Me estás matando

Por: Loreto Liz (Lilith)

Imagen de pixabay

Imagen de pixabay

Haz algo, porque me estás matando…
no vas a entender mis palabras,
ni mis peligros, mi dolor, mi angustia,
seguro que estarás pensando que exagero,
pero si sigues así vas a matarme…
a matar el brillo en mis ojos cuando hablamos,
a matar mis dedos ligeros para atenderte,
a matar las risas tontas en las madrugadas…
Te extraño y seguirte esperando,
eso, también me está matando…
sueles decirme loca y creo que aciertas,
me vacío y me termino envolviendo
en la locura de no saber
si debo insistir, si debo abandonar,
abandonarte, abandonar la idea
de que me sigas queriendo…

Síntomas

Por: Perera

Imagen de pixabay

Imagen de pixabay

Cuando sientas hambre de besos
calenturas de abrazos
locuras de príncipes
y flotes en las alturas
indudablemente ESTÁS ENAMORADO.

Una noche contigo

Por: Carolina Peña

Aquellos momentos en los que sus labios rozaron los de ella, sintió una inmensa necesidad de él, de embriagarse con su aroma y perderse en el mar de sus ojos. Se acercó a su cuerpo, le rodeó la cintura con las piernas y devoró sus labios poco a poco, lentamente, sin prisa, pero con hambre y ansiedad. Deseaba locamente enredarse en sus labios y sentir la calidez de su piel contra la suya. Su imaginación voló y en tan sólo unos imperceptibles segundos se encontraba a horcajadas sobre él, acariciando su rostro con los dedos temblorosos, la emoción y los nervios se adueñaban de ella, recorrió con delicadeza cada milímetro de su torso desnudo, con las yemas de sus dedos repasó la línea de su clavícula y el contorno de sus músculos que se tensaban bajo su toque. Pasaron algunos minutos en esta posición, sus miradas se cruzaban llenas de esperanza e inocencia, cómo podía ella, una chica tan común tener a alguien tan perfecto en sus brazos, al alcance de un solo beso. Él era un compendio de ironías, era egocéntrico, pero a la vez humilde, tierno, pero a la vez apasionado, inteligente y prudente al mismo tiempo…, eso era él, era todo lo que ella deseaba, y sin embargo, lo que sabía no podría tener.

Él, con desesperación acunó el rostro de la chica entre sus manos, la besó con pasión absorbiendo el cáliz de su boca. En cuestión de instantes, y sin saber exactamente cómo, su torso y pecho estaban desnudos, la mirada del chico oscilaba entre aquellas curvas y el rostro esperanzado de ella, un leve e imperceptible rubor se expandía por sus mejillas y pómulos, debería sentirse avergonzada, o eso creía, pero con él sentía que podía ser ella misma. En realidad, era casi imposible para ella describir la singular manera en la que se sintió a su lado, su corazón era una mezcla de sensaciones en ese momento; ternura, cariño, deseo, pasión, hambre, desesperación, etc. Todo sucedió así, de repente y a la vez mesuradamente lento, las prendas cayeron, sus cuerpos se exploraron como por instinto propio, sus manos se movieron al unísono como sí de tocar un instrumento se tratara, las yemas de sus dedos quemando la piel a su paso, dejando el rastro inequívoco del fuego de la pasión.

Él se detenía en cada una de sus formas maravillándose de las curvas que observaba, repasaba cada relieve con la punta de sus dedos queriendo memorizar hasta el más mínimo detalle de aquella chica. Seguramente en el mundo habrían chicas más hermosas que ella, con cintura definida y cuerpo de diosa, pero ella, ella era especial, su estructura perfecta, sus bordes y curvas únicos por sobre los demás, sus ojos y su sonrisa  hipnotizarían a cualquiera y lo llevarían a la locura sí quisieran. Su corazón se aceleraba irremediablemente cada vez que la tenía cerca, sus labios en los suyos hacían que estallaran fuegos artificiales dentro de su estómago y que la llama del amor se instalara en los aposentos de su alma. Se declaraba adicto a sus besos, podría quedarse en esa boca una eternidad sí fuese necesario, suaves como el terciopelo y tan provocadores como ningunos otros podrían ser.

