Carta desde el infierno de un perro vagabundo a su amada

Por: Hector Cediel

Vivo el infierno de lo que es estar muerto en vida, porque así lo siento. Deseo gritar y que el eco le arranque el palpitar a mi corazón. La vida se ha tornado en un absurdo laberinto oscuro, sin puertas de escape. La soledad no es ese plácido paraíso en donde encuentran inspiración los sentidos, sino un túnel lleno de desconciertos, de preguntas absurdas, sin respuestas lógicas, de miedos con colmillos.

Siento las manos heladas y congelados los pies. Siento burbujear a la angustia por mis venas. No encuentro respuestas lógicas a una enfermedad invisible, me vislumbro un atisbo de luz de esperanza siquiera. Nadie se imagina el infierno que genera una angustia, sin respuestas. Sabía que tarde o temprano te cansarías de compartir un mundo sin mañanas, un paradójico  manojo de esperanzas marchitas, y quizá siempre fui o no soy más que eso: un talego de ilusiones muertas.

Sin ti, lo he perdido todo. Sé que a pesar de no ser las cosas como parecen, o como tú imaginabas que eran, terminarías por cansarte de esperar o de intentar comprender que las cosas eran o son, como yo te decía. Una lluvia de te amos, jamás serán suficientes para edificar una relación hermosa, o para augurar un futuro promisorio a una relación.

Me siento despedazado por la realidad de mi entorno, así me consideren muchos una persona demasiado afortunada, e inclusive sé que he sido envidiado por algunas personas. En verdad me siento demasiado solo, después de haber sido admirado como un hombre  amiguero y exitoso.

Ya no sé qué hacer para recuperar y disfrutar de un espacio propio, por mínimo que sea. Me cansé de escuchar injurias o comentarios malintencionados, y que han puesto mi paciencia y mis nervios, al borde del límite extremo. Irónicamente en este momento sólo cuento con una amiga virtual, pero tampoco deseo fastidiarla con mis problemas. No sé si entienda o comprenda la razón por la cual he huido de todas las comunidades virtuales. Hoy más que nunca, necesito un mínimo de sosiego y de una absoluta soledad. No deseo reventarme, a si la felicidad sea tan relativa y frágil, como la belleza de una pompa de jabón.

Sólo deseo darte las gracias por tus generosas palabras y compañía. Jamás te olvidaré, así que haya defraudado como amigo en algún momento. Sé que no fui el mejor amigo y quizás me comporte como un tonto contigo, y por eso te pido perdón una vez más. Sólo deseo conservar un hermoso recuerdo mi corazón.

Te quiero, te envío una vez más, mil besos, porque no deseo que tu piel, sienta el frío de mi ausencia. Recuérdame como un perro callejero, como un cariñoso perro vagabundo, que pasó por tu vida e intentó regalarte hermosos recuerdos.

Con todo el amor de mi corazón,

Tu perro vagabundo.

Imagen de Pixabay

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Carta del maestro a su amante

Por: Hector Cediel

Recordada Vera:

Me fascina la inocencia de la ignorancia, cuando pretende que uno escriba, lo que se ansia leer o escuchar. Opino entonces que todo lo que sé por ese desorden, sólo generará una constelación de bostezos o conceptos absurdos. Cada verso tiene que ser una liberación de la cárcel de los sueños, cuando observo el paradójico mundo como un evento del absurdo de la miseria; mientras la hambruna desesperada de unos pocos débiles, pretende agarrarnos a todos, enlazándonos con alambres con púas.

