Regreso a las cavernas

Por: Sir Francis Kraken (Rafael Azgra)

Saludos, queridos lectores de las profundidades. Tras largo tiempo en silencio ha habido algo que me ha hecho salir de mi escondrijo. Estos últimos días, los que han rodeado a la celebración del Orgullo Gay, he sido testigo de ciertos comportamientos preocupantes y -lo peor de todo- sin ningún disimulo por parte de muchas personas.

He leído comentarios del estilo de “Si ellos tienen un día del orgullo gay, nosotros también queremos uno del orgullo hetero”. Mi respuesta heterosexual es que, a diferencia del colectivo LGTB, nosotros no hemos sufrido persecución alguna por nuestra condición sexual, no se ha juzgado y condenado a penas de cárcel y muerte a nadie por ser heterosexual. Creo que hasta ahí deberíamos estar tod@s de acuerdo. Como una cosa lleva a la otra, también han llegado a escribir cosas como que “son libres de tener sus preferencias sexuales, pero en su casa”. Ajá… Entonces deberíamos aplicarnos todos al cuento ¿no creéis? Que ningún mozo bese doncella alguna si a descubierto se hallan. Incluso podría ir más allá: hagamos extensible esto a la religión. ¿Qué opinarían estas personas si se les arrebatasen las procesiones de Semana Santa y las romerías, molestas para mucha gente? ¿Y si se les dijese que nada de iglesias, que practicasen su religión, pero en su casa?

Si alguna de estas personas de las que hablo lee esto, seguramente le parecerán una locura los planteamientos arriba expresados. Igual que, a los que tenemos sentido común, nos parece una locura ese grado de intolerancia. ¿Qué les costará vivir su vida y dejar a los demás que vivan la suya?

Siempre lo he dicho, en mi opinión la homofobia es el resultado de la homosexualidad frustrada. Como sea, es una conducta inadecuada si no dañina para el progreso de nuestra sociedad.

Lo curioso es que este tipo de reacciones surgieron rondando a la matanza de Orlando, a un par de semanas de la celebración del Orgullo Gay. La insensibilidad con el medio centenar de personas a las que arrebató la vida un loco es pasmosa, pero si lo pensamos bien ¿acaso no puede ser un contagio de la locura que espolea a aquellos que imponen su voluntad por medio del terror y la muerte? No es para tomarlo a broma. ¿Acaso esa forma de pensar no es el primer paso hacia el horror que nos envía cada día nuevas víctimas?

Algunos se preguntarán qué tiene que ver esto con la literatura, lo que es sencillo de responder: Reinaldo Arenas, Marcel Proust, Oscar Wilde, Federico García Lorca… Muchos genios nos fueron arrebatados por culpa de la homofobia. Con todo lo que hubieran podido crear y dejarnos en herencia si hubieran dispuesto del tiempo que les correspondía, ¿acaso no deberíamos sentirnos estafados todos los que amamos la literatura? ¿acaso no se nos ha privado de auténticos tesoros porque no tuvieron la oportunidad de ser escritos?

Como sea, nadie debería sufrir por amar, pues el amor sirve para ser feliz del mismo modo que el odio sólo genera sufrimiento. Poned un kraken y una buena ración de tolerancia en vuestra vida.

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Imagen de Pixabay

La isla de Alice de Daniel Sánchez Arévalo

Por: Sir Francis Kraken

9788408147886Queridos visitantes de las profundidades, para los que entendáis la literatura como lo hago yo, este es un período de tristeza y oscuridad. Como ya me ocurrió con Mi color favorito es verte, la causa de este sentimiento, entre la ira y la congoja, es un finalista del Premio Planeta: Daniel Sánchez Arévalo con La isla de Alice.

Confieso que no pasé de la tercera página, no pude soportarlo más. Me explico. La primera página ya nos provoca una mala impresión, puesto que lo primero que nos llama la atención son algunos términos rodeados con bolígrafo. Tardé un poco en comprender que el libro era así y que nadie me lo había pintarrajeado. De inicio ya me arrancó un “Joder, macho”.

En la segunda página entiendes qué pintaba el mapa de Estados Unidos y la ampliación del estado de Nueva York, con ciertas anotaciones que parecen ser spoilers, que ocupa la página inmediatamente anterior a la historia. ¡El autor se atreve a plantarnos la típica familia americana, huérfana de padre y temerosa de Dios! Ya estamos americanizando no sólo la literatura española, sino los grandes premios literarios de nuestro país. Lamentable.