Ella, por su parte se encontraba concentrada en su cuerpo, en las suaves líneas que las sombras dibujaban en su abdomen y cuello, con un estremecimiento llevó su boca a la suya, deslizando su lengua entre sus labios, probando de su miel y embriagándose con ella. Su boca se movió suavemente a su cuello, a su clavícula, a sus bíceps, sus dientes haciéndose presentes en algunos momentos. ¡Dios, esto era perfecto! Lo había soñado muchas veces, pero esto era increíble, fuera de serie, parecía magia. ¡Oh, esperen! ¿Sería magia? Chasqueó sus dedos unas cuantas veces y murmuró “kaboom”, pero nada sucedió, la escena permaneció intacta, pero acaso… ¿sería un sueño? Con sus dedos pulgar e índice pellizcó al chico en un brazo, este levemente se quejó, lo cual indicaba que no lo era. Ya más tranquila continúo su camino, sus labios se deshicieron en el abdomen del chico, en sus montañas y líneas se perdieron los besos tiernos y delicados que le dio.

Las prendas cayeron al suelo como una gota de agua resbala por un cristal. El momento estaba lleno de contrastes, de una cascada de cabello negro por acá y rizos castaños por allá, de ojos color avellana en este lado y café oscuro en este otro, de piel tostada por el sol aquí y blanca como la leche allí. El pudor quedó atrás, tan sólo existían ellos dos, y la luna como único testigo de aquellos breves minutos de felicidad.

Los brazos de él se encontraron rodeándola y de algún modo protegiéndola de lo que fuere que quisiera herirla. Sus dedos rozaron su barbilla y posó un suave beso en aquellos labios que lo llevaban al borde de la locura. Sus ojos la recorrieron con interés y cuidado, como sí la pequeña chica fuera tan frágil y pudiera romperse, la habitación se encontraba en total silencio, tan sólo perturbada por el ruido que producía el contacto de sus labios. Sus pieles parecían irradiar en la oscuridad, brillar con luz propia, el fuego se expandía por sus cuerpos. Las yemas de sus dedos se movían por el cuerpo de ella como sí tocara un instrumento, tocaba un DO por aquí y un RE menor por allí, la tonada que producía era tan deliciosa y armoniosa a sus oídos que podría pasar su vida entera en aquellos brazos, en medio de aquellos sonidos.

Su corazón latía muy rápido, golpeaba contra sus costillas amenazando con perforar su pecho, sus uñas se clavaron en la espalda del chico mientras escuchaba sus respiraciones agitadas cerca de sus oídos. Lentamente los suspiros de placer se acompasaron y sus corazones latieron al unísono. La chica le deslizó las manos por su espalda y enredó sus dedos en el cabello disfrutando de la agradable sensación. Él hundió la cabeza en el hueco de su clavícula dejando que el aroma que emanaba de su piel lo dominara.

  • ¿Dónde está tu corazón? – preguntó ella moviendo sus dedos buscándolo. En medio de suspiros el chico levantó la cabeza lentamente y mirándola a los ojos respondió  – te lo robaste tú. –

Una sonrisa se expandió por el rostro de la chica y lo besó, la sensación de sus labios en los suyos siempre haría que su pulso se acelerara, se perdió en el fuego y la pasión, en el tierno y delicado roce de las pieles, en aquel momento.

  • Ven aquí – dijo ella con una sonrisa traviesa rodeándolo con sus brazos y trazando patrones informes en su espalda, mientras repasaba con besos cada parte de su cuerpo – Esto aún no termina. –
Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

Pegar el salto

Por: Álvaro Fernández

Dicen que escribir es como volar. Que las palabras son alas y que la hoja en blanco es la noche donde surcan letras de un poeta que naufraga. Estrellas que sangran con indiferencia, destellos incomprensibles.

Pero no solo de ángel se gana el cielo.

Se puede en un jet privado, en ochenta globos aerostáticos, o en una nave espacial, si es que nos importa el futuro. Se puede saltar por la ventana de un piso diecisiete, en ala delta desde el Peñón usurpado, o ser el hombre bala que lanza el cañón de un circo de payasos tristes.

Innumerables son las destrezas con las que se pretende vulnerar la ley de gravedad, llegar a la miel de la luna o volar de mi balcón al tuyo.

Yo elijo mis alas. Con ellas, me río del vértigo. Las despliego en el abismo y allí bailo sin derretirme. Apago el sol con la lengua, y enciendo otros, para dejar una luz prendida.

