A una América Somnolienta…

Por: Héctor Cediel

Ya nadie le toca las tetas, ni el sexo, a la América prostituida… La poca dignidad que le quedó, fue para levantarse de la pasividad, con una actitud vengadora. Se confiscaron las cadenas y se abrieron las cárceles, para que se pudieran escapar, los cadáveres. Los fusiles se cansaron de escribir las historias, que se comentaban a  diario; casi en vivo y en directo, en las cantinas o en los bares…pero casi todos estos, también desaparecieron con el modernismo…ese despiadado buldózer, que arrasa con el romanticismo y lo hermoso de los recuerdos…

Desde esta orilla, contemplo al mar, a su belleza y a sus absurdos. Añoro los besos, que les expropié a mis amadas; y los sexos que les desangré, para sentirme más varón y en ningún momento, como una rata murte acobardada, por lo que significa, el comprometernos con escribir a partir de un ahora, una nueva historia, ya que reescribirla es imposible. Ya lo que se vivió, quedó escrito para siempre… Como la más horrible noche…

Ya le hemos cosido, casi todas las venas abiertas, a la tierra; sangre negra y espesa; roja carmín sangre de toro, era la que brotaba de las explosiones y de los machetazos, que desvelaban a las montañas; expropiamos a las raíces, que evitaban la deforestación y transformamos a los árboles, en absurdos cambuches, para confabular contra los sueños y las esperanzas. Tenemos que reconquistar a los escombros, para reedificar, sin la luz de las estrellas corrompidas. Hemos recuperado en gran parte: a la dignidad y a la tierra. La riqueza que nos robaron, regresará transformada, maquillada, embellecida con baños de luna, en prestamos agiotistas. El mar y el cielo, inspiraran los versos de nuestros cantos… Y los suspiros de nuestras pieles naturistas.

Imagen de Pixabay

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A los desaparecidos

Por: Héctor Cediel

¡Presente! ¡Presente! ¡Presente!. Escribo con la sangre, de los nombres de los desaparecidos, la historia que escribieron las bestias; las que hundieron en el murte estercolero, a la sima de los sueños de los corazones; amedrentados, por el fuego de la tierra y los aullidos de la muerte. Hipotecamos nuestra pobreza, para comprar pájaros de acero, para bombardear socavones. Nunca sabremos, a partir de que momento, estaremos gozando de la paz; así como nunca supimos, en que momento nos involucramos, en una guerra ciega. El miedo aún esconde a la tristeza, entre los laberintos de nuestras médulas. Nuestras gargantas, callan todas las palabras, con sabor a azufre. Las almas de los críos, nacen muertas e hipotecadas sus manos. Sé que nunca hablaremos, el mismo idioma; Wall Street siempre será, una babel de intereses turbios. Las balas, borraron los versos más hermosos, que escribió la imaginación de la tinta. Los vientos que soplaban desde la esperanza, se esfumaron como las arenas, de unas playas lejanas. Nadie se inmuta, por calentar a los pubis, que se petrifican; a los clítoris, que añoran una lección amorosa; a los corazones, que desesperados encienden sirenas y luces rojas. Solo el amor, silba estribillos románticos y nostálgicos; como las cartas, que escribíamos en las trincheras. Mis manos se enfriaron, con el fuego de la artillería. El tío Sam, solo nos envió cajas con balas y nos vendió chatarra, con nombre de helicópteros…como los tercer mundistas somos tan inteligentes, compramos a muy buen precio, 25 millones de dólares en repuestos, que no servían; y pusieron en tierra, la flota para el apoyo aéreo; la guerrilla se tomó pueblos y carreteras…y se protegió la bonanza cocalera…aquí todo se sabe, pero nadie investiga…

Nos envenenaron la tierra con glifosfato y nadie habla, ni menciona: las hectáreas que desnudamos de bosque; las selvas que desfloramos, al violar sin la más mínima piedad, la piel de la naturaleza. No entiendo como pretendemos parar una guerra, a base de tiros; ahora que todo lo hemos reducido a cenizas, le abrimos las puertas a la inversión extranjera, para que ellos reconstruyan.

El sonido de un saxo se hunde, como polvo en mi garganta. La historia de los apatridas, se declara inexpugnable por ley o por un pacto de honor entre rufianes, para que no se perturbe su sosiego. Mis pulmones se hunden como esponjas, entre un mar de desencantos, ¡en un océano de tristezas!. Aquí la industria produce: riqueza y muerte. Hasta la guerra tiene que reclutar a la fuerza, a sus soldados; para enfrentarlos como gallos de pelea, a sus hermanos; si te rehúsas, a pelear por la bandera (no por la tuya, ¡imbécil! ¡Por la de ellos!), te tildan de maricón, de desertor y de cobarde; a las madres les ofrecen una bandera, una condecoración y una insignificante remuneración, a cambio de las vidas de sus hijos, cuando caen como héroes; siempre será un pésimo negocio para ellas, pero ellos tenían que morir, por su patria (no por la patria de ellos ¡imbécil! ¡Por los intereses de los titiriteros!