El sexo prostituido se pavonea con una triste voluptuosidad raptora y murte, provocando la risa de los dedos que señalan sus partes eróticas envejecidas y caídas. No hay esperanza en nada ni en nadie. Los papeles se van a amarillear sin haber cumplido con su misión: Dejar un mensaje claro y pragmático. Desnudo intento cerrarle con desesperados besos y caricias a una esperanza herida, sus laceraciones. Luce cual amante desteñida embestida por la angustia del ritmo, que intenta hacerte olvidar que las cenizas de tus tragedias y de las huellas que no alcanzó a borrar de la memoria del tintero. Luce como una muñeca triste que sólo supo encarnar historias trágicas y turbias. Juega al azar siempre con los mismos números, con la fe y la perseverancia de los perdedores. Es injusto que la lotería de la vida no te regale un chance, ya que un premio muchas veces es una oportunidad más justa, para soportar con una mínima dignidad: la vida. No sé si existan los números que puedan enmendar todo el daño; pero de lo que si estoy seguro es que de tanto tentar la buena suerte, algún día podrás abandonar la madriguera o simplemente te sorprenda la muerte, como a algunos temerarios.

Sé que tu vida está llena secretos, incluyendo mi presencia en tu vida. Tienes que aprender a correr riesgos, pero más calculados. No puedes creer más en promesas necias, ni en rezos o oraciones, ni en esas amistades que son como nubes que se convierten en plumas de bruma. Pienso que estás ligada por un conjuro de tu ex amante, que te impide vivir con libertad tu destino; es como la sombra de un enano, lo que te molesta y angustia. Esa lobreguez es la tormenta que oscurece tus sueños. Tienes que releer los sonidos del viento, para que puedan irrumpir tu alma las buenas intenciones. No creas en los juegos de palabras, que intentan mostrar un sol de verdad, para que ocultes tus deseos o para poder de penetrar el viejo hombre, ese mediocre que no puede pasar de incognito por la vida, sin que griten sus lágrimas poseídas por el miedo. Deja que tu alma llore y la ventana disuelva tu tristeza, cuando se evapore toda la confusión de tu cabeza.

Soy como una mosca intrusa que revolotea por toda tu alma o el iluso enamorado que siempre va a una cita a ciegas, con el desencuentro o el fracaso. Ya no eres dueña de nada y la hora fatal te ha llegado. Déjate arrastrar a la deriva, a merced de las aguas del destino. Todos los que podían hacerte daño, ya te lo hicieron. Ahora tienes que callar y seguir hacia adelante como las bestias arreadas o como los enamorados que conocen el camino de su querencia. Nada de ti ha sobrevivido para la lujuria, ni tienes nada de honor, de vergüenza, ni de orgullo para defender.

Escribiste a tu manera el guión de tu destino, así intentes con lágrimas borrar el sucio por tus errores, atemorizados por la sombra de los gritos. Ahora comprendo cómo te domesticó la retórica necia de tu amante, que se pretendía sabio y te imponía rencores para dominar tu razón. Por eso, escribo lo que pienso; ya que mi voz, sólo es viento que navega por el aire como el sahumerio. No te pierdas en el oficio milenario de las perdedoras, de las guerras necias y absurdas, de las pérdidas, de las putas murtes, que a pesar de su astucia, vagabundean por los caminos más absurdos y peligrosos.

Deja de temblar como los labios ante el inminente beso, ya que conoces los rituales del amor y el baile de las borrascas, cuando encaran hacia la luna su desvergonzado rostro. La sonrisa de la noche es triste y te he escrito para arrebatarle a la soledad, tu alma de las tentaciones mundanas. Tienes que soltarte de la primera estrella salvavidas que conociste y asumir con valor tus responsabilidades. Recuerda que la razón puede confundir a un girasol con una rosa, ya que la ceguera del alma es peor que la de los ojos.

Hay ceremonias que son peores que un asesinato. Hay recuerdos que degüellan los días más hermosos, para intentar con la sombra de los derroches, ocultar los días grises que nos devoran por dentro. Se puede fracasar sin perder el alma; claudicar frente a la aurora de las esperanzas. Tienes que aprender a pedir con amor, para que se te den las cosas y puedas festejar sin gritos, el precio de tus entregas. Entiendo que es por culpa de la ingratitud, tu desconfianza. No es fácil parir una ilusión, ante un porvenir tan cambiante e imperfecto, que sólo deja una estela de cenizas y la violencia de un fuego sin calibrar, como la mirada confundida de tus fantasmas.

