No me importa

Por: Fernando Bermúdez.

No me importan ni las penas, ni tus días, ni las fraguas que pudieron recorrerte. Estoy aquí declamando un suspiro, es necesario quererte a voces, extrañarte a pautas, mirarte mientras no dices nada. No me importan las condenas que has pasado, las caricias que hoy son recuerdos, no importan tus fantasmas que me visitan cada noche, no me importan los kilómetros que te rigen, ni mucho menos las leguas de tus besos.

Te he plantado en todas partes, te hecho silencio por que así gritas más fuerte, le he dicho al viento que te abrace, que te regale escalofríos, sé que odias el frío, que amas los abrazos,  te gusta el mar en tiempo de lluvia, que esperas  a las estrellas en el balcón, que la soledad te da miedo, que no te gusta la noche si no hay luna que vigile, sé que te gustan los claveles, que lees a Sabines cuando estás enamorada, también sé que no me importa amarte sin  recibir alguna mirada.

No me importa saber que tienes miradas para todos, no me importa… No importa saber que el amor es un proyecto de largo plazo, no me importa saber que te extraño cada noche y nunca te he tocado, no me importan ni los días, ni mis ganas, ni nada de lo que pasa en este momento si no estás tú en mi vida.

Tiemblo por cada suspiro perdido, me dejo morir en cada día muerto, voy a diario recogiendo tus pasos, tengo Fe y te rezo a besos, como dulce religión en busca de crecimiento. Y aquí estoy con versos cobardes, con valientes letras diciéndote lo que yo no puedo por falta de esmero, por falta de cielo, es que las piernas se me contraen, mi corazón se torna en coma, no sé cómo no puedo ir y besarte, dejar que el tiempo se consuma, dejar todo a la playa y sus vientos.

El resto de mi vida si tú quieres la tienes para escribirla, te puedo dejar la tinta, mis hojas, te dejaría con un abecedario amplio, con letras indelebles, dejaría todo en tus manos con tal de que escribieras. Mi vida no es demasiado sorprendente, pero tiene muchas fábulas y pocas moralejas, mi vida está hecha de lágrimas y lluvia, de caricias mermadas, de tertulias en el armario, de pieles en el olvido, no me importa naufragar si tú escribes la historia, no me importa estar entre letras, pero siempre tocando al cielo, escuchando el silencio mientras nuestros labios hacen orquesta con nuestros cuerpos.

 

No me importa ser tus suspiros.

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Si tuvieras corazón

Por: Loreto Liz (Lilith)

Si estuviera segura de que tienes corazón

trataría de tocarlo

apenas con la punta de mis dedos…

Haría el esfuerzo por acunarlo en mi pecho,

no dejaría que nadie lacerase sus costuras…

Si tuviese la certeza de que en tu pecho

no hay más que un hueco,

yo misma iría contigo

hasta las puertas de la Ciudad Esmeralda

a ver al Mago…

Si supiera a ciencia cierta

que no me explotará en las manos

lo amasaría fuerte hasta que recuperase

al menos un latido

cada vez que estoy enfrente…

y no sé si es por miedo o por vergüenza

pero nunca has demostrado que tuvieras corazón…

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No te quiero

Por: Loreto Liz (Lilith)

Quiero hablarte y quisiera estrecharte
contra las cosas que no entendemos.
Cambiar un reproche por un “te espero”
hacerte comprender que algunos de mis gritos
están hechos de silencios.
Yo no te quiero para mí, pero no tenerte
es como sentir que me caigo a un agujero.
Quisiera hablarte y te espero dando gritos en silencio,
pero no te quiero…

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A lo lejos

Por: Héctor Cediel

Soy la sombra en lontananza
que intenta seducir tu mirada.
Siento que nada me acerca a ti.
Acepto el laudo fallo del destino,
el que castiga la levedad de mi vida.
¡Lánguida y vehemente! -contradictoria-

De punta a punta.
De principio a fin.
Amistosamente me enemisto
con el Ser Supremo
-el despiadado verdugo titiritero-.
Sollozo cual príncipe
que teniéndolo todo
no posee nada, ¡sólo riquezas!
Danzan las horas del tiempo
con ardientes e impetuosos pasos.
Regalan las emociones sus sentimientos
en malatos jirones de gozo y tristezas.
Se asombran las miradas permisivas
de las laberínticas paredes.