En la tercera página llama la atención el uso de emoticonos y lenguaje SMS. ¡Emoticonos y lenguaje SMS! Eso es como poner una barra americana en un museo.

Como decía antes, no lo aguanté más. Llamadme puritano, pero me puse a segregar tinta como un poseso. Me interesé por saber más acerca del autor y descubrí que era el artífice de varios de los bodrios más grandes de la comedia cinematográfica española de los últimos años.

Conclusión: Una vez más queda demostrado que el Premio Planeta es un tongo con todas las letras. Si un servidor resultase algún día finalista de éste, sería el momento de pararme a evaluar mi propia mezquindad.

Ya sabéis, quitad un Premio Planeta de vuestra vida y poned un kraken en su lugar.

Mi color favorito es…muerte

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

krakenSaludos, queridos visitantes de lo profundo. En el día de hoy os voy a hablar de una de esas autoras que te hacen pensar en tirar la toalla si eres escritor. Pilar Eyre, con “Mi color favorito es verte”, nos invita a una aventura autobiográfica que, siendo sinceros, nos va a defraudar bastante. Tenemos dos formas de enfocar esto: que sea verdad o que sea mentira lo de que es autobiográfica. Si es mentira no pasa nada, sólo tendríamos un libro malo más en nuestras manos. Pero si es verdad, se trataría de más de trescientas páginas de pruebas de que esta persona debería estar encerrada. A continuación veréis por qué…

Tenemos a una escritora con una autoestima tan baja que cree que es necesario mentir sobre su edad. Al principio del libro hace un ejercicio de soberbia sin límites al hacer alarde de las ventas de sus libros y tener seguro que iba a ser nominada al Premio Planeta, lo que me hace dudar de la legalidad del certamen. Podría haber mencionado cualquier otro galardón para ella, pero no, da en el clavo con el Premio Planeta (que no ganó, recordemos). Da a entender que, aunque dista de ser perfecta, es muy superior a la mayoría de nosotros, los mortales. Compañeros escritores, no os preocupéis, siempre estaréis por encima de una periodista de prensa rosa digan lo que digan.

Continuamos con una serie de justificaciones baratas acerca de la vida que lleva. Lo peor es cuando culpa a su hijo (adulto, por cierto) de que no pueda tener una relación seria. Hace falta tener poca vergüenza, la verdad. Antes hablaba acerca del muy posible desequilibrio peligroso de esta señora. Pues bien, comienzo a justificarlo diciendo que no es muy normal que se te aparezcan tus padres muertos con asiduidad (y sin ella tampoco). Pero no que les vea en el espejo ni nada de eso. Se le aparecen hasta en el parabrisas del coche, lo que podría provocar un grave accidente. Esas alucinaciones no nos auguran nada bueno.

Resulta que conoce a un hombre francés con el que liga al instante. Cómo no, este hombre no es gordo, ni bajito, ni pobre. Pilarín, eres un poco superficial ¿no? El francés, que se supone que es periodista de guerra, vive con ella un romance de un par de días. Esto nos ha pasado a la mayoría de nosotros, con la diferencia de que nosotros no hemos desarrollado una obsesión enfermiza por un turista (espero).

Cuando el hombre se va comienza una persecución sin tregua por parte de la loca de Eyre, en la que llega a incluir a un detective privado. ¡Y todo para que al final todo sea mentira! Vamos, que el francés sólo quería echar un clavo y escribir un libro. Aún así, a pesar de lo perro que es el tío, la persecución de Pilar Eyre es enfermiza. En definitiva, que si me encuentro con esta autora corro en la dirección opuesta, no vaya a ser que se enamore de mí y no me deje tranquilo.

Hablemos del estilo… ¡Qué poco me gustan los libros escritos en presente! Pero hay que aguantarse. Afortunadamente no es mi obra. Que sí, que finalista del Premio Planeta y todo lo que quieras, pero ni loco lo reconocería como un trabajo mío. ¡Qué vergüenza, por favor! Y con tanto ganar certámenes y tanto postín laboral quizá no estaría de más que se comprase un libro para repasar la gramática, porque tiene frases construidas de una forma aberrante y alguna que otra falta de ortografía.

Señores miembros del jurado del Premio Planeta, dedíquense a otra cosa porque no tienen ni pajolera idea de lo que es un buen libro. La próxima vez busquen a sus finalistas en otro lugar que no sean los programas del corazón, por favor. Y a ti, Pilar: sigue hablando de gente muerta y que no pueda desmentirte nada, pero por favor no nos tortures con tu vida inventada.

