Amando

Por: Rolando Perera

Cuando pienso en lo inaudito de mi horrible soledad,
escondido en la esencia de lo imposible,
inventando delirios para amar en silencio
y cultivando letras en una copa de poemas.
Con toda sinceridad me siento un poeta
¡de frágil cristal!
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No te quiero

Por: Loreto Liz (Lilith)

Quiero hablarte y quisiera estrecharte
contra las cosas que no entendemos.
Cambiar un reproche por un “te espero”
hacerte comprender que algunos de mis gritos
están hechos de silencios.
Yo no te quiero para mí, pero no tenerte
es como sentir que me caigo a un agujero.
Quisiera hablarte y te espero dando gritos en silencio,
pero no te quiero…

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A los centauros

Por: Héctor Cediel

Espantados por los mitos

se desbocan en estampida los toros llaneros.

Cabalga el brío hereje como lengua de víbora,

saltando al llano por el portal de los sustos…

Las bestias se muerden a lengüetazas como amantes.

Espantan al viento con sus relinchos,

y le rasgan la piel con sus cascos a la tierra…

Cual Centauros desnudos

cabalgan hacia el corazón del fuego.

Estos diabólicos unicornios…

Ponen en fuga a las astas de los toros

que rasgan y cornean a las huracanadas tormentas…

Los cornúpetas se insolan con los mugidos

de los rejoneadores lanceros de sus ijares,

que como expertos varilargueros.

Los conducen al encierro del circo de la muerte

Para jugarse a suertes: el derecho a la vida…

Se luxan cuando se engarabatan las bestias,

como torbellinos encorvados por el nervio

y los quites diestros de las embestidas…

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Salir de mí

Por: Loreto Liz (Lilith)

En noches como la de hoy
quisiera salir volando,
lejos, no sé a dónde.
Quizá a un banco de un parque,
a cualquier lugar donde no esté yo,
a una tarde de verano,
a ese bar donde prometimos encontrarnos,
o al pie de tus murallas.
Tal vez echar a correr
en sentido contrario a la rutina,
por calles en dirección prohibida
a la circulación de los reproches.
Podría caminar
sobre la cara oculta de mis sueños
y descubrir que sólo necesito
una bandada de gorriones para salir a ver el mundo,
para sentarme en una estrella contigo
y ver cómo se encienden
las luces en las calles de Madrid.
Tal vez a un lugar no muy lejano,
y desde allí comprobar
que puede que la solución no sea retirarme,
ni escaparme, huir de aquí,
hacer una maleta con lo que te dejaste,
y lanzarme con ella por la ventana,
sino salir de mí.

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A lo lejos

Por: Héctor Cediel

Soy la sombra en lontananza
que intenta seducir tu mirada.
Siento que nada me acerca a ti.
Acepto el laudo fallo del destino,
el que castiga la levedad de mi vida.
¡Lánguida y vehemente! -contradictoria-

De punta a punta.
De principio a fin.
Amistosamente me enemisto
con el Ser Supremo
-el despiadado verdugo titiritero-.
Sollozo cual príncipe
que teniéndolo todo
no posee nada, ¡sólo riquezas!
Danzan las horas del tiempo
con ardientes e impetuosos pasos.
Regalan las emociones sus sentimientos
en malatos jirones de gozo y tristezas.
Se asombran las miradas permisivas
de las laberínticas paredes.

Despertó el mañana en presente.
Mis ahoras mutaron en recuerdos.
Observo fluir el río
y el vadear del tiempo
desde la silla mecida por el viento.
Los sueños son el faro de mi vida
y la gran esperanza en la muerte.

A lo lejos la sombra en lontananza
emigra como la leva de los amores tenues.