Ya no muge el ganado, ni balan las ovejas, ni relinchan los caballos en los potreros o caballerizas…escasamente ladran unos famélicos canes, que deambulan indagando por sus dueños o mendigan un mendrugo, para saciar la hambruna…a las casas se las devora la tristeza y los caminos que se abrieron hacia el progreso, son un solo barrizal…

Ya no llueve, sino llora el cielo sobre nosotros; hasta a los cuervos de tanto comer carroña murte, se les olvidó volar; muchos confundimos a algunos curas, con los carroñeros más gordos; otros se camuflaron de civil, para desmanchar su vergüenza. Se están muriendo nuestros sueños y muere de hambre, la tierra fértil. Nuestros hijos, los encomendamos, a la virgencita el Agarradero; ya que las otras, no nos hicieron, ni un milagrito. Ya no decimos somos, sino éramos. La ciudad nos devora. El destino nos mastica o nos engulle. Las fábricas nos tragan; solo algunas vaginas misericordiosas, nos permiten zamparnos entro de ellas, para escondernos del miedo. Cada vez que decimos: éramos, me parece escuchar que ha desaparecido uno más y siento un escalofrío, que me recorre todo el espinazo. Mañana pronunciarán mi nombre y se escuchará un silencio profundo…luego se recitaran algunos de mis versos válidos y beberán vino en mi memoria… ¡Presente! ¡Presente! ¡Presente!

Imagen de Pixabay

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Carta a la deriva

Por: Héctor Cediel

¡Qué alegría es verte y sentir tu piel, para el corazón que te anhela! Tu belleza te ha hecho dueña de mi vida y de mi muerte. Solo tú conoces la enfermedad que me aflige. La belleza no lo es todo, si no se aprende a ver el alma. El amor solo reduce o aumenta las realidades. La pasión de mis sentimientos, es más ardiente que las brasas. Besas como si quisieras tragarme, así como el mar se devora a los cuerpos vencidos o resignados. Trato de alcanzarte y te alejas como una estrella caída en el mar. Estoy cansado de gemir de los duelos y que el aire invente tu sonrisa de mujer amada. He tratado de ser la sombra que siempre he perseguido. Creo en la resurrección de la carne, ya que la suerte creó como hermanos al amor y a la muerte. Ven a recoger dulzuras para que los secretos de tu sangre, soporten a las locuras del invierno. Mi fatigada juventud te imagina y no desvirtúo sus intenciones. No quiero que pasen los deseos de largo, sin cumplirse. Ahora me hieren los golpes de felicidad, me matan. Las noches continúan cubriéndome con su ardiente cuerpo. Las alabanzas del amor nos atrapan con el gozo de sus redes. El vino de la noche me iluminó, para que pudiera embriagarme con el espíritu del placer. Lleno de asco, el amor se suicida. Levanta el luto de tu piel y ¡vive! Deja que resucite tu hermoso cuerpo. Abracémonos hasta respirar la muerte.

Déjame probar la miel ardiente en tus labios purpurinos. ¿Cómo no rendirle culto al placer, cuando resplandece cual diamante, las líneas de tu cuerpo? Los placeres labiales me atragantaron con estrellas. Desnudos los cuerpos se sugieren para la desacralizadora conquista y la copula. Floto sobre tu desnudez, como un rio cabalgando a pelo otro rio. Nos entregamos a navegar, sin desteñir nuestros sueños. Tus muslos aun gozan del sabor a caramelo y del olor a los gemidos de las selvas. Te adulo con palabras prohibidas, mientras te enjabono para incensar a las sensaciones nauseabundas que nos asquearían en otras situaciones. La paz que aportan las entreabiertas piernas, se devora al barco entre la bruma con cantos de amor marinero que rasgan la carne. Tu vaso misericordioso me embriaga, para que no muera de olvido. Eros vomita sobre las sabanas. Después… El abandono hasta que nuestros cuerpos plácidos comienzan a amarse una vez más. Después de compartir contigo las conquistas de las cumbres, la desventura me regresa al fango cual ramera murte. ¿Aceptamos la llegada del momento de la separación? Solo el miedo nos obliga a evitar el contacto con la realidad. Las sombras de tus amantes danzan sobre tu vientre, como las agonías de las noches de sexo. Dormimos profundo y desgarbadamente, embriagados por los recuerdos. Enterré la memoria de tu cuerpo, en los extramuros de los laberintos del pensamiento. Me encanta recordarle a la imaginación, que el pasado concibe imágenes o inventa algunas con los retazos de los recuerdos que logra rescatar, después de los naufragios inverosímiles o fantásticos.

Junio 2012

Imagen de Pixabay

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Misiva de Lucifer a Dios.

Por: Alfonso Castro

Querido padre:

Te mando un caluroso abrazo como las llamas que me queman en el infierno. Espero las cosas en tu reino marchen a la perfección, pulcritud y orden como en estos 2.000 años.

Me ofende de sobre manera que no te comuniques conmigo. Entiendo que ser supremo es agotador y te ocupa tiempo pero necesitamos hablar de negocios, puesto que me mandaste aquí desde que todo empezó y  quiero renunciar a mi cargo.