Autoridades de la sanidad mental: una camisa de fuerza para Pilar Eyre, por favor.
Dicho esto, os pido lo de siempre ¡Poned un Kraken (cuerdo) en vuestra vida!

Paulo Coelho: primera sangre

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

krakenSaludos de nuevo, amigos y amigas visitantes. Ya estaba tardando demasiado en poner mis tentáculos en este autor concreto: Paulo Coelho. ¡Cómo voy a disfrutar con esto! En el día de hoy voy a escribir específicamente sobre El Alquimista, una de estas obras que dejan bien claro el poco criterio que existía en una década durante la que el pelo cardado y las hombreras eran lo que más se llevaba.

Esta obra nos habla de Santiago, un joven andaluz al que le entra la inquietud por ver mundo y por eso se hace pastor. En el mar no hay ovejas, pero creo que no es necesario ser versado en la materia para saber que, para pastorear en solitario, primero habría que adquirir una experiencia que nos cuesta creer, dado que el chico sabía bastante en materia de cultura. Si es tan joven como nos hacen creer, no entiendo de dónde ha sacado el tiempo. Bueno, pues resulta que se va para Tarifa pensando en la hija del comerciante al que le va a vender la lana.
Sinceramente, para eso creo que sería más lucrativo ir a la sierra, no a la costa. Durante el trayecto tiene un sueño y, en el colmo de los tópicos, consulta a una gitana. Esta le dice que, dado que ha soñado con un tesoro en Egipto, ahí debe irse. Ya sabéis, niños: si soñáis que podéis volar es porque tenéis que saltar por la ventana. Aunque eso no es lo más sorprendente, sino que Santiago, tan culto como es, no sabe dónde está Egipto.

La historia prosigue con una sucesión de majaderías, relleno y obviedades que poco nos agradan. Al menos a mí. Se encuentra a un Rey salido de la nada que le dice que cumpla su Historia Personal. La verdad es que a estas alturas poco le debe importar ya al muchacho la hija del comerciante porque resulta que vende todas las ovejas y se va hacia África. Coelho tiene un problema con el factor sorpresa: que no lo tiene. Previsible cuando le roban el dinero en varias ocasiones hasta que termina el libro. Lo que no es tan previsible es que cuando se lo roban la primera vez se alegra. Curioso mozo este… Como se queda sin dinero, se tiene que poner a trabajar de cristalero para poder seguir con su cruzada. Pero dura pocas páginas y se une a una caravana que cruzaba el desierto, donde conoce a un alquimista inglés que le sigue formando en su búsqueda, puesto que le dice que el hecho de que pudiese hablar con sus ovejas era también el Lenguaje Universal, o sea Alquimia. Sí, rebuscado a más no poder.

Llegan a un oasis donde se vuelve a enamorar y allí vuelve a tener otro sueño premonitorio que salva a la tribu que se encuentran de ser arrasada. Casualidad que allí había otro alquimista más. Santiago tiene la duda de si proseguir con su historia personal o quedarse con Fátima, su nueva amada. El Guerrero Alquimista de la tribu le dice que no se preocupe, que ella le esperará. Ligeramente machista, Paulo… Dicho esto, Santiago y el alquimista recién conocido se vuelven a poner en marcha. Durante el camino son interceptados por otro clan, que los cree espías y pone a prueba a Santiago, que debe convertirse en viento en un plazo de tres días. Aquí llega la mayor flipada de este señor: Santiago llega a encontrarse con Dios que lo convierte en viento. La impresión que causa este hecho casi enmascara la forma sosa en que el clan enemigo les deja en paz.

El alquimista y Santiago prosiguen su camino hasta llegar a un monasterio, de los que no abundan por esa zona, según tengo entendido, donde como el que no quiere la cosa le enseña a convertir el metal en oro, haciéndolo con tres barras. Se ve a la legua cuál es el destino de la tercera barra, igual que la de Santiago. Camina tres horas hasta llegar a las pirámides que salían en su sueño y allí ocurre lo que se esperaba: unos maleantes (que para mí son héroes, puesto que Coelho consigue que la gente odie a su protagonista) le pegan una paliza y le quitan el oro. En lugar de decirles de todo menos bonitos, va el muchacho y les cuenta su sueño. Lógico, muy lógico. Pero da la casualidad de que uno de “los malos” ha tenido otro sueño en el que salía una iglesia abandonada de España. Coelho, tío, basta de insultar a nuestra inteligencia.

