Voces en mi cabeza

Por: Pepe Ramos

Cae la lluvia con fuerza, el viento que la acompaña es recio, frío y el barro del camino me impiden andar con la rapidez que desearía. El hecho de llevar a cuestas una pala no ayuda mucho. Pero tengo que llegar al cementerio; ella me llama. Es imposible, ya que la maté, pero su voz sigue atormentándome, gritándome que la libere de su tumba, que no está muerta, y no puedo dormir.

Tengo que trepar la valla para acceder al interior. Ahora la oigo con más claridad, y me estremezco, no puede ser su voz, y sin embargo es inconfundible.

Avanzo con dificultad entre las lápidas hasta que encuentro el lugar donde ella descansa para siempre. Empiezo a cavar, a cada palada que doy, su voz es más nítida. Finalmente llego a su ataúd, lo abro y su voz me atormenta, pero es imposible, está muerta, le corté la lengua y le cosí los labios.

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Renacer

Por: María Villa

Nunca tome los caminos más sencillos y creo que ya no los encontraré, asumo el riesgo de vivir así como lo hice y como lo haré.

¿Por qué miro al frente si no quiero tropezar en el asfalto?
Por lo mismo que me gusta el café solo, el humo blanquecino de un cigarro, dormir con un pie desnudo alzado sobre el edredón. Saltar un charco, reír al mirar un árbol, tomar de la mano, soñar con los ojos abiertos mientras las nubes cruzan un cielo que se empobrece de tiempo.

Puede que me lastimen, puede que no. Es necesario que comprendan que nunca seré una mujer inclinada. No me rindo, no señor ni al sueño ni a sobrevolar al propio halcón. Aún no he dado la vuelta al círculo, falta lo más importante. No me rindo a ser yo, y hoy no, no escribiré un punto final.

Entiéndanlo jamás seré mortal.

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Una historia que contar

Por: Pepe Ramos

Caía la noche en la llanura de La Mancha. A lomos de su caballo, en compañía de unos amigos Miguel de Cervantes volvía a Madrid, cuando sobre la luna llena que se vislumbraba en el horizonte se recortaba la silueta de dos hombres, uno alto y delgado montado a caballo, con una lanza; y otro bajito y regordete sobre un asno. Cervantes se giró hacia uno de sus amigos y preguntó:

-¿Quiénes son?

-Un loco y su sirviente- dijo uno de sus acompañantes.

-Se cree caballero- dijo otro entre risas.

-¿Y cómo se llama tan peculiar caballero?- preguntó de nuevo.

-Su nombre es Alonso Quijano, pero se hace llamar Don Quijote de la Mancha.

Nuevas risas.

Cervantes meditó un rato y dijo:

-Tal vez merezca que se escriba su historia…

Durante unos instantes reinó el silencio, que se rompió al unísono por las carcajadas de sus compañeros de viaje. Uno de ellos sentenció:

-No merece la pena, nadie la leería.

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Molinos de vieno

Por: Pepe Ramos

El calor era sofocante, hacía tiempo que no escuchaba la narración de la guía turística que llevaba dos horas enseñándonos tierra y molinos. Decidí apoyar mi espalda en uno de ellos y sentarme.

               -Aquí fue donde El Quijote confundió los molinos con gigantes…

Cerré los ojos. Aquella agradable sombra bajo la que me cobijaba hizo que poco a poco me adormeciese…

Al despertar, encontré frente a mí, a un hombrecillo gordo, montado en un burro, y a otro alto y delgado sobre un caballo tan escuchimizado como él. Decían:

               -Pero no son gigantes, son molinos…

               -Son gigantes y ese el brujo que les ordena…

Dicho lo cual trotó hacia mí con la lanza apuntándome. Apenas tuve tiempo de moverme antes de que caballero y pica se estrellasen a escasos centímetros de mi cabeza.

Desperté sobresaltado, todo había sido un sueño, aunque tal vez el desconchón que encontré a menos de un palmo de mi cabeza pueda indicar lo contrario.

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Reloj cucú

Por: Crono Axel

El bolígrafo se reía de mi, el papel era indiferente y mis ideas incontrolables, el momento estaba en mi contra, en el instante, tan solo pensaba más allá de las letras y escuchaba muy adentro de mi obscuro egoísmo, el eco de la voz del reloj cucú al decirme…

Los engranes y cabos están sueltos, el segundero no avanza, y el pequeño jilguero ha muerto.

La puerta del enorme reloj crujía con cada palabra. Los maderos se astillaban con cada coma, se quejaban en cada asentó y descansaban en cada punto… no era un viejo reloj, tan solo su mal uso lo llevo hasta la descompostura, esa frase repetirse una y otra vez, me llevo al borde de la imprudencia, no la entendía…

Los engranes y cabos están sueltos, el segundero no avanza, y el pequeño jilguero ha muerto.

Era frustrante escuchar el tic tac solo en mi recuerdos… no quería el pasado en mi presente, y la hora tan solo estaba mal. Cuando pensaba que mis recuerdos eran lo peor, ahí estaba de nuevo esa frase…

Los engranes y cabos están sueltos, el segundero no avanza, y el pequeño jilguero ha muerto…

Mientras el día transcurría, yo seguía en el mismo sitio, congelado en el tiempo. Mi espacio era infinito y mi locura inevitable; Ver volar el sol, pero no el tiempo y mucho menos al pequeño jilguero… me deprimía cada vez más. Seguía sin entender la temática del mundo, y el por qué ese hinchado reloj de madera repetía una y otra vez las misma frase…

Los engranes y cabos están sueltos, el segundero no avanza, y el pequeño jilguero ha muerto…

Me harte que las voces del ayer tomasen el lugar de la mía…

Me harte de ver que ese enorme reloj no diera la hora…

Y la aburrida quietud extrañaba, el dulce canto del jilguero para acompañarla a dueto.

Y con el no tiempo, la tinta de mi bolígrafo se había secado, mi indiferente papel se volvió amarillento y mis ideas marchitas estaban… y ni así y de ninguna forma me di cuenta que los engranes y cabos estaban sueltos, que el segundero no avanzaba, y el pequeño jilguero había muerto.

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Sentidos

Por: Andrea Gómez
Nunca creí que el miedo pudiese apoderarse de una persona, hasta que se apoderó de mí. Siempre me dijeron que solo se soñaba por la noche al cerrar los ojos, pero después llegó mi mayor miedo: el permanecer demasiado tiempo con los ojos cerrados.
Más tarde comprendí que tenía que mantener los ojos abiertos para darme cuenta de que tú eres mi sueño.
Solo necesitaba uno de mis cinco sentidos para sentirte.
El resto los utilizaba para quererte.

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Cara Pepona

Por: Ed Kürten

En su casucha aguarda enfurruñado la expiración de la noche de difuntos.  Tras lustros, el viejo psicópata conocido como Cara Pepona, ha aprendido a odiar tan significativa fecha; la única que, con  pesar, renuncia a sus herramientas de placer: su máscara de muñeca y su motosierra. Desde que la estúpida moda de Halloween preñara las tinieblas de intrusismo profesional  ha perdido las ganas de asustar y matar.

«Truco o trato», gritan unos pequeñuelos frente a su puerta. Y resignado sonríe mientras les invita a pasar. Renovarse o morir, piensa cuando vuelve a enmascararse tras el sonriente semblante de una pepona.

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Este tiempo me sirvió

Por: M. Hernandra

Este tiempo me sirvió para aprender, que a veces, en cuestiones amorosas es mejor no esperar nada de nadie, porque hacerlo supone que puede que un día te defrauden, y es que me doy cuenta de que la gente miente, mienten sobre lo que quieren, sobre lo que sienten e incluso hasta de lo que hacen. Supongo que cada uno crece con sus ideales y tienen cada uno opción a hacer y deshacer como le plazca, pero me encontré en una época en la que el hombre finge buscar amor cuando quieren sexo y las mujeres fingen buscar sexo para encontrar el amor. Parece el mundo al revés pero esto es totalmente cierto. Y seguro que generalmente todavía hay quien busca el amor, pero también están los que prefieren disfrutar del momento y ni saben ni quieren saber nada sobre él.

Yo creo que las relaciones deberían basarse en cosas más simples, en encontrar alguien que para ti sea especial, y dar, porque en eso consiste el amor también, en dar más de lo que recibes, ser capaz de mirar por la otra persona a la hora de actuar, no pido que nadie muera o viva para mí, solo que desee compartir los momentos más importantes del camino a recorrer conmigo, que no haya nada de promesas que no se cumplan o de recibir excusas que en primer momento decían llamarse “miedo”. Pero sobre todo yo querría a alguien que sobre todo me mostrase su sinceridad, porque eso, eso es de lo que menos queda hoy en este mundo. A los que encontraron el amor rápido los felicito, muchos no saben la suerte que corren.

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Felicidad

Por: M. Hernandra

Parece que sólo a veces soy capaz de decir lo que siento, cuando no, solo digo lo que creo que tengo que decir, a veces sin medida y con poco remedio, pero supongo que todos en alguna ocasión vemos sólo lo que queremos ver.

Soy de las que piensa que las cosas pasan por algo, quizás por darle incluso más vueltas de las que tiene; a lo mejor por prevenir antes de curar, pero me he dado cuenta que eso sólo me lleva a seguir teniendo más miedo hacia lo que siento.

Y sí, tengo que reconocer que tengo miedo, miedo a cosas que no puedo predecir, a esas cosas que me ponen todo patas arriba, a querer lanzarme pero quedarme atascada en el impulso por miedo a hacerme daño; o a que me lo hagan.

No podemos dejar que esos miedos tomen decisiones por nosotros mismos, ni puedo dejar de hacer algo por lo que pueda pasar… Así que a partir de ahora enfrentaré miedos, aprenderé que en esta vida todos tenemos que caernos, para levantarnos y así aprender, y si hace falta me tiraré al vacío, sólo por el simple hecho de que algún día, encuentre por mí misma esa adrenalina de la vida que llamamos felicidad.

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Hora de partir

Por: Crono Axel

– ¿y si hace frío?
– Prometo que no será así.
– ¿Y si me siento solo?
– No sentirás frio ni hambre. El estar solo, no será un problema.
– Tengo miedo.
– No tienes de que temer.
– Quiero volver.
– Ya terminó tu tiempo.
– Y, mi familia, mis amigos, ¿qué, que será de ellos?
– En algún momento vendré por ellos. También su tiempo va a acabar…
– ¿Sabes mi nombre?
– No hace falta, te conozco desde que llegaste al mundo.
– Sabía que vendrías, creo saber adónde nos lleva esto…   sólo te pido un favor.
– No estoy en disposición de cumplir deseos.
– Créeme, no será difícil para ti.
– Esta bien, ¿De qué se trata?
– Tarda todo lo posible en venir a por mi hija, aún es muy inocente. Deja que sepa que tú no eres tan malo.

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