Me abrazo a la tormenta que se escurre entre tus piernas, y huyo como un ave a la que le sacuden la rama. Me monto al cometa de Bill Halley, y me desintegro en caída libre como meteorito que no se atreve a tocar la tierra. Me apropio de los truenos, y cumplo el milagro de las estrellas fugaces.

¿Hasta dónde llegan mis alas?

¿Adónde me llevarán esta noche?

¿Y mañana?

Los paisajes son míos. Puedo regar con versos la sed de los desiertos o ahogar las penas del mar en las rimas de las olas. Nadar entre delfines infieles y oír el canto de las sirenas sin enloquecer.

Puedo tardar tres sílabas en desnudarte, o escribir hasta la muerte por un perdón que no vendrá.

Mis padres pueden pasear nietos en la plaza, y vos podés estar acá, delante de mí, sonriendo, agitada…

Todo está a al alcance de las manos, de un batir y cerrar de alas.

Solo hay que animarse.

¿Acaso no estuvimos más alto?

Es que volar es lo más cercano a cualquier destino. Nos hace inmensos. Y trastabillar en las alturas de la cornisa de turno, latir esas ansias de lo inevitable, nos invita a probar suerte en esto de escribir y pegar el salto.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

Este tiempo me sirvió

Por: M. Hernandra

Este tiempo me sirvió para aprender, que a veces, en cuestiones amorosas es mejor no esperar nada de nadie, porque hacerlo supone que puede que un día te defrauden, y es que me doy cuenta de que la gente miente, mienten sobre lo que quieren, sobre lo que sienten e incluso hasta de lo que hacen. Supongo que cada uno crece con sus ideales y tienen cada uno opción a hacer y deshacer como le plazca, pero me encontré en una época en la que el hombre finge buscar amor cuando quieren sexo y las mujeres fingen buscar sexo para encontrar el amor. Parece el mundo al revés pero esto es totalmente cierto. Y seguro que generalmente todavía hay quien busca el amor, pero también están los que prefieren disfrutar del momento y ni saben ni quieren saber nada sobre él.

Yo creo que las relaciones deberían basarse en cosas más simples, en encontrar alguien que para ti sea especial, y dar, porque en eso consiste el amor también, en dar más de lo que recibes, ser capaz de mirar por la otra persona a la hora de actuar, no pido que nadie muera o viva para mí, solo que desee compartir los momentos más importantes del camino a recorrer conmigo, que no haya nada de promesas que no se cumplan o de recibir excusas que en primer momento decían llamarse “miedo”. Pero sobre todo yo querría a alguien que sobre todo me mostrase su sinceridad, porque eso, eso es de lo que menos queda hoy en este mundo. A los que encontraron el amor rápido los felicito, muchos no saben la suerte que corren.

Imagen de pixabay

Imagen de pixabay

Pasa el tiempo

Por: Loreto Liz (Lilith)

Volviste a mí con la segunda luna llena del otoño.
Te instalaste en la azotea y pasabas las noches
contemplando las estrellas.
Yo buscaba mis respuestas, tú preguntabas,
preguntabas cómo es todo.
Yo te dije que soñar es como contarse a uno mismo
historias que aún no se conocen,
tú quisiste desvelar el final de aquel sueño
antes de que se acabara enero.
Pero te fuiste otra vez
y se me helaron en la sangre
los cortos días de febrero.
Y me quedé partida en dos,
y me rompí en mil pedazos,
estallé en silencio,
me deshice por ti…
Tal vez tenga que esperar flotando en el viento
a que marzo me lleve
hasta la primera luna nueva de la primavera.
Así que ya ves, se pasan los años y yo te espero.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

¿Alguna vez has hecho el amor de verdad?

Por: Fernando Bermúdez

El pasado siempre ha tenido un toque de curiosidad para mí, para ser exacto es  un tremendo trecho de muertes insaciables, que pocos de sus restos salen al presente. Pertenecer a uno mismo es lo que te hace tan deseable, la vida busca lo que aún no domina, lo que no es suyo, lo que no muere por ella, la vida es un delirio lleno de nostalgia y pasión.

La valentía suele acabar viendo a la muerte de forma cautiva, amada y amiga. Es lo mismo ha poseer el miedo de una forma tangente, dolorosa, inspirada, y con sus olvidos en caída libre.