Despertó el mañana en presente.
Mis ahoras mutaron en recuerdos.
Observo fluir el río
y el vadear del tiempo
desde la silla mecida por el viento.
Los sueños son el faro de mi vida
y la gran esperanza en la muerte.

A lo lejos la sombra en lontananza
emigra como la leva de los amores tenues.

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Ausencia

Por: Andrea Gómez

Su sonrisa reflejaba la felicidad que cualquiera desearía alcanzar, pero aún así se sentía vacía. Siempre supo lo que le faltaba porque observaba todos los besos y abrazos que llenaban las calles. Aquello que algunos pasan por alto, otros los reclaman. El mundo está plagado de cariño; el problema es que no está bien repartido.

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Me estás matando

Por: Loreto Liz (Lilith)

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Haz algo, porque me estás matando…
no vas a entender mis palabras,
ni mis peligros, mi dolor, mi angustia,
seguro que estarás pensando que exagero,
pero si sigues así vas a matarme…
a matar el brillo en mis ojos cuando hablamos,
a matar mis dedos ligeros para atenderte,
a matar las risas tontas en las madrugadas…
Te extraño y seguirte esperando,
eso, también me está matando…
sueles decirme loca y creo que aciertas,
me vacío y me termino envolviendo
en la locura de no saber
si debo insistir, si debo abandonar,
abandonarte, abandonar la idea
de que me sigas queriendo…

Nada es como esperabas

Por: Juan Manuel Aguilar Antonio

Quedamos de vernos a las siete.

Yo llegué en punto, ella con un retraso de quince minutos.

Al mirarla a lo lejos pensé en lo bien que se veía, pero en el fondo esperaba que hoy algo fuera diferente.

Tomamos un café y platicamos por horas, caminamos por cientos de calles, a tal grado que creo que rodeamos la ciudad entera.

Casi al final de todo, entendí que desde el primer momento en que la vi acercarse supe que nada en este encuentro saldría como imaginé.

Nada fue como predije, y sin embargo, me la he pasado tan bien que quiero evitar la posibilidad de perder este recuerdo algún día.

De ahí la necesidad de escribirlo y vivirlo en cada lectura.

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Llamar perjudica seriamente la salud

Por: Alicia Miller

Ha pasado una semana.

Apareces, das señales de vida, se renuevan mis ganas.

Mi alma queda en stand by para saberse sola de nuevo, abandonada otra vez en un instante.

Ya es la segunda vez que me dejas sin haber vuelto. La tercera en total.

No soy yo quien te busca. No soy yo quien te habla. Te llamo a gritos, pero en silencio. No puedes oírme. Es imposible.

Y me enfado, y sé que captas todo a la perfección. A lo peor me equivoco.

Probablemente no seas tan listo. Y sólo dispones de inteligencia lingüístico-verbal, musical y matemática por lo de la big data (soberbia, eso sí) y yo pensaba que tenías instalada al completo la teoría de inteligencias múltiples. Careces de la más importante. Es sencillo.

Una semana después decido no darte más cancha. No jugar más a tu juego.

Se me ha roto el  otro mando. Y en mi mundo ya no hay partidas dobles. Inserta moneda en otra parte.

No quiero ser tu Jimena, y creo que ya pocas ansias me quedan de que tú seas mi Joaquín, que aunque parece más golfo y menos elegante, te saca kilómetros de ventaja en la carrera del cortejo.

A Joaquín lo esperaría porque sabe cuidar muy bien de todas sus mujeres.

Es menos egoísta. Tú eres de mentira. Puro postureo.

Es recurrente pensar siempre en la penúltima persona que estaba en tu vida, justo cuando la última se ha marchado por la puerta. En tu lista de amantes hace tanto que no figuro que no estoy ni en los cinco últimos puestos para pasar a segunda división.

¿Por qué sigues manifestándote? Claro, soy tu debilidad.

Como no entiendo muy bien, (debilidad no es un sustantivo con tintes agradables en mi diccionario, esperaba más carga emocional, más tragedia… Yo lo asocio al chocolate, al sexo, al placer efímero), corro a la RAE a buscar su definición:

Debilidad:

(Del lat. debilĭtas, -ātis).

  1. f. Falta de vigor o fuerza física.
  2. f. Carencia de energía o vigor en las cualidades o resoluciones del ánimo.
  3. f. afecto2. Sentía por él una gran debilidad.
  4. f. coloq. Sensación de hambre.

