Respiro hondo, tomo valor y contemplo su cuerpo por última vez: Romina hermosa, Romina siempre mía. Saco la navaja, empiezo de manera temblorosa a cortar un trozo de su muslo y me lo llevo a la boca para calmar el hambre.

Nunca imaginé comerme a otra persona, mucho menos a mi novia, pero no conocía las reacciones del ser humano en una situación como esta. Estamos perdidos en las montañas, con fríos intolerables y al parecer nadie nos rescatará. Los víveres se han terminado y no es el primer día que como carne humana. Éramos varios, ahora somos dos y un cadav… Y Romina. Extiendo mi mano para darle la navaja a mi compañero, sé que tiene que alimentarse pero no estoy muy convencido. Siento que Romina, incluso así, es solo mía. Me levanto, salgo del refugio y el recuerdo que me perturba desde ayer vuelve a invadir mi mente.

—Voy a morir y terminarás comiéndome —me dijo Romina.

—No, no lo haré.

—Sí lo harás, con los demás lo hicimos.

—Pero tú eres diferente, Romina.

—Somos iguales. Sé que lo harás.

—Por favor, no te mueras.

Sus ojos azules empezaban a apagarse. Contemplé su rostro y lo acaricié mientras me decía con dificultad:

—Anoche me dijiste que querías que fuera tuya para siempre.

—Sí. Y lo sigo diciendo.

—Pues lo seré mañana o pasado mañana, cuando el hambre sea insoportable.

Adiós

Por: Loreto Liz (Lilith)

Un silencio escandaloso circulaba
entre nosotros aquella madrugada.
Abrazados,
ignorando a todo aquel que intentara separarnos
acariciamos las espaldas y los cabellos,
y rezamos
porque aquel abrazo durara para siempre,
y se hizo eterno como aquella noche larga,
cálida y oscura noche de julio.
Pero lo que duró para siempre fue aquel adiós.
Nos vimos otras veces,
pero ya estábamos marcados por su sombra,
la soledad, la pena y el adiós de aquella noche
se cernían sobre nosotros
y nos apretaban la cintura.
Lo vivimos todo muy deprisa,
a grandes bocanadas nos bebimos la vida
y lo que pudo ser vivir la juntos.
Lo que soñamos y lo que nunca fuimos
se lo llevó de un plumazo un invierno
y ni siquiera volvimos a vernos para decirnos adiós.