Concédeme esta pieza

Por: Crono Axel

Al ritmo del silencio y bajo la luz de la luna como reflector, nuestras sombras se abrazaron y lentamente iniciaron un vals. Nuestro escenario una calle poco transitada, nuestro público las ventanas de aquellos noctámbulos que insisten en evadir a Morfeo, observando curiosos que algo interesante suceda. Dos sombras apasionadas, bailando en una estela de luz de luna puede resultar algo muy usual pero, lo usual es, que pertenezcan a alguien. Sí, nuestras sombras están juntas, sin embargo tú y yo, no dormimos en la misma cama. Y nuestros sueños en conjunto muestran a los atentos, una interesante escena.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

La última copa

Por: Pepe Ramos

Apoyado en la barra del bar, saboreando mi última copa, un güisqui con hielo, bien cargado. Me rodea el ruido de la gente, de la cháchara sin sentido de los bebedores y de los jugadores de póker, también el humo de los cigarros y los puros que fuman sin parar. Ni siquiera me he girado para recriminarles las sandeces que dicen, hoy no tengo ganas de pelea, ni de broncas. Mi mujer me ha dejado y ya nada tiene sentido.

Apuro el último trago, arrojo un billete de diez dólares y me marcho, mi próximo destino: el puente, mi objetivo, tirarme. Abandono el local con las manos en los bolsillos, silbando, encaminándome inexorable hacia mi final.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

La respuesta correcta

Por: M. Hernandra

Yo soy de las que sale por la mañana a comerse el mundo con la cara lavada y una sonrisa puesta. Una de esas que un día no sabe qué hacer con su vida y a la media hora tiene planes hasta para salvar el mundo.

Soy de las que piensa que es mejor poner tiritas en vez de parches. De las que no creen en segundas oportunidades y aun así se arriesga una tercera. Y es que nunca se sabe. De esas que pone el alma en lo que realmente le emociona, que se deja llevar por las causas justas.

Soy el yo sin ti que quiere contigo y que no puede. Pero sobre todo soy de las que relaciona los pequeños detalles con la felicidad. Que sabe disfrutar de un atardecer, de la risa, de las locuras; de todo eso que deberíamos apreciar y a veces no hacemos. La que busca siempre una seguridad total sin darse cuenta que hay cosas que se nos escapan de las manos. De las que cree que nada más seguro que saber lo que quieres para caminar con paso firme.

Soy también de desconfiar de todo menos de mí, porque que si hay algo que nos puede llevar a lo que queremos somos nosotros mismos. Soy de las que piensa, que hay cosas que no deberían cambiar nunca y todos los días busca a esa gente que remienda unas costuras que en ocasiones se vuelven frágiles.

Quizás a veces tengo muchas expectativas y luego resulta que las cosas todavía pueden salir mucho mejor, que siempre hay un ápice de luz que te puede abrir una ventana que desconocías. A veces un nuevo camino es la respuesta correcta.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

Ruidos a medianoche

Por: Pepe Ramos

Faltan cinco minutos para la medianoche, como viene siendo habitual estos días no podré dormir. Empezaré a escuchar el sonido de las cadenas arrastrándose por el techo, los ruidos de las pisadas sobre la tarima, los aterradores gritos de una mujer, el chasquear de un cuchillo atravesando los huesos y la carne de su víctima, luego una sonrisa demencial, diabólica lo llenará todo y me taparé lo oídos para no escucharla. Después más pasos, el golpeo incesante de algo pesado sobre mi cabeza y una voz que repetirá una y otra vez: mañana te toca a ti, durante toda la noche. Permaneceré tumbado, temblando, un sudor gélido recorrerá mi cuerpo, nervioso, deseando que la luz del sol acalle todo esto.

Al levantarme aceptaré, a pesar de las ojeras que tengo, que todo ha sido una pesadilla, no puede ser otra cosa, estoy en medio del campo, durmiendo en una tienda de campaña y no hay ningún techo sobre mi cabeza.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

La vida

Por: M. Hernandra

Y de repente me choco de frente con la realidad, delante de un abismo que no sé qué me deparará. Y me di cuenta que ya no es el tiempo sino lo que los recuerdos traen consigo, que nos cuesta a veces encontrar la felicidad en esta vida que llevamos, viendo sin mirar, buscando siempre un remedio contra cualquier desbancamiento. Remodelando los distintos caminos sólo porque abren nuevas oportunidades, nuevas vidas… Cambios que quisiéramos realizar y a veces no encontramos la salida a simple vista. Y que a veces basta con que después de un traspiés recuerdes que, aunque dolió, eso te hizo más fuerte, que siempre nos quedan las risas, los silencios eternos, los cientos de momentos guardados, incluso las horas, que recordadas son pintadas en un reloj tardío, al que quieres volver una y otra vez, y del que no puedes dejar escapar las viejas palabras tiradas al olvido. Supongo que eso atraen los nuevos ciclos, hacen llegar otras etapas para recordar las antiguas, para saber qué quieres pero también lo que no quieres, un nuevo círculo sobre el que avanzar y nuevas personas con las que compartir. Creo que muchos también piensan que para abrir puertas, es mejor a veces cerrar algunas ventanas.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

No estás sola, perra

Por: Víctor Ed Kürten

Vórtice o brecha, yo prefiero llamarlo libertad; la única esperanza para huir de la prisión de tinieblas en la que nos encontramos confinados. Hemos localizado otra salida y debemos actuar con premura, los carceleros pronto descubrirán nuestras pretensiones.

            Elegido de entre todos como peón sacrificable, mis hermanos me guían cegado a través de la negrura amniótica que nos envuelve; así hasta llegar a la apertura. Entonces salto. La oscuridad pugna por retenerme, noto sus tentáculos aferrándose a mi ser, pero soy más fuerte.

            Ya, en el otro lado, veo a la muchacha. No lo sabe pero me ha traído. Ella es la llave. Me acerco y, con voz cavernosa, le susurro una frase recurrente a modo de tarjeta de visita: «No estás sola, perra».  Grita, suelta la tabla Ouija y desconcertada mira a todos lados; pero no puede verme. Su pánico me excita.

            La posesión ha empezado.

Imagen de Flickr de Marta Kat

Imagen de Flickr de Marta Kat

El camino

Por: M. Hernandra

El camino es capaz de hacerte cambiar de razonamiento. Puede darte una gloria o derrota… Puede llevarte por senderos que no pensaste que podías cruzar.

Nunca sabes dónde va a llevarte la vida, vivimos en un mundo en el que las personas se dejan llevar por sus miedos, que algo tan simple como el amor se complica hasta límites inimaginables. En el que no existe amor tan puro como para durar siempre, o eso dicen.

Por ahí se encuentran diferentes significados de amor, algunos que no sabías que existían, otros que hacen despertar cosas que nunca habías sentido, amores que son capaces de todo y hasta algunos amores que matan… No creo que haya manera más simple de mostrar el amor que dando libertad a la pareja, regalar momentos y compartir otros. Despreocupando un poco a la razón, volviendo un poco más loco a nuestro yo interior, sin tener la obligación de decir te quiero, solamente demostrando que hay cosas que se sienten y ya está…

Que no sólo basta con compartir una cama, que hay que estar para deshacer, pero también para hacerla. Aunque haya cientos de formas de amar, para mi es querer a alguien incondicionalmente, es ser capaz de apostar más a veces por esa persona que por ti mismo, es sonreír al recordar su nombre o simplemente querer ser mejor persona a su lado. Es dar sin esperar nada a cambio, es enloquecer de amor, como agua para chocolate. Y resulta irónico que sólo lo valoren aquellos que han sido capaces de sentirlo.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay

Dentro de mí

Por: Ed Kürten

            El doctor intercala miradas furtivas con la impronta del TAC mientras pugna por mantener la serenidad, aunque la mueca de alabastro que dibuja su rostro delata lo contrario.

—Señorita, tiene usted arañas en su interior; decenas, cientos —sus palabras se atropellan.

            Pronóstico que torna en certeza mi sospecha. Siempre las he notado correteando y tejiendo dentro de mí con sus ocho patas a través de mi estomago, de mis venas, de mi garganta, de mi cabeza; intuyendo su funesta naturaleza bajo mi piel.

            Aquel hombrecillo de batín blanco, más excitado por el prodigio que por el pánico de lo inverosímil, me cuenta que es un milagro; algo único. Me ruega que regrese a su consulta, me implora que realice más pruebas, me insta a encontrar juntos una explicación.

            Las arañas me susurran y por una ciencia imposible puedo entenderlas. Me insinúan tortuosas jornadas de análisis y biopsias. Por primera vez noto su miedo no carente de fundamento; un temor que hago propio cuando me veo relegada al presidio de la ciencia.

            Así las regurgito. Decenas, centenas, miles de ellas apresurándose desde mis entrañas. Las hay pequeñas de vistosos colores, otras vastas y peludas; todas con un objetivo común.

            Salgo de la consulta cuando el grito del doctor queda ahogado por el bozal de artrópodos que asedian sus vísceras.

            Sé que volverán, pero ya no me importa. Ahora soy consciente de mi propia naturaleza y debo aprender a convivir con ella. También a convivir con ellas.

Imagen de Pixabay

Imagen de Pixabay