Pues resulta que vuelve al monasterio y aquí es donde se cumple otra vez lo que hace páginas que se teme cualquiera: el monje del monasterio que les había atendido le da la tercera barra de oro que había dejado allí el alquimista. Con ello vuelve a España, va a la iglesia y encuentra el tesoro. Así que la historia termina con él volviendo con Fátima y parando por el camino para darle la décima parte del botín a la gitana.

Conclusión: Si sabes convertir el metal en oro ¿por qué diablos vas a ir a España a por un tesoro? Sólo se me ocurre que por pura avaricia, lo cual viniendo de alguien que se autoproclama gurú universal no es muy lógico. Cabe decir que este es su segundo libro, lo que quizá in extremis serviría de disculpa. Pero es que encima la gente lo compraba. Pese a que sólo invirtió dos semanas en esta obra, lo cual se nota viendo la calidad, fue un éxito. No llega a ser tan cursi como otras que he criticado, pero empalagosa es un rato largo.

El estilo utilizado resulta agotador, puesto que Coelho abusa de las mayúsculas donde no debería haberlas. Está plagado de reflexiones absurdas, redundancias y pseudo psicología del mismo estilo de El Secreto. Paulo Coelho se ha convertido en un inmenso referente para cerebros blandos e incapaces de razonar, al mismo tiempo que ha alertado a los cuerdos de que hay un nuevo estafador disfrazado de escritor. Pues esa es la única motivación de Coelho, el dinero. Al menos esa es mi opinión. Pero la gente es libre de gastar su dinero en lo que le de la real gana, así que si quieren enriquecer a un tipo que comenzó en las estanterías de librerías esotéricas, allá ellos.
No cabe duda de que Don Perillas da para muchas líneas, así que habrá más reflexiones acerca de su obra, por desgracia. Poned un Kraken en vuestra vida, que es gratis.

Escribir a cualquier precio

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

kraken

Bienvenidos de nuevo a mi humilde morada. Hoy os voy a hablar de los que juegan sucio, por decirlo de alguna manera. Los que prestéis la suficiente atención en algunos grupos de escritores noveles en las redes sociales, veréis algunas publicaciones en las que un autor publica una fotografía de una mujer desnuda y después escribe una parrafada que queda en segundo plano. Y la mayor parte de las veces, los escritos me hacen echar el primer plancton. No sé qué opinaréis vosotros, pero a mí se me cae el alma a los tentáculos. ¿En serio hemos llegado a esto? Me gustaría saber en qué punto hemos dejado, paradójicamente, de llegar al lector a través de las letras. Y no sólo hablamos de desnudos. Hay quienes nos plantan fotos de personajes de series de televisión o de la moda, incluso portadas de cómics, para publicitar sus libros, sin preguntarse qué será eso de los derechos de autor.

¡Qué barbaridad! Como si no tuviésemos suficiente con malos escritores y malas obras. Soy consciente de la efectividad de una buena portada o un booktrailer, pero no debemos cruzar la línea. No hay que portarse como brujas que atraen a los incautos con quimeras para después devorarlos.

Por otra parte no hace falta ser Pitágoras para saber que, los que somos mínimamente cultos, solíamos evitar al Duque y a Catalina, sobre cuya obra escupiré tinta en otra ocasión. No me obliguéis a formalizar un nuevo género de literatura choni, por favor. Tampoco seguimos páginas literarias ni nos unimos a grupos para ver muchachas al borde del resfriado. Para eso está el Interviú. Señores amantes de las pechugas y lo ajeno, ¿han probado ustedes a vender su talento en forma de una obra literaria de calidad? Nuestra generación es afortunada, dentro de lo que cabe. Tenemos a nuestra disposición bancos de imágenes y sonidos que podemos utilizar para nuestra publicidad. Y es que los que realizan este tipo de prácticas que incurren en alguna falta, ni siquiera citan la fuente de la que sacan dichas imágenes.

Pero no todas las pelotas de plomo van a ir a la cabeza de estos autores. Una de ellas la guardo para los moderadores de dichos grupos y comunidades, que permiten este tipo de prácticas en las que todo vale. ¿No creéis que el mundo es suficientemente cruel como para que estos cretinos vengan ahora a deshonrar la profesión de escritor? Poseidón me tiene prohibido nombrar a nadie, pero ellos ya saben quiénes son y, si se dan por aludidos, quien se pica ajos come.

Entro en las comunidades de escritores y sólo veo pechos, pechos por todas partes. La rueda del ratón gira deprisa, pero no soy capaz de librarme de ellos. Grito, intento ignorar una foto tras otra. Al final tengo que clicar en una para reportarla y me siento culpable por contabilizar una visita más. La guerra es cruel.