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Ahora que lo pienso

Por: Alejandro Enríquez

Y no lo pienso
veo en el eterno
de tus ojos fósforos
la dormida adrenalina,
y me llega el olor de años,
y por triste o raro que parezca
ya morí en el iris de tus chacras;
de tus pulmones implosión metálica,
pum, para adentro máquina de hierro,
no he pensado nada, no he vivido turbio,
sólo soy humano triste al no encontrarse erecto;
cabizbajo me apodaron las aceras, lloro en una rima
de expulsión viscosa donde parques y familias pierden
la moral que los somete: al fin el padre, que era pilar moral
se desteje de su fierro; levanta el pantalón (mojado) y se masturba
enfrente de su mujer y de sus hijos; de esa forma imploro a los psicólogos
el tratamiento de mi pene, y después lloro otra vez porque me siento loco,
como si todo progreso obtenido  la marea se lo llevase de a poco llorando,
como si el árbol que apenas da su jugoso fruto regrese a semilla, desnudo,
como si opresión del Estado se hiciera presente en ceremonia de patria,
como si vomitaras y vomitaras y vomitaras y vomitaras hasta la próstata,
como si lo que llevas leído a la última frase se deshiciese por un olvido,
como un ancho camino que a cada paso se angustia y se colorea gris,
como la cola del diablo que se prolonga en el viento llorase muriera,
como si todo lo que pensaras y digas al final del día nada valiera,
y te preguntas, y me pregunto, ¿qué pensar cuando uno ya jura
que la luna se empareja a llorar por el sol infiel? ¿pensar en ir?
¿pensar en darle piola a mi único suspiro, y correr tras de ti?
¡como si descalzo andar por la avenida fuese no sacrificio!
Salir a la tarde otoñal, húmeda y suculenta, respirar:
esencia de lobos, en el suelo con hojas se trazan
mensajes de amor de parejas que ya murieron;
pienso en la nostalgia impresa en blanco y negro,
siento que me sulfuro y que crezco llorando un río
de sales de baño cortantes, me muero en mí mismo,
exploto por dentro, migajas de órganos, los sudo, lloro,
mis manos lloran; los ojos de mis manos lloran. Ausencias:
comienza a crecer el ancla evolutiva de la virtud muerta
por el tiempo indeciso, punzante maligno. Recuerdos de pan
estremecen las hojas secas. Huelen a mermelada, a flores, a miel,
huelen los colibríes que me devuelven el rocío de años pasados,
me atrapa el olor a café, a rayo de luz desnudando el polvo del aire,
¿es mi cerebro una hielera que conserva pedazos de uretras que la cagan?
Las almas devoran todo y quedamos con el hambre de dos niños,
ambos sabemos lo que padece el otro, ¿por qué tarda el abrazo?
la marcha turca llora. Tarde da filosos pasos y penetra, carraspeo,
llega al punto carcinógeno, lo estimula y brinda doce orgasmos:
ya no hay vuelta atrás en esto de mirar las hojas y tocarme.

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A la Amazonia

Por: Héctor Cediel

Mi alma ha navegado de puerto en puerto

descubriendo la magia hechicera

y los colores de una amazonia que me recorre.

¡Oh, Amazonas! Es bello el verde de tu selva.

¡Alfombra de sueños

a los pies desnudos de tus hijos!

 

Qué bella eres ¡Selva del alma y de los colonos

de los indios y de las hojas verdes!

Sobre tu dulce sombra se ve caminando

el amanecer de tus paisajes.

Tus soles y lunas llenan de verde mi vida.

¡Alegrías llenas de perlas

colores esmeralda floresta!

 

Amada eres tú ¡Selva amazónica!

Verde esplendor y guía de mi esperanza.

Toda tu belleza se refleja en el cutis de tú cuerpo

mansa y suave como la piel de un recién nacido.

¡Amada Amazonas! Selva maltratada por

guerreros adictos a la madera.

¡Inmensas sierras te descuartizan y

te van arrinconando más todos los días!

 

¡Oh, querida Amazonas! Ya no braman tus aguas

ni lloran nubarrones sin parar

hasta rebozar las afluentes y los ríos.

¡Amazonas de mi alma!

Grandioso  manantial de árboles.

Las aves se desprenden

como hojas caídas del sol o lágrimas secas.

Nubes verdes se despeñan y embellecen el suelo

mientras una gigantesca comunidad de conocimientos

nos enseña a querer más:

Las anacondas y los animales salvajes.

 

Eres tú, mi amada ¡selva amazónica!:

El verde que brota bajo mis pies.

Tus pájaros son músicos emplumados

que hacen florecer poesía del paisaje.