No te mentiré diciendo que no ha sido divertido. Guerras mundiales, hambrunas, economías colapsadas y personas que mueren de nada.

Sin embargo los quejidos de los condenados, las brasas eternas que escuecen mi piel y el terror de los nuevos dejo de producirme excitación.
Después de tantos años, pienso que las cosas deben cambiar un poco y deberías enviarme a la tierra a vivir la vida de un mortal cualquiera.

Tengo el trabajo que nadie quiso y que por puro amor hipócrita accedí a tener para que Tú y Jesús tuvieran el papel de buenos y yo el de malo.  Como las balanzas falsas del bien y el mal que están en los libros espantosos que ruedan por allí.
Si, esa cosa que llaman biblia. Demagogia pura y absoluta de un montón de pescadores borrachos y fiesteros que se iban de farra con Jesús y que predicaban tu palabra con vino y pescado.
Dejando de lado toda mi queja expuesta, debo decir que a pesar de todo, te extraño  mucho.
Como todos, debes saber que tu preciada humanidad vive tiempos oscuros. Quiero la jubilación antes de otra catástrofe mundial (¿Hombre, merezco descansar no?)
Dicho todo esto, deberíamos reunirnos en París (¿Sabías que me encanta París?) para concretar algunas cosas, puedes pedirle a Jesús que venga y confíe en mí.
¿Aún le dolerán las cicatrices de los clavos cuando lo crucificaron?
Que se vista decente, nada de túnicas o sandalias de pescador.
Me despido de ti padre, deseando que me respondas lo antes posible.
Con mis mejores afectos, el más guapo de tus hijos;

Lucifer.

Angel Caído - Parque del retiro. Imagen de otonodesangre.wordpress.com

Angel Caído – Parque del retiro. Imagen de otonodesangre.wordpress.com

SUSURRO de AMOR

Por: Cristina Menéndez Rodríguez

Todo mi ser siente emoción contigo, con tus palabras, con tus caricias. Cuando me acaricias es como si el mundo se parara y no existiese nada ni nadie más. Me siento volar… Siento mi alma fluir y danzar de dulzura, de placer, de emoción… ¿Cómo se puede acariciar de ese amoroso y delicado modo como si adorases a un ángel o como si una delicada pluma bailase con la más absoluta libertad y goce?

¿Cómo he podido estar tantos años sin descubrir estas manos, sin disfrutar de ellas, de este ser tan divino, tan dulce, tan deliciosamente delicado y a la vez ese toque varonil? ¡Gracias, vida!… por darme este maravilloso regalo, a este ser tan angelical y divino, que a veces tengo que pellizcarme por si estoy soñando, pero me despierto y lo que veo es mi fiel reflejo en el agua.

amor

Carta a mi yo, dentro de 15 años.

Por: Alfonso Castro

Primero que todo, quiero que estés sonriendo cuando veas esta carta. Tendrás exactamente 40 años. Que se dicen fácil, rápidos y tajantes.

¿De locura no?

Espero, que para esa edad, la calma domine tu vida. Que seas un tipo tranquilo, sereno y sobretodo, que sigas siendo feliz como cuando te escribí esto. Espero que estés viviendo tus años mas felices, te encuentres llevando tus niños al colegio ( O la Universidad) y que puedas vivir plenamente y llevando el pan a casa realizando las cosas que mas te gustan.

Espero que puedas mirar atrás con sonrisas melancólicas, recordando lo duro pero valioso que fue, poder emprender tus propios proyectos, aún cuando no muchas personas creían en ti.

Que tengas mas certezas que dudas y que cuando te ataque la ansiedad cambies las cervezas por papelón con limón. Espero que tengas una casa que se adecue al tamaño de tu familia. Esa familia gigante que siempre has estado soñando(Niños jugando, perros corriendo, loros cantando, gatos maullando y cualquier otra especie de animales que por dulzura o cariño quieres tener y adoptar como un hijo).

Me encantaría saber que 15 años después, sigas viendo a tu chica con la misma pasión, ternura y amor del primer día en que se conocieron. Que la locura sea infinita, intacta y le transmitan a sus hijos el valor de lo que realmente vale en el mundo. Que en tu casa, se escuchen risas y alegrías. Que nunca falte el pan, el amor y el cariño de toda familia feliz.

Espero que entiendas a esa altura de la vida, que los problemas vienen y van.
Que la plata es como las olas del mar, que las deudas se cancelan.

Me gustaría saber, que aprendiste a mantener la calma en los momentos de lluvia. Que recuerdes, que los buenos y los malos momentos no son eternos, y que cuando caigas, te limpies las rodillas y sigas adelante convencido de las posibilidades de triunfar.

Hay muchas cosas que me gustaría que me contaras, y que me dijeras. Que te cause la misma alegría los viajes de placer, como cambiar los pañales de los niños. Que disfrutes los paseos nocturnos de París tanto, como pararte a medianoche a calentar el tetero de tus bebes.

Quiero saber, que por encima de todo lo que pudo haber pasado, seas siempre feliz.

Te quiero indómito, necio, loco, ocurrente y gracioso.

Quiero saber que me quieres, te quieres.

carta