Voy a respetar tu sueño y te aguardaré desnudo a la intemperie, en este absurdo camino sin árboles ni destino. La vida está llena de monigotes y los días terminan convertidos en páginas en blanco por escribir; pienso que yo soy uno de ellos en tu mundo.

No sé si puede interrumpir tu soledad o si te has dedicado a vivir simplemente para descubrir, las consecuencias de tus travesuras. Todos te presagian un futuro oscuro, si continúas por el mismo camino. Todo se puede presagiar, si se aprende a observar y a dar el primer paso con el pie correcto. No encendamos las alarmas del amor antes de tiempo, si pretendemos escapar de los sentimientos carcelarios. No te mires en ningún espejo, ni siquiera intentes verte en el espejo de otro, ya que nada se parecerá a la imagen que verás y en cambio sí tendrás que desmentir, los engaños del artificio y los pasatiempos del ocio, que son más peligrosos que los pensamientos que muerden, cuando se ensañan como perros rabiosos contra nosotros; puedo sentir los pasos de los sueños que nos enloquecen y desvelan.

Con todo amor, quedo en espera de tu respuesta.

Tu animal de vuelo,

Marzo del 2010

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Carta puesta en el buzón virtual

Por: Hector Cediel

Señora y amiga mía:

Sé que te ha enseñado la experiencia, a ser prudente con extraños. Te busco, no por necio o simple empeño. Estoy cansado de vagar descalzo, de caminar sin rumbo, de patear charcos…. Deseo calentarme con el fuego de tus deseos, para no morir de olvido. No le niegues nunca tu angelical sonrisa, a mí mirada. Compartamos secretos de nuestras vidas y almas, que serán íntimos y sagrados. No espero más que la miel de tus labios y los sueños de tu alma. Tus versos gozan del poder encantador de las mitológicas musas; y tu cuerpo, el de las llamas y cenizas del volcán. Dejemos que nuestras almas, se abracen y gocen, cual adolescente descubriendo, sensaciones amorosas. Disfrutemos del encanto de la fulgurante luna, aborrecida por fantasmas. No le digas no al demonio, que delira por tu piel y que habita mi corazón. Jamás vuelvas a pensar, ni a insinuar que estamos lejos. Disfruta del encanto y de los hechizos, de los hoy y de los ahora. Tampoco nos esposemos con promesas innecesarias. Piensa en los prados de la azul pradera, que compartiremos, antes de ser olvido. Sé que se apagará el vivo resplandor de lo bello, si no somos correspondidos. Es necio el cantar de los gemidos, escuchemos las exhortaciones de la carne viva. Ni los trajes ni las pedrerías, embellecen tu cuerpo, como la badana de tu dermis al desnudo. La policromía de tu alma, se refleja sobre el iris, en tus ojos. Es impetuoso el resplandor perfumado de mujer bonita, que brota cual suspiros, de tu cuerpo. No necesito de palabras, ni caricias de limosna. No existe peor tortura que desangre más al corazón, que asfixiar a las esperanzas, sin una despedida. Es natural que tiemble el cuerpo, con unos pechos voluptuosos. Son lujuriosas las miradas de las ardientes bocas, cuando la carne vencida se embelesa, besando los pétalos de la rosa. Definitivamente: Los senos entre más misteriosos y desconocidos, más ponzoñosos. ¡Extasiadme con el cántico del fuego, de tu exótica belleza!

Quedo en espera de tu misiva, Señora mía.

Tu amigo y admirador: El perro vagabundo

Diciembre 2012

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Carta del Maestro antes de partir hacia la isla

Por: Hector Cediel

Para Vera, ni abnegada y dadivosa estrella:

Deseo morir de tristeza y de olvido. No hay luz en el horizonte, ni colores en el arco iris. El silencio tu piel, es un abismo profundo. Los suspiros se desvanecen sobre la agonía. Me horroriza el futuro que nace huérfano y da traspiés profanos. ¡Todos sus pasos son juerguistas e intrascendentales! El vivir se ha tornado en una inmoral e impúdica costumbre. Día a día las actuaciones son más escandalosas y obscenas; es como si avanzamos hacia la autodestrucción o un suicidio colectivo. Hemos quedado en manos de un dios liberticida o cancerbero de nuestro tanatorio de sentimientos. Un dios que fomenta la anarquía y nos encarcela en mundanas pasiones. La realidad es incoherente con la lógica de la razón. El desvergonzado se ha declarado libre, para entregarse al desenfreno. Sobre el caos y la confusión general, se edifica. Los tiranos, los más calaveras, asumen los déspotas roles de la deshonestidad. Tenemos que abandonar el barco, así tengamos que saltar hacia la muerte. Los chacales nos acechan ahora que nos ven heridos o resignados a la bestialidad de la suerte. El paraíso se encuentra en llamas y casi nada se intenta para salvarlo el desencanto es inimaginable. De nada valen algunas esporádicas buenas intenciones. El meduseo cáncer se ha regado sobre la faz de la tierra. La continencia innata también ha desaparecido. Todo se ha convertido en una torpe y absurda orgía.

El vivir el ahora es privilegio muy pocos. El hombre se ha convertido en legiones de insectos, que vagabundean desesperados en un diario rebusque. La mayoría ya no piensa, ni se detienen para cuestionarse. Vivimos sin tiempo para nada, pero ni siquiera el tiempo nos pertenece. Estoy cansado y triste. Me siento desilusionado, desencantado. Pienso que todo fue en vano, se perdió el tiempo y desperdicie mi vida luchando por utopías. Se despilfarró y desaprovecharon los mejores momentos de esta vidorria; tal vez el error fue el pensar demasiado o cuestionarnos más de la cuenta. No entiendo como muchos pueden bloquear sus sentidos, insensibilizarse y simplemente dejarse arrastrar por los vientos.

Día tras día, la emancipación del hombre será una utopía. Nadie aspira o intenta evadirse de las murallas invisibles del destino; ninguno trata de fugarse de la caravana de los conformistas; la sumisión es absoluta y la esclavitud es universal. La sanguijuela se ha libado, lo mejor de mi sangre. Se ha difamado la buena intención de los sueños emancipadores o paladines.

Mi amor, estoy asfixiado por tanta inmundicia. No quiero desembarazarme de ti, pero quiero que tengas toda la libertad para volar hacia donde lo desees hacer. Analiza tus opciones y exhibe con autonomía plena lo que consideres óptimo o más conveniente. Tienes que atreverte a volar con osadía; ahora nadie te volverá someter a su voluntad. Tu destino desde ahora depende de tu libre albedrío, ahora que te has zafado de las garras que te esclavizaban. Recuerda que el amor jamás muere, simplemente anida en otro corazón.

Con el más profundo sentimiento,

El Maestro, tu animal de vuelo.

Marzo 2010

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Carta a la deriva

Por: Héctor Cediel

¡Qué alegría es verte y sentir tu piel, para el corazón que te anhela! Tu belleza te ha hecho dueña de mi vida y de mi muerte. Solo tú conoces la enfermedad que me aflige. La belleza no lo es todo, si no se aprende a ver el alma. El amor solo reduce o aumenta las realidades. La pasión de mis sentimientos, es más ardiente que las brasas. Besas como si quisieras tragarme, así como el mar se devora a los cuerpos vencidos o resignados. Trato de alcanzarte y te alejas como una estrella caída en el mar. Estoy cansado de gemir de los duelos y que el aire invente tu sonrisa de mujer amada. He tratado de ser la sombra que siempre he perseguido. Creo en la resurrección de la carne, ya que la suerte creó como hermanos al amor y a la muerte. Ven a recoger dulzuras para que los secretos de tu sangre, soporten a las locuras del invierno. Mi fatigada juventud te imagina y no desvirtúo sus intenciones. No quiero que pasen los deseos de largo, sin cumplirse. Ahora me hieren los golpes de felicidad, me matan. Las noches continúan cubriéndome con su ardiente cuerpo. Las alabanzas del amor nos atrapan con el gozo de sus redes. El vino de la noche me iluminó, para que pudiera embriagarme con el espíritu del placer. Lleno de asco, el amor se suicida. Levanta el luto de tu piel y ¡vive! Deja que resucite tu hermoso cuerpo. Abracémonos hasta respirar la muerte.