¡No mancilléis nuestros ojos!

Sed fuertes, hermanitos. Detrás de la silicona y el maquillaje hay una vieja leprosa con chándal y tacones.

Dejad de mirar pechos y poned un Kraken en vuestra vida.

Patrick Rothfuss

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

kraken

Saludos, amigos míos. En el día de hoy voy a saltarme el protocolo y, en lugar de hablaros sobre una obra, lo haré sobre un autor: Patrick Rothfuss. Este hombre se ganó el respeto de una comunidad de millones de usuarios de dados de diez caras con la primera entrega de la Crónica del Asesino de Reyes, una impecable saga de fantasía que comenzaba con El Nombre del Viento. Afortunadamente nos ganó con el cambio de nombre de la saga, con respecto al inicial, puesto que esta se iba a llamar Canción de Llama y Trueno, lo cual hubiese sido visto como una redundancia al competir con Canción de Hielo y Fuego.

Los lectores nos encontramos con un gran libro entre las manos –en mi caso, entre los tentáculos- y todavía nos quedaba una razón más para alegrarnos: se trataba de una trilogía. Su fama se fue agrandando casi tanto como su barba y se coló en las listas de más vendidos. Pero este escritor, que siempre tiene aspecto de recién levantado, se encontró con un problema: No estaba preparado para ser una celebridad.

Al principio todo era perfecto, Rothfuss llevaba a cabo campañas humanitarias, estaba comprometido con su trabajo en la segunda parte de Crónica del Asesino de Reyes… Era un ejemplo a seguir y en 2011 publicó la segunda parte de su bebé, El Temor de un Hombre Sabio. Esto nos quitó el mal sabor de boca al enterarnos que en USA se había publicado un pseudo cuento para niños que pretendía ser de terror, pero que no puede dejar de parecernos igualmente cursi.  En España, todavía nos quedaba tener que ver en las estanterías el primero de los patinazos de Rothfuss. Pero nos dio igual. La segunda parte de la saga fue fantástica hasta el punto de hacernos amar a su protagonista que parecía salido de un poblado chabolista.

Poco después, sus seguidores que crecían cada vez más, le pedían la tercera y última parte de la saga. Había tardado cuatro años entre las dos primeras, pero los fans no podían esperar tanto. Rothfuss se mostró molesto por tal atención del público e hizo comentarios quejándose al respecto. No obstante, publicó una historia secundaria de la Crónica, que bien hubiese podido esperar. Esta era una obra de narrativa pura y dura que no nos desvelaba nada nuevo que fuese realmente importante, nos negó el más mínimo detalle sobre lo que estaba por llegar.

En las redes sociales le produjo una clara división, una guerra dialéctica entre fanáticos y detractores en la que algunos argumentos llegaron a resultar innecesariamente groseros. Mientras tanto, el Rey seguía riéndose en su montaña contando dinero mientras veía cómo otros libraban sus batallas. Rothfuss falló a muchos de sus fans.

“Comprometido” con su labor humanitaria, sacó a subasta la oportunidad de incluir un personaje con el nombre del pujante ganador, yendo destinado el dinero a la organización con la que es líder: Worldbuilders. La trampa estaba en que la puja mínima estaba en cinco mil dólares. Los fans más acérrimos lo vieron como algo loable, otros lo consideraron innecesario, los más impacientes y realistas detectaron otra excusa más para que el autor observase cómo su ombligo se alejaba cada vez más del resto de su cuerpo.

La guerra se recrudeció. Algunos llegaron al fanatismo más extremo, realizando representaciones inspiradas en la saga en vídeo o con dibujos de diversa calidad. Otros juraron no gastar un euro más en Rothfuss. Por su parte, Patrick ideó una subasta recaudatoria más que consistía en tener la oportunidad de revisar el manuscrito de la tercera parte de la saga. Un rugido atravesó internet. Vuestro Kraken lo sabe. Estuve allí. Gritamos al unísono: ¡Déjate de rollos y saca la maldita tercera parte!

A día de hoy no existe ninguna fecha orientativa para la publicación de la última novela, cuya única información que tenemos es que se va a titular Las Puertas de Piedra. Rothfuss sigue firmando libros, viajando y quejándose de lo desgraciado que es porque la gente se ha enganchado a su obra. No parece consciente de que esos que tanto le presionan son los que le dan de comer.

