Beautiful losers

Por: Sergi la Nuit
Sacudimos el aire
sacudimos el fuego
sacudimos constelaciones terrestres
con indiferencia adolescente
para al final,
acabar bailando sobre
un viejo disco de Bob Seger.

Tú y yo
forajidos siameses
protegidos por el dios tecnológico
que todo lo ve.
Al asalto,
gobernando trenes inmóviles
y fuertes ocupados
por indios Cheyenne.

Transitamos ciudades fúnebres,
deshonestas y casi sin atmósfera
Cubiertos de laurel
con el blue jean gastado
y la brújula de explorador.

Y todo por conquistar el cosmos
por hacerlo relevante
a los ojos de
un puñado de estatuas de sal.

Todo por perpetuar el ideal
del forajido
sin interrupción
mi amor, ¿te das cuenta?

Lo hicimos
y sin embargo
fracasamos
se encendió la luz y
dejó de caer confeti.

La gente congregada
fue desalojando de a poco
la pista de baile
y
aunque trate de retenerte
un señor de seguridad
nos invito a abandonar el lugar.

Náufragos del sueño
llegamos a la orilla
con tan solo
una canción entre los
dientes:
B-E-A-U-T-I-F-U-L L-O-S-E-R
B-E-A-U-T-I-F-U-L L-O-S-E-R
B-E-A-U-T-I-F-U-L L-O-S-E-R.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

Ella y la pista

Imagen de Jane Rahman

Imagen de Jane Rahman

Por: Juan Manuel Aguilar Antonio
Soñaba con verla bailar.
No era perversión,
menos un anhelo de lujuria.
Todo era más simple,
y se reducía a esta premisa:
“Si al actuar de forma natural,
me vuelve loco, ¿qué pasaría
si ella intenta ser seductora?”
En mis sueños la vi bailar canciones de
Justice, Daft Punk, algo de Reggae.
Hasta que una noche,
se apareció frente a mis ojos.
Fue una noche cualquiera,
una ocasión que llegué tarde al bar.
Aquella visión fue mejor a lo que
mi mente creó.
Ese día comprendí que hay seres
para la imaginación y la ficción.
Y otros, para el mundo real.
Ella, era uno de estos.