La anaconda te envuelve

profetizando tu hermosura.

Tus aguas color tierra-esperanza

le regalan el sabor a las frutas.

 

 

 

Eres grande, majestuosa, extensa,

¡inmensa! Llena de colores y vida

Fuente de la naturaleza que brota.

¡Siempre serás el pulmón del mundo!

que hoy tose tuberculoso.

 

Los colores y los aromas de la naturaleza

llenan con  flores el verde de mi existir.

Me quedaré con tú policromía  y los árboles.

Flores multicolores nacen en los verdes corazones.

Paz y tranquilidad regalan: la fauna y la flora.

 

El aire le da movimiento a los sueños

y el sol brilla con la sombra de los indígenas.

Los Curacas conjuran la cultura del hombre blanco.

Mal hermano. Mal amigo. Malnacidos.

El color tropical de las aves y mariposas

se confunden con la belleza exótica de sus paisajes.

¡El hombre bruto los está exterminando a pedazos!

 

Tu nombre, es de guerreras legendarias.

En tu cuerpo guardas poderes, mitos y leyendas

como los reducidores de cabezas o

los asesinos de la Casa Arana.

Tus cabellos largos e infinitos se te arrancan

como a las niñas que la naturaleza inicia.

 

Maldigo a los que te privan de tus hijos por placer.

No se pueden alimentar unas pocas bocas

con hambruna para evitar la asfixia del mundo,

¡Aguas de grandes sentimientos

lloran recuerdos tus ardientes ojos!

Tu sonrisa ¡flor de madera roja!

me hace refugiar en la agitada selva.

 

Tus olas parecen atarrayas atrapando peces.

Los árboles miran saltar con alegría a los delfines.

El señor Sol, Señor de Señores, Fuente de luz y vida

se oculta en un atardecer: color fuego-pasión.

 

El canto de los más bello pájaros

despiertan el alumbrar mañanero

con el fulgor verde del viento amazónico.

¡Pasión ardiente de la tierra!

Retoño impetuoso del Río más Grande

leche que mana de tu  virgen pecho

alimenta tu descendiente estirpe.

 

 

 

 

Juguetón te tornas, Maestro de la Vida.

Son candentes tus meandros

y la historia de quienes te han visto lúgubre,

protestando impecable dignidad.

Reclama tu linaje, tu nobleza, tu paz:

A toda criatura viviente

que intente borrar tu majestuosidad.

Rió Amazonas ¡No te detengas jamás!

No eres alto ni bajo:

¡Eres el mar más temperamental!

Arrastras como las tormentas: todo a tu paso

ignorando la soberbia del Mar de Mares.

 

Con pasión ardiente, engendras vidas,

¡mueren los laberintos que se escudriñan!

Ahora los espantos son fantasmas vivos

susurros del viento entre tus alamedas,

dueños de las esperanzas que agonizan.

¡Gitanos de la selva! ¡Gitanos salvajes!

¡siempre abonan con su sangre la tierra!

 

¡Oh, madre selva! A pesar de las

noches de desesperanza,

enséñale los peligros de tu cuerpo

a los hijos de la oscuridad.

Así tus cabellos nos regalen sus frutos

tenemos que desconfiar de tus ojos claros.

Enseñaré a cuidar tus virtudes.

La ciudad tiene el sonido de un violín.

¡Tú gozas del sonido fino y suave del amor!

 

No te pediré que luches contra el acecho

de la dama de la guadaña,

depredadora asesina de arma blanca.

La flama que en ti habita

me observa aterrada.

¡Lentamente se quema tu indomable piel!

 

Una manada de unicornios salvajes

quieren domar los gladiadores más valientes

mientras retumban llamas sobre tú cuerpo.

Fuego de misterios indescifrables

como el porqué de las misiones.

 

No sabemos ni queremos conocer

las respuestas que le dan sentido a la vida.

Si sigues perdiendo tu belleza

el molde quedará vació y desolado

llenando de tristeza la cuenca de sus ojos.

Si no hay fuego candente en el corazón

no tendría sentido cantarte: ¡Río Amazonas!

 

¡Oh, Amazonas: luminosa gozosuela!

Luciérnaga que acoges con virtud neblinos,

lluvias de estrellas fugaces

Sobre la magia de tu verde alfombra

guardas esperanzas como cualquier guacamaya

para quien llega sin presagio

pero con los bolsillos repletos de viento.

 

Luchas cual fiera en combate

para que nunca se apague tu luz brillante.

Quasar de sueños e ilusiones húmedas

como el amor expuesto al fuego.

La mirada oculta de la ardiente selva

el  murmullo de los silencios en la soledad.

Los versos brotan cual puñados de arroz

y el trinar de los pájaros, y el soplar del viento

y la fragancia de las flores salvajes, y las olas del río.

 

La amorosa mirada de la luna

al verde jardín de rosas

donde las playas lloran las emboscadas.

El presagio de los sonidos de las flores

los frutos que alegres te miran,

la lluvia ardiente que me quema,

las voces que corren por tus pasillos,

las aves que pasan sobre cristales,

las mariposas que abren sus alas,

sin saber quién las observa con fervor.

 

Es hermoso escuchar las melodías que inventas

llenas la selva con alegrías y sentimientos

con temores, suspensos y sonidos de amoríos

quizás sea la armonía de los animales

con el ritmo apasionado de los colores.

¡Caen las hojas de los árboles cual

lágrimas que humedecen mi corazón!

¡Una fuente luz, atraviesa mi alma!

 

 

Los micos acróbatas saltan a los brazos del verde mar,

estelas sonoras de aviones emplumados

atraviesan el corazón de los gigantescos árboles.

¡Amazonas! ¡Mi linda Amazonas!

escudo de paz verde, de la verde paz.

¡Te juro mi linda y hermosa Amazonas

que jamás estarás en mi olvidar!

 

 

 

 

La felicidad de la luz del Sol suspira

cuando conoce tus oasis y paisajes

¡Oh, Amazonas! ¡Mi amada Amazonas!

Cuando muera te llevaré:

¡En la mirada y en el corazón!

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Huesos y espinas

Por: Loreto Liz (Lilith)

En esta ciudad hecha de huesos y de espinas
donde todos se empeñan en decirnos
qué es lo bueno, cómo hacerlo mejor,
quiero ofrecerte mi pecho abierto
y que a dos manos amases mi corazón,
dale pulso, impulso, aliento,
para recuperar fuerzas,
para luchar de nuevo,
para conseguir un hueco
entre los ladrillos que levantarán
nuestro futuro, ven,
camina conmigo,
pero dame tu mano por si me pierdo
me llueven directas en el pecho
las torpezas y dolores de este mundo
ven, camina a mi lado
con mi corazón en tus manos
con tu fuerza y tus abrazos
reventemos al destino.

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Mientras te alejas

Por: Héctor Cediel

Si mañana sientes que es hora de decirme adiós,

¡aléjate como los pasos de la muerte!

Permíteme soñar contigo hasta siempre.

No hay necesidad de abrir de par en par las ventanas,

encender la luz o despertarme con un grito,

para levantarme a vivir una absurda pesadilla.

 

Jamás me digas: ¡Adiós! ¡Aléjate en puntillas!

Nadie mejor que un hombre vagabundo

sabe que es sufrir cuando un amor se pierde.

Los amantes no somos de hielo ni de acero

y nos derriten los cambios necios del climaterio

 

Recuerda: Un hasta pronto, duele menos y es más piadoso.

Siembra la posibilidad de una ilusión… ¡mientras te alejas!

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Tu mano tan sur

Por: Loreto Liz (Lilith)

Te observo desde lejos
y mis dedos en estallido silencioso te rozan,
las palmas de mis manos te envuelven
en una marea de caricias invisibles.
Y entonces te acercas, me dices algo,
sonríes, charlamos,
sonrío y te oculto mis temores.
Siento tu mano en mi espalda
tu mano tan sur a través del frío cotidiano
y antes de que te marches y te alejes,
quién sabe si para siempre,
mi mano atrevida te busca
y encuentra el dorso de la tuya,
se rozan un segundo
y me bato en patética retirada,
quién sabe hasta cuándo.

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