Ahora, a nivel personal, me parece una vergüenza para la profesión encontrarse escritores así. Me explico: Puedes ser un mal escritor, con malas obras, pero que vende. Al resto eso nos dolerá por el poco criterio de los lectores. Pero alguien con ese talento, con ese potencial demostrado, con ese ejército de seguidores, que actúe con tal soberbia plantándonos tentempiés incomibles, a la vez que se queja de la presión de sus lectores, no se merece su don.

Muchos escritores –por no decir la mayoría- se verían honrados por ser víctimas de los males que aquejan profesionalmente al Señor Rothfuss. Zeus da pan al que no tiene dientes. Algunos del gremio podrían pensar que ha conseguido hacer que su carrera sea igual que su barba: caótica, sucia y absurdamente larga.

No puedo despedirme sin recomendaros que leáis las dos primeras partes de la saga. Son muy buenas, pero habrá que esperar todavía mucho antes de ver la tercera. En el panorama fantástico no es de lo mejor, pero tampoco es Laura Gallego, de la que os hablé en mi primer post. El Rey de la literatura fantástica siempre será Tolkien, seguido por George R.R. Martin.

Antes de poner punto final al post y aprovechando que gira en torno a la literatura fantástica, este Kraken se toma la libertad de recordar y despedir a un grande del género: Terry Pratchett, quien nos ha hecho reír y soñar en Mundodisco. Poned un Kraken y un Pratchett en vuestra  vida.

Crepúsculo

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

krakenSaludos, visitantes de las profundidades. Hoy comenzaré planteando una cuestión: ¿Os enamoraríais de un filete? No, no respondáis, era una pregunta retórica. De eso trata toda esta saga. Ni siquiera dedicaré una entrada a cada una de las entregas.

Hagamos esto como se debe hacer: de golpe y sin vaselina. Stephenie Meyer nos narra una historia en primera persona sobre una muchacha cuyo mayor problema era tener que pasar un mes al año en un pueblo donde siempre estaba nublado. Como Bilbao, pero aburrido. Desde un principio no nos queda claro si se muda al pueblo por no tragar a su padrastro deportista o porque le daba flojera andar viajando de un lado a otro.

El caso es que llega con su padre a Forks, que es como se llamaba el lugar y antes siquiera de que bajase del coche le cuenta que le ha comprado una camioneta a Toro Sentado para ella. Después de esto, la narración apresurada nos lleva hasta el primer día de instituto. Bella, que es como se llama la protagonista -la autora habrá acabado con jaquecas al elegir el nombre, digo yo-, es rápidamente aceptada por el grupo de nerds del centro, pero a ella le llama más la atención otra tribu. Yo los describiría como emos pijos o imitadores de Charlie Sheen. Los nerds le explican que son todos hermanos, adoptados por una pareja de jovenzuelos del rollo de Brangelina y Bella se queda prendada de uno de ellos: Edward.

Para dejarnos claro que no son humanos tras insinuarnos ciertas relaciones pseudo endogámicas, Edward salva a la protagonista de ser aplastada por un coche. Durante un instante me pregunté si tenía entre mis manos otra adaptación más de El Último Hijo de Krypton, pero después recordé que se trataba de una novela de vampiros. O eso creía…

Estos vampiros no se derriten con el sol, sino que brillan. Más que vampiros parecen elfos caníbales. En resumen: Se enamoran, llegan los malos, la chica huye a su antiguo hogar, los malos la encuentran y le muerden porque es más tonta que un yoyó. Llega Edward, se carga al vampiro malo y le saca el veneno (sí, veneno) a Bella. Fin. Sin sustancia. Sin atractivo. Sin vergüenza.

En el segundo libro Edward se larga de Forks para proteger a la chicquilla que ya no es tan chiquilla, puesto que ya ha cumplido la mayoría de edad. Pasa el tiempo y decide que se aburre y que quiere ir a buscar a la bola de discoteca andante en moto. Así que le pide ayuda a su amigo indio -perdón, nativo americano-, que por cierto es un hombre lobo, que le ayude a arreglar una tartana que tiene por ahí. Casi pensaba que iban a construir al monstruo de Frankenstein por error, porque es el único que faltaba en el ajo. Pero no, era una moto.

Una sucesión de premoniciones, llamadas de teléfono confusas e insensateces de Bella nos llevan hasta Italia, donde Edward, al creer muerta a Bella, pide a los mandamases de los vampiros que le maten, al más puro estilo (o plagio, depende cómo se mire) de Romeo y Julieta. En lugar de matarle y dar una alegría a más de un amante de la buena literatura de vampiros, le piden que convierta a Bella, puesto que sabe demasiado. Acepta a regañadientes y se acaba el libro.