¡Vaya! Yo pensando que esto era una historia de amor de las épicas, y resulta que lo único que ocurre es que tienes  hambre. Entre plato y plato. Y por eso llamas o escribes. La próxima vez fúmate un cigarro, ya sé que lo has dejado pero querido niño guapo de voz sublime, no me llames para perjudicar seriamente mi salud y la de los que me rodean. Mátate tú solito.

Una semana reviviendo la historia.

Sucede cada vez que escribes, el ayer vuelve y me sumerjo en aquellos años: tú y Azul…..mi corazón en medio planteándose a quién ama. Yo, paralizada, aferrada a mi miedo para no escapar contigo, porque da más miedo aún. Se acabó.

Te escribo hoy para decir que se acabó.

He cambiado de proveedor y este último vende una ilusión que es de puta madre. Que tarda en romperse, muy resistente, y no apareces como elemento en la composición.

Demasiado tiempo.

Vamos a razonar juntos como antes. Imaginemos y lleguemos juntos a la conclusión de que será mejor no vernos:

Fijamos cita y días antes todo en nuestra cabeza guionizado hasta el momento del encuentro en el que todo se va al carajo.

Yo, con mil apuntes mentales de lo que debo, no debo y quiero decir, para sorprenderme a la media hora callada, mordiéndome la lengua, porque tú tienes más necesidad de ser escuchado (no mejores cosas que decir).

Logorreica pero muy educada, digeriré como pueda que no he sido tu última debilidad, hoy sí me concedes la oportunidad de serlo. ¡Ja!

Me contarás que a tu última chica no le gusta París, ¡con lo que tú la querías!

Que no te agradeció nunca nada. ¡Con lo que tú eres y con todo lo que tú das!

Que viene de cuna baja, no tiene pretensiones la muy paleta y su padre es ¡portero de finca!

Leyéndote pareces mucho más gilipollas.

(Mi padre era empresario, y soy una princesita, no de las que creó Disney para confundir a las mujeres: una auténtica macarra de cuento. Ojo conmigo. Además, me quedo con Cádiz y sus playas. Para ti París.)

Sólo aparecerá la pasión para narrarme tus intervenciones estelares en tu último Máster.

Y luego, cuando te canses de hablar de ti, volverás a decirme que soy LA MUJER, y que sólo yo duermo en tu cama.

Perdona pero me he perdido, en algún momento. Yo esto lo entiendo como un “follamos y me voy” que tampoco me supone ningún problema. Pero es que yo las cosas tengo que entenderlas y, sobre todo, llamarlas por su nombre.

Busco en tus palabras, un “te he echado tanto de menos, quédate, no te vayas, sin ti no soy.”

Pero no lo encuentro. Tú que lo das todo aunque el pabellón auditivo lo tengas tan repleto de mierda que te impide escuchar lo que sin decirte te he dicho una y mil veces con esta boca que ya no besas.

Hastiada de meter mis brazos hasta los codos y escarbar y remover tu alma y la mía para ver si encuentro todo eso.

No tengo suerte.

Esta vez no le echaremos la culpa a mi incapacidad para contarte lo que por ti siento. Porque en mi camino hacia tu encuentro es lo único que deseo: repetir lo que sólo escuchaste una vez. Pero pronto descubro que la protagonista de mi cuento no soy yo. Y lo único que puedo hacer con tu vanidad es darle mi silencio. Y hacerte el amor a la vez que vuelvo a bucear contigo y con Azul en aquel océano de profunda angustia.

A mí no me compensa, ¿verdad?

Te ruego niño lindo que dejes de jugar en mi patio. Llévate la pelota a otro sitio. Lánzala a otros tejados .Y desaparece, deja mi mundo tranquilo. El que vivo sin ti. El que sin ti tenía por bandera la anestesia emocional.

Entra en el primer McDowell´s que veas y engulle, sacia tu hambre, tu debilidad. Si se te indigesta no me llames para decir que estás enamorado. Son retortijones.

Mi flaqueza siempre ha sido de origen terrenal, carnal, más esculpida en gimnasios y con menos cerebro (La mató empuñando un sustantivo erróneo): Ahora mide dos metros tiene un yorkshire, y es bombero. Hoy mi debilidad está trabajando, me llamará en un ratito, así que mañana espero tener una resurrección  vespertina sublime a base de manguera.

Vacío mi pasado de contenido emocional para llenarlo con debilidades e ilusiones.

Y ya te lo he advertido: mi nuevo proveedor es la hostia.

Imagen de Edu

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