Déjame probar la miel ardiente en tus labios purpurinos. ¿Cómo no rendirle culto al placer, cuando resplandece cual diamante, las líneas de tu cuerpo? Los placeres labiales me atragantaron con estrellas. Desnudos los cuerpos se sugieren para la desacralizadora conquista y la copula. Floto sobre tu desnudez, como un rio cabalgando a pelo otro rio. Nos entregamos a navegar, sin desteñir nuestros sueños. Tus muslos aun gozan del sabor a caramelo y del olor a los gemidos de las selvas. Te adulo con palabras prohibidas, mientras te enjabono para incensar a las sensaciones nauseabundas que nos asquearían en otras situaciones. La paz que aportan las entreabiertas piernas, se devora al barco entre la bruma con cantos de amor marinero que rasgan la carne. Tu vaso misericordioso me embriaga, para que no muera de olvido. Eros vomita sobre las sabanas. Después… El abandono hasta que nuestros cuerpos plácidos comienzan a amarse una vez más. Después de compartir contigo las conquistas de las cumbres, la desventura me regresa al fango cual ramera murte. ¿Aceptamos la llegada del momento de la separación? Solo el miedo nos obliga a evitar el contacto con la realidad. Las sombras de tus amantes danzan sobre tu vientre, como las agonías de las noches de sexo. Dormimos profundo y desgarbadamente, embriagados por los recuerdos. Enterré la memoria de tu cuerpo, en los extramuros de los laberintos del pensamiento. Me encanta recordarle a la imaginación, que el pasado concibe imágenes o inventa algunas con los retazos de los recuerdos que logra rescatar, después de los naufragios inverosímiles o fantásticos.

Junio 2012

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Carta a Julia

Por: JJ Conti

         Ahora que me he perdido en tu tiempo, que tus días están desordenados, que vives a saltos hacia atrás y hacia delante; te escribo estas palabras, esta guía de viajes, este mapa de carreteras para que puedas encontrarme.

         Nuestro amor, querida Julia, llegó tarde. A nuestros sesenta años nos reconocimos, nos miramos y suspiramos aliviados tras tantos años de búsqueda y descanso. Tardé demasiado en esta vida en encontrarte, bueno tardamos que no siempre voy yo a tener la culpa. Descubrimos mirando viejas fotos que tuvimos más de una oportunidad, pero mirábamos sin ver. Parejas de baile que se rozan pero que no se llegan a chocar. Solo cuando fluimos, el universo nos toca una chiapaneca y nos obliga a cambiar de pareja, siempre, y eso es lo verdaderamente importante , que no paremos de bailar.

         ¡Y qué baile! Querida Julia, como nos hemos movido, que giros… Ahora que te miro y casi ningún día me reconoces: echo de menos tu sonrisa cómplice, las galletas de lengua de gato recién hechas (bueno para ser sincero nunca dejaban de ser recién hechas porque nunca les dejaba vivir mucho), el vals de Amelie que tanto nos gustaba bailar las tardes de domingo, aunque claro a nuestra edad todos los días eran tardes de domingo, un largo domingo de noviazgo… en el que pactamos solucionar la falta de tiempo.