El tercer libro sólo lo describiré como relleno para contarnos que Edward y Bella se casan pero tienen problemas de cama. Páginas y páginas de prensa rosa ficticia. Vomitivo.

La historia termina con una Bella convertida en vampiro con un bebé híbrido al que casi todos quieren matar. Por un momento casi se emociona uno al ver que se acerca una escena con acción, pero hasta eso nos quita Stephenie Meyer. Todo termina de la forma más sosa posible y se queda en agua de borrajas. Como guinda nos muestra algo cuanto menos enfermizo. El lobo amigo de Bella y la hija de esta inician una relación zoofílica cuando la niña tiene seis años. Eso sí, nos lo endulzan haciéndole aparentar dieciséis. Ahí lo dejo.

En la reunión semanal de Villanos Anónimos pregunté al Conde Drácula cuál era su opinión respecto a esta saga. Me escupió a la cara. Y con razón, porque hace falta ser mala escritora para destrozar así el género vampírico.

Bram Stoker y Anne Rice, esos son los mejores en lo que a vampiros se refiere. Crepúsculo es el producto de que los mormones dejen de vender biblias para escribirlas.

Como decía antes, posee un estilo pobre, infantil y cursi. Se hace evidente que desde que escribió la primera letra, la autora la iba a destinar a vaciar billeteras. Queda demostrado en la forma de forzar la historia a llegar hasta una conclusión concreta y, en parte, previsible. Las únicas sorpresas son historias secundarias. No describe apenas los lugares y apenas profundiza en los sentimientos, utilizando expresiones prefabricadas, típicas de la novel romántica de todo a cien.

Agradezcamos que no vayan a publicar otra novela más de la saga, puesto que se filtraron varios capítulos en la red y su autora abandonó el proyecto. Afortunadamente, como vio que no sacaba tajada no nos torturó más.

No seáis ñoños y poned un Kraken en vuestra vida.

Cincuenta Sombras de Grey

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

Saludos, queridos lectores. En el día de hoy vamos a tratar una obra que es, cuanto menos, controvertida. Hablo de la primera entrega de una trilogía que desde un principio hace gala de una ñoñería sin límites.

Comencemos con el argumento: Tenemos a una universitaria que hace una entrevista de risa a un guapo multimillonario después de conducir más de dos horas. Muchacha, para eso, quédate en casa. La superficialidad se hace patente desde un principio al sorprenderse de que ofrezca el “muchimillonario” un empleo sin ser guapa ni rubia. Eso es lo que intuimos, porque lo que es describir a los personajes, no lo hace la autora. Pero continuemos antes de que me siga yendo por los cerros de Úbeda. Resulta que el tal Christian da la impresión de ser el típico acosador que, si no fuese por lo rico y guapo que es, ya hubiese recibido una orden de alejamiento. Va a la ferretería de la protagonista (sí, a mí tampoco me cuadra una niña tonta trabajando en una ferretería) y compra bridas, cuerdas, etc. ¡¡¡Ding ding ding!!! Alarma, perturbado a la vista.

Pero claro, había que darle la imagen de caballero andante para que los lectores no se llevasen las manos a la cabeza, puesto que parece que la autora no tiene suficiente con que la salve de un ciclista (a ver, tonto, que es una bicicleta, no un tráiler). Así que entra en escena el pagafantas de la muchacha con nombre cursi, Anastasia. Este muchacho, eterno alcalde de la Friendzone, tampoco goza de un nombre mejor. Es más, tiene el nombre español más prefabricado hasta la fecha: José Rodríguez. Pobrecito, a la prota le dan un apellido que combina genial con el del guaperas de turno (Grey-Steele = Acero- Gris) y él se tiene que conformar con el más común entre las estadísticas. El tema (malditos tentáculos los míos que me distraen) es que la intenta besar, ella le hace la cobra y Grey aparece para llevarse a la chica demostrando una vez más que poderoso caballero es Don Dinero. Se la lleva a su casa y le echa la bronca del siglo por no llevar una vida sana. Claro, como si mezclar amor y violencia fuese de mens sana in corpore sano. Pero ya llegaremos a eso. De buenas a primeras le planta un contrato en la jeta en la que le dice que no puede hablar con nadie de lo que hagan en privado. ¿Es que esta chica no ve las señales luminosas que le indican que ese tío es un enfermo mental peligroso? Pero no pasa nada, el tío tiene un helicóptero y todo.

Bueno, pues después de enseñarle su sala de tortura, va la niña cursi y le dice que es virgen. ¡Ja! ¿Una virgen en América? Espera, que me atraganto con la tinta de la risa que me da. Pero no pasa nada, el tío hace un esfuerzo y la desvirga. Más majo…

Total, que nos encontramos con un tío que controla con quién sale y entra, lo que come, etcétera. Enfermizo, creo yo. La muchacha al final parece demostrar que tiene dos dedos de frente, si no amor propio y le deja. Pero eso dura sólo unas páginas, puesto que, como he dicho antes, powerful man is Mister Money. Pero de eso ya hablaremos cuando lleguemos a la segunda novela en un ataque de masoquismo de vuestro querido Kraken.

Ahora vamos a hablar del estilo. Primera persona y presente. Muuuuuuy aburrido leer en ese plan. Pese a la madurez de la autora, parece que la haya escrito una niñata de quince años rodeada de peluches de Hello Kitty. Pero ¿Qué puedes esperar de un fanfiction de Crepúsculo?

Hablemos de literatura erótica con toques de sadismo. Si queréis calidad, leed a los veteranos de ese género, como el Marqués de Sade (valga la redundancia, puesto que a él se atribuye el término sadismo) o Lord Byron. En serio, leed Justine, que le da más vueltas a esta trilogía que millones tiene Grey.

Para terminar, hago una petición: Por favor, que nadie deje a E.L. James volver a coger un bolígrafo. Por el bien de la humanidad y para que dejen de sangrarnos los ojos con aberraciones como esa. Mientras leía ese libro, me preguntaba cuánto me importaba mi salud mental. Como si un enfermo de obesidad mórbida se diese un atracón de hamburguesas. Desde que lo terminé, en la oscuridad de mi cueva submarina, una idea atormenta mi mente. Como un demonio rosa chicle que me persigue. ¿Tendré el valor de leer la segunda parte de la trilogía? Maldito Kraken masoquista…

Recordad: ¡Poned un Kraken en vuestra vida!

El Libro de los Portales

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

Bienvenidos a mi humilde morada. Yo soy el Kraken y os voy a contar cómo me convertí en tal…

Todo empezó cuando paseaba por una librería y encontré El Libro de los Portales. Me lo llevé a casa, pues la crítica había reaccionado bien ante esta obra. Pero cuando llegué a casa y comencé a leer, las fuerzas me flaquearon. Era imposible leer dos líneas sin utilizar cualquier distracción para dejarlo. ¿Quién se divertiría o se vería interesado en un libro que empieza en una mina? ¡Qué deprimente! Pero había pagado por ese libro y lo iba a leer, como fuese. Así que me metí en el baño, pequeño, aislado, pero tranquilo. Saben bien mis ojos que hicieron todo lo que pudieron por mantenerse abiertos, pero tales letras emanaban un sopor que ningún ser humano podría aguantar. Me puse en pie y lancé una plegaria a los Dioses del lavabo, de la bañera y la taza del váter. Ellos me sonrieron y me otorgaron la capacidad de leer con estoicismo las obras más insoportables, pero a un alto precio. Me convertí en un kraken, una bestia capaz de sumergirse en los abismos y sacar a la superficie las mayores aberraciones de la naturaleza.

Con esto pude terminar El Libro de los Portales. Vi que la historia de que la muchacha principal se pirrase por el muchacho secundario era tema recurrente en su autora, Laura Gallego. El protagonista, un personaje distinto a los anteriores, sólo lo puedo describir como un Harry Potter de los Marines: utiliza sus habilidades “mágicas…?” a la perfección. Es más, es de los mejores. ¿Pero qué estoy diciendo? Es el mejor de los mejorcísimos, pero eso sí, con voluntad inquebrantable y algunos desórdenes emocionales que acarrea desde la infancia. A todos ellos se les junta un travestí recién salido de una mina y que no hace más que esconderse por todos lados. Luego están los portales, una especie de grafitis que te llevan de un sitio al otro teletransportándote. Me pregunto si esto será así para ahorrarnos un mapa o hacer alguna descripción geográfica general.

En definitiva, que tenemos a un Marine que pinta portales con una muchacha que me recuerda sospechosamente a Hermione Granger, a un tío que se quiere poner un portal en su casa sin tener un duro y que me recuerda, más sospechosamente todavía a Ron Weasley y un travestí que se les acopla. Sacad conclusiones.

Os espero próximamente con otra de mis críticas. ¡Poned un kraken en vuestra vida!