Hacer el amor es el equilibrio perfecto entre lo humano y lo divino, suelo poseer mis pensamientos al termino de una nota, de un silencio, de lo que mis recuerdos quieren declamar. El miedo me visita cada momento inesperado, en cada exilió de mi mente al creer en mi, es apocalíptico sentir que no eres lo suficientemente bueno para dejar marea en la vida de tu gente.

Y me retorno a pensar en el amor profundo que Mozart, Beethoven, Hemingway, los Fitzgerald, Sabines, Picasso, Dalí, Paz, Benedetti, Márquez, Galeana, Rivera, Orozco, Rulfo, Velarde, y otros más al copular en sus obras, haciendo treguas con la muerte, compartiendo con sus soledad sus emociones, su prosa llena de verdad, sus miedos, ese amor tan profundo que llenaba cada partidura, cada recinto al pintar, cada musa, cada hoja vacía que es penetrada por la tinta. Que bondad, que amor tan grande para trascender con ellos mismos y compartir la sensación a quienes con sus obras se cautivaban.

Hacer el amor, es olvidar que uno existe, es brindar el todo y sentirte con la nada, es ser, en medio de una tregua, es dejarse llevar por la malicia, la lujuria y lo interminable, hacer el amor, es perder el miedo a la muerte, es aún mayor, es morir, tocar el cielo y revivir. No hay mayor sensación que perderse con el miedo y regresar con el cómo grandes amigos.

” Al hacer el amor, sientes una pasión que te hace perder el miedo a la muerte, pienso que el amor que es cierto y real hace una tregua con la muerte, debido que aman con suficiente pasión que apartan a la muerte de su mente. hasta que vuelve y es hora de hacer el amor de verdad”.

Ernst Hemingway (Media noche en parís)

“Soy el ancla que se clava entre los mares, sobre los puertos que desean escuchar nuestros nombres”

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

Carta del maestro a su amante

Por: Hector Cediel

Recordada Vera:

Me fascina la inocencia de la ignorancia, cuando pretende que uno escriba, lo que se ansia leer o escuchar. Opino entonces que todo lo que sé por ese desorden, sólo generará una constelación de bostezos o conceptos absurdos. Cada verso tiene que ser una liberación de la cárcel de los sueños, cuando observo el paradójico mundo como un evento del absurdo de la miseria; mientras la hambruna desesperada de unos pocos débiles, pretende agarrarnos a todos, enlazándonos con alambres con púas.

El sexo prostituido se pavonea con una triste voluptuosidad raptora y murte, provocando la risa de los dedos que señalan sus partes eróticas envejecidas y caídas. No hay esperanza en nada ni en nadie. Los papeles se van a amarillear sin haber cumplido con su misión: Dejar un mensaje claro y pragmático. Desnudo intento cerrarle con desesperados besos y caricias a una esperanza herida, sus laceraciones. Luce cual amante desteñida embestida por la angustia del ritmo, que intenta hacerte olvidar que las cenizas de tus tragedias y de las huellas que no alcanzó a borrar de la memoria del tintero. Luce como una muñeca triste que sólo supo encarnar historias trágicas y turbias. Juega al azar siempre con los mismos números, con la fe y la perseverancia de los perdedores. Es injusto que la lotería de la vida no te regale un chance, ya que un premio muchas veces es una oportunidad más justa, para soportar con una mínima dignidad: la vida. No sé si existan los números que puedan enmendar todo el daño; pero de lo que si estoy seguro es que de tanto tentar la buena suerte, algún día podrás abandonar la madriguera o simplemente te sorprenda la muerte, como a algunos temerarios.

Sé que tu vida está llena secretos, incluyendo mi presencia en tu vida. Tienes que aprender a correr riesgos, pero más calculados. No puedes creer más en promesas necias, ni en rezos o oraciones, ni en esas amistades que son como nubes que se convierten en plumas de bruma. Pienso que estás ligada por un conjuro de tu ex amante, que te impide vivir con libertad tu destino; es como la sombra de un enano, lo que te molesta y angustia. Esa lobreguez es la tormenta que oscurece tus sueños. Tienes que releer los sonidos del viento, para que puedan irrumpir tu alma las buenas intenciones. No creas en los juegos de palabras, que intentan mostrar un sol de verdad, para que ocultes tus deseos o para poder de penetrar el viejo hombre, ese mediocre que no puede pasar de incognito por la vida, sin que griten sus lágrimas poseídas por el miedo. Deja que tu alma llore y la ventana disuelva tu tristeza, cuando se evapore toda la confusión de tu cabeza.

