Negro corazón

Por: Loreto Liz (Lilith)

Te persigo como un río
persigue una escapada,
la promesa del mar,
algún día llegar a ser lluvia.
Te persigo y me vacío,
me quedo hueca
por si vienes y me abrazas
y vienen tus ojos a hacerle
compañía a mi mirada.
Y aunque me muera de miedo
te seguiré hasta lo más hondo
de cualquier rincón,
hasta el pozo más negro
del fondo de tu negro corazón…

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El mar en Madrid

Por: Ana Rodríguez

Una vez vi el mar desde Madrid,

mientras nos follábamos al amor

en una de esas siestas imposibles

si le tenía en mi espalda.

Ahora entiendo que no es que él

pusiera el listón muy alto,

sino que eso es lo mínimo exigible

en este tiempo de frío:

Que te hagan ver el mar

en un piso con vistas a un patio interior.

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Aguamarina

Por: Hector Cediel

Tus labios aún conservan,

el aroma fresco del mediterráneo.

Sobre tus ojos se refleja,

el reflujo de las aguas y del cielo.

Tus sentimientos poseen,

la dureza del coral y la piel tiburonera.

Las emociones leves y fugaces,

de las arenas y las lágrimas del piélago.

Posees todo el encanto y la pasión

de las ondinas, princesas coralinas.

Tu belleza aguamarina me confunde,

con su piel hechicera y seductora.

Posees el misterio del eco del caracol.

La insensibilidad del caparazón

que me recuerda: a mí amada tortuga

¡Los latidos de su indolente corazón

y los reflujos enamoradores de su piel!

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Algo

Por: Perera

Quiero que me recuerden como un sencillo árbol
un absoluto humano, un carpintero de letras de amor
un vendedor de versos tristes y cariñosos
Si al final, los poetas no somos nada importante
Lo importante y bello son los lectores.

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Más se perdió en la guerra

Por: Loreto Liz (Lilith)

Te confieso

que no tengo

todas tus respuestas,

que escribo mejor que hablo,

que a veces

me hago la despierta

si irrumpes a media noche

de un portazo

en mi cabeza

y en mis ganas,

que soy un individuo

tan pequeño

que a veces ni me veo,

que hoy estoy triste

y que no tengo la culpa,

que cada vez suscribo

con más fuerza

a mi abuela

cuando decía

que: más se perdió en la guerra

(y volvimos cantando).

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Inspiración

Por: Isabel Gañán

Antes de conocerte, niña mía,

yo caminaba en silencio, sin saber…

mis días se fundían bajo soles de pasión,

anhelando el lánguido atardecer,

mientras surcaba el cielo

en busca de una sola oración.

Amanece tan pronto,

que las luces del alba quiebran mi sueño;

sueños que son jirones de nostalgia

de un tiempo prendido por un hondo empeño,

el que acariciaba la dicha de ser tu madre,

esa llama encendida por un amor sin dueño.

Contigo nació mi inspiración;

tus pasitos guiaron mis despertares

por una alfombra tejida de primavera,

entre agasajos de lirios y rosales,

los de tus risas acariciando mi rostro

entre abrazos maternales.

Hoy evoco tus rosadas mejillas,

en las que delicadas mariposas posaban;

eran besos de amor inflamados,

que a una bella aurora mi querer cantaban,

tejiendo instantes presos de ternura

como un manantial que tu dicha desbordaba.

Siempre caminabas a mi vera

y, con amor, yo prendía tus manitas;

esas delicadas flores de raros pétalos,

que venerados recuerdos en mí excitan

dentro de un mar insondable,

en el que ahora olas bravas se agitan.

Anhelo ver de nuevo tu sonrisa

en medio de este paraje solitario,

al sosiego de sombras de sauces

que musiten con sus hojas mi calvario,

por rasgar el velo que cubre la memoria,

avivando tan bella luz en su relicario.

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Abanico de esperanza

Por: Hector Cediel

Absorto contemplo

el insondable abanico.

Ninguna alternativa

permite el lóbrego destino.

La pasión ígnea luce

cual monolítica replica,

esculpida en el recuerdo.

Las lágrimas de la esfinge

me roban un nostálgico suspiro.

El frío de mi vida

me enceguece ante el paisaje.

Ni una estrella ni un neón

brillan para orientar mi incertidumbre.

El destino se devoró.

Las huellas del regreso…

¡Se desdibujó la última esperanza,

que era el as que reservaba!

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A mis lectores

Por: Perera

Sientan conmigo el placer de mis prosas
el placer de saber que mis rimas y mis versos te empinan
te abrazan a mi lado junto a mis letras que no duermen
siente junto a mí, mis suspiros, mi lindo sentido por el amor
soy el poeta de todos, de todos los descubiertos de amor
y los que no lo saben aún.
Es para sobrevivir, para que nos ayudemos a sostenernos
a conspirar de fantasías en este mundo de locas manías.

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De olores traídos por la lluvia

Por: Pablo León Alcaide

A hierro mojado me huelen tus dedos,

será de borrar con el simple roce de tus manos

las cadenas que me mantenían preso,

será de quebrar esta jaula de ser humano

y llevarme un poco más alto, un poco más lejos.

A café intenso me huelen todos los poros,

quizás interrumpimos nuestra merienda

y te perdiste entre mi piel a medio sorbo,

quizás mi cuerpo gastándote una tetera

para que acudas como el rebaño hacia los lobos.

A un otoño lleno de hojas doradas, tu pelo,

como perdido en un bosque de cabellos marrones

adornado de briznas áureas queriendo tocar el cielo,

como el verano queriendo usurpar estaciones,

y abrazado a tu melena, contigo amor, me quedo.

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Si tuvieras corazón

Por: Loreto Liz (Lilith)

Si estuviera segura de que tienes corazón

trataría de tocarlo

apenas con la punta de mis dedos…

Haría el esfuerzo por acunarlo en mi pecho,

no dejaría que nadie lacerase sus costuras…

Si tuviese la certeza de que en tu pecho

no hay más que un hueco,

yo misma iría contigo

hasta las puertas de la Ciudad Esmeralda

a ver al Mago…

Si supiera a ciencia cierta

que no me explotará en las manos

lo amasaría fuerte hasta que recuperase

al menos un latido

cada vez que estoy enfrente…

y no sé si es por miedo o por vergüenza

pero nunca has demostrado que tuvieras corazón…

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