         Estudiamos nuestras vidas, recopilamos detalles y sensaciones buscando patrones y situaciones casuales (causales) que de haber corrido tras ellas nos hubieran unido antes. Ambos acordamos esconder en el otro un detalle insignificante pero significativo y así poder reconocernos más rápido en la siguiente vida.

         En mi, escondiste la sonrisa de Cheshire (el gato de Alicia), mitad locura mitad incongruencia, muy a tu estilo dijiste, y ese increíble don natural que tienes de aparecer y desaparecer cuando menos lo esperas o necesitas… recalcaste.

Yo, en ti, puse una sombra más pequeña de lo normal, que casi tuviera que buscarla y cosértela porque amenazaba fuga en cualquier momento, y un lunar en forma de dedal al que besar y llamar beso.

Caminar junto a ti… sentir tus dedos, mirar tus ojos que no habían envejecido; cuando solo nos mirábamos a los ojos veíamos un niño deseoso de aprender y conocer junto al otro, juntos, junto a ti…

         Esa rara sensación de que ya nos conocíamos, de que no era un encuentro sino un reencuentro, eso fue lo que nos convenció a ambos, siendo más ateos que creyentes pero mas sensitivos que indolentes, de que debíamos preparar el mundo para nuestra siguiente venida, teniendo en cuenta lo desoído en esta.

En esta carta te indico las señales:

La mariposa indica el cambio de sentido, arriesgarse a cambiar. Así que cuando veas una mariposa que se posa cerca de ti será el momento de cambiar, de dar un giro en tu vida.

         El 5 es la búsqueda, el movimiento y la libertad, tras el cinco estoy yo, a este número tienes que estar muy atenta, es un gran numero sin duda, algo terco y aventurero pero una fuente infinita de diversión, (el tuyo me lo guardo yo).

         Ambos repartimos el símbolo infinito construido no por líneas sino por palabras que en mayor o menor medida indicaran emociones, si lo ves tatúatelo en alguna zona de tu cuerpo que pueda ver (yo hare lo mismo). Fíjate en arboles, paredes, libros y muebles usados, allí lo encontraras y algún detalle más que descubrimos nos recordaría.

Y nuestra cabaña, nuestra pequeña casita, con un largo camino de baldosas amarillas. Es fácil llegar, solo sigue el sendero amarillo y ten fe.

         Fue en aquella cabaña cuando por primera vez, mirándote al espejo, que no a través como tantas veces quisimos, se presentaron los primeros síntomas de olvido. Te encontré llorando, con las manos tapando tus ojos. ¿Que te pasa cariño? Me miraste con la mirada enrojecida y mojada y me preguntaste que como es posible que con tan solo cincuenta y cinco años tuvieras aquel aspecto… Tu mente había comenzado su viaje errático en el tiempo, el día de la marmota sin conciencia.

         Te he cuidado cada día, te he peinado como tanto te gustaba. Nunca he llorado delante tuya, hubiera sido incomodo para ti ver a un extraño llorar. He paseado junto a ti, y raras veces te he robado una mirada directa y una sonrisa sincera, segura de quien era.

            Querida Julia, estoy agotado y prefiero descansar y esperarte.

         Llenamos nuestras vidas y planeta de detalles que nos recordaran uno al otro, enterramos pequeños cofres repartidos por nuestro mundo, mensajes garabateados para nuestros yoes futuros. Una vez nos miremos el resto es coser y cantar.

         Querida Julia, siento irme, pero no creo que lo notes. Existen tres copias de esta carta, una la dejaré en el buzón de nuestra cabaña, otra entre mis manos al morir y la tercera en mi testamento a fin de que sea leída en tu entierro. Siempre me dijiste que asistirías a él y que después irías a nuestra cabaña; en ella estaré yo. Pero por si he decidido volver antes de tiempo te dejo esta pequeña guía que espero te sirva. Siempre me dijiste que preferías los hombres mayores que tu…

         Te quiero Julia, encuéntrame…

Imagen de Paloma Baytelman

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