Soy como una mosca intrusa que revolotea por toda tu alma o el iluso enamorado que siempre va a una cita a ciegas, con el desencuentro o el fracaso. Ya no eres dueña de nada y la hora fatal te ha llegado. Déjate arrastrar a la deriva, a merced de las aguas del destino. Todos los que podían hacerte daño, ya te lo hicieron. Ahora tienes que callar y seguir hacia adelante como las bestias arreadas o como los enamorados que conocen el camino de su querencia. Nada de ti ha sobrevivido para la lujuria, ni tienes nada de honor, de vergüenza, ni de orgullo para defender.

Escribiste a tu manera el guión de tu destino, así intentes con lágrimas borrar el sucio por tus errores, atemorizados por la sombra de los gritos. Ahora comprendo cómo te domesticó la retórica necia de tu amante, que se pretendía sabio y te imponía rencores para dominar tu razón. Por eso, escribo lo que pienso; ya que mi voz, sólo es viento que navega por el aire como el sahumerio. No te pierdas en el oficio milenario de las perdedoras, de las guerras necias y absurdas, de las pérdidas, de las putas murtes, que a pesar de su astucia, vagabundean por los caminos más absurdos y peligrosos.

Deja de temblar como los labios ante el inminente beso, ya que conoces los rituales del amor y el baile de las borrascas, cuando encaran hacia la luna su desvergonzado rostro. La sonrisa de la noche es triste y te he escrito para arrebatarle a la soledad, tu alma de las tentaciones mundanas. Tienes que soltarte de la primera estrella salvavidas que conociste y asumir con valor tus responsabilidades. Recuerda que la razón puede confundir a un girasol con una rosa, ya que la ceguera del alma es peor que la de los ojos.

Hay ceremonias que son peores que un asesinato. Hay recuerdos que degüellan los días más hermosos, para intentar con la sombra de los derroches, ocultar los días grises que nos devoran por dentro. Se puede fracasar sin perder el alma; claudicar frente a la aurora de las esperanzas. Tienes que aprender a pedir con amor, para que se te den las cosas y puedas festejar sin gritos, el precio de tus entregas. Entiendo que es por culpa de la ingratitud, tu desconfianza. No es fácil parir una ilusión, ante un porvenir tan cambiante e imperfecto, que sólo deja una estela de cenizas y la violencia de un fuego sin calibrar, como la mirada confundida de tus fantasmas.

Voy a respetar tu sueño y te aguardaré desnudo a la intemperie, en este absurdo camino sin árboles ni destino. La vida está llena de monigotes y los días terminan convertidos en páginas en blanco por escribir; pienso que yo soy uno de ellos en tu mundo.

No sé si puede interrumpir tu soledad o si te has dedicado a vivir simplemente para descubrir, las consecuencias de tus travesuras. Todos te presagian un futuro oscuro, si continúas por el mismo camino. Todo se puede presagiar, si se aprende a observar y a dar el primer paso con el pie correcto. No encendamos las alarmas del amor antes de tiempo, si pretendemos escapar de los sentimientos carcelarios. No te mires en ningún espejo, ni siquiera intentes verte en el espejo de otro, ya que nada se parecerá a la imagen que verás y en cambio sí tendrás que desmentir, los engaños del artificio y los pasatiempos del ocio, que son más peligrosos que los pensamientos que muerden, cuando se ensañan como perros rabiosos contra nosotros; puedo sentir los pasos de los sueños que nos enloquecen y desvelan.

Con todo amor, quedo en espera de tu respuesta.

Tu animal de vuelo,

Marzo del 2010

Imagen de Pixabay

Lazos de sangre

Por: Alejandro Mariana Muñoz

-¡Vamos, despierta! ¡Es tu cumple!- me gritó mi hermano zarandeándome para que me despertara. Era el día en el que cumplía 7 años. Al instante me levanté de la cama. ¡Quería ver mis regalos! Mi hermano me regaló un balón de fútbol y mis papás un libro.

Al día siguiente fuimos aprobar el balón a un parque cercano de casa. Como él tenía siete años más siempre me ganaba, aunque también me enseñaba muchas cosas. Me iba ganando por goleada cuando aparecieron unos chicos y empezaron a hablar con mi hermano aunque creo que no se llevaban muy bien. Mi hermano tenía cara de estar enfadado. Cuando se fueron, mi hermano parecía asustado y nos fuimos al instante.

Unos días después, mi hermano decidió ayudarme con unos ejercicios de matemáticas que no conseguía solucionar. No me gustaba de profesor; era demasiado estricto. Lo bueno era que cuando acabábamos siempre jugábamos a algo. Esta vez tocó el coche teledirigido que él tenía desde hace años. Tras un rato enseñándome cómo se manejaba, llegó mi turno. Aunque se me volcó varias veces, al final conseguí controlarlo. De vuelta a casa, me dijo:

– Ya lo manejas muy bien. Por eso, te lo quiero regalar- lo noté triste, y sabía que ese coche le gustaba mucho, así que le di las gracias y un abrazo para que se pusiera contento.

Al día siguiente, íbamos mi hermano y yo en el tren y me enseñó una lección que nunca olvidaría.

Nos sentamos y en los asientos de al lado había un hombre tumbado; parecía enfermo. Fuimos un rato charlando y, de repente, apareció un hombre con unos papeles que iba poniendo en los asientos. Leí lo que ponía y decía que estaba arruinado y que necesitaba dinero. Sin pensarlo, el señor que parecía enfermo le dio unas monedas. Mi hermano me dijo:

– ¿Ves, David? Se generoso siempre. Si el que no tiene nada es capaz de ofrecer lo poco que tiene, ¿qué no podremos ofrecer nosotros?- desde ese momento aprendí a compartir lo mucho o poco que tuviera.

Tras pasar unos días, estaba leyendo en mi habitación mi nuevo libro cuando oí gritos que venían de la cocina: eran mi madre y mi hermano discutiendo. Quería saber lo que estaba pasando, así que me asomé sin que me vieran. Por lo que pude escuchar, mamá estaba enfadada con mi hermano:

– No quiero que te juntes con esa chica. Tiene unos amigos muy poco adecuados; mi hermano parecía muy enfadado.

Me tuve que esconder rápidamente porque salió dando un portazo de casa y podría haberme visto espiándolos.

Pasaron unos días y me di cuenta de que mis papás estaban muy nerviosos. Mi papá estaba todo el rato con el teléfono en la mano, como esperando que sonara en cualquier momento. No sabía por qué estaban así, así que fui a preguntar a mi hermano a su habitación. Me dijo que no era nada y me tranquilicé un poco, así nos pusimos a jugar con el coche teledirigido.

Pasó el tiempo y notaba que mis padres estaban cada vez más tristes. Cuando veía eso, para no ponerme yo triste también, me iba a la habitación de mi hermano y jugábamos a inventarnos historias con mis muñecos o al fútbol en el portal de casa. Una tarde, estaba leyendo cuando sonó el teléfono y oí un grito de mi madre; me asomé rápidamente y vi que estaba de rodillas en el suelo abrazada a mi padre. Me asusté muchísimo, ¿qué podría haber pasado? Pero miré a mi hermano y éste me sonrió. No debía pasar nada malo.

Al día siguiente, todos mis miedos se esfumaron ya que vino toda la familia a casa. No sabía que fuera un día especial pero si estaban todos allí, algo se celebraría. Me gustó ver a toda la familia junta, y a ellos también, porque no paraban de llorar de alegría. Aquella tarde me quedé en casa de una vecina, porque toda la familia se había ido a celebrar.

Al cabo de un tiempo, mi madre me llevó a un lugar donde había muchas piedras con nombres de personas. En una ponía el nombre de mi hermano y creí que era algo malo. Sin embargo, él me sonrió y me dijo: “Es un juego. Si pones algo ahí será como si me regalaras algo”. Yo no entendía por qué tenía que ponerlo ahí y no dárselo directamente, pero así lo hice. Antes de colocar el coche teledirigido miré a mi madre y supe que era importante. Le dije a mi hermano: “Toma, nuestro juguete favorito. Así, siempre que venga, podremos jugar”. Coloqué el coche teledirigido al lado de la piedra.

Y salí de allí de la mano de mi madre y acompañado por mi hermano.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay