No te quiero

Por: Loreto Liz (Lilith)

Quiero hablarte y quisiera estrecharte
contra las cosas que no entendemos.
Cambiar un reproche por un “te espero”
hacerte comprender que algunos de mis gritos
están hechos de silencios.
Yo no te quiero para mí, pero no tenerte
es como sentir que me caigo a un agujero.
Quisiera hablarte y te espero dando gritos en silencio,
pero no te quiero…

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Un paseo en barca

Por: Pepe Ramos

Es tres de febrero de 1945 y mientras los soldados americanos luchan en el frente, me relajo en mi barca, disfrutando de lo que más me gusta en este mundo: navegar. Sé que debería estar con mis compatriotas luchando por nuestro país, pero soy un cobarde, siempre lo he sido. En el colegio mis compañeros no dejaban de burlarse de mí, me golpeaban, lo único que hacía era agachar la cabeza.

Más tarde, en el instituto, fui el blanco de las burlas por no participar en las actividades deportivas, propias de los chicos. Siempre me alejé de las confrontaciones.

Hasta que mi vecino se tiró a mi mujer, entonces no me lo pensé dos veces, cogí la pistola que guardo en un cajón del mueble de la entrada y vacié el cargador sobre él. Menos la última bala, esa fue para mi mujer. Ahora descansan bajo el lago, mientras me alejo del lugar donde los arrojé, en mi barca.

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Chica Selva

Por: Álvaro Fernández

Elevada a diez o quince centímetros del piso, la chica selva se viene.

Tira de su cuello una cadena reluciente que la une a un albino y excéntrico caniche.

La sensación de ruedas bajo sus pies, y el resplandor grisáceo de donde parece emerger, responden a hipótesis que Ángel no puede analizar tan temprano. La madrugada dejó su lucidez a contramano y no son horas de enarbolar conjeturas disparatadas.

Varios pájaros ya cantaron, y una vida sana trota alrededor de la plaza. Es una mañana de sol, con una muchacha bonita que se aproxima. Solo eso ¿Qué más pensar?

El trayecto que la señorita recorre, se interrumpe en los árboles.

Un olfateo por allí, un chorrito por allá y la correa que vuelve a jalar…

Montada a cúmulos voladores que le nublan las caderas, la mujer esmeralda le ofrece a Ángel su perfil más sensual.

De la cintura hacia arriba, ella es pura actitud, y sin pestañear, Ángel concentra su atención en sus marcados hombros que sostienen pechos firmes y altaneros.

No se advierte rebote, y Ángel no comprende la insistencia en unas tetas que no se menean.

Todo es deslice sobre un torbellino de tinieblas que la centrifuga hasta la altura del ombligo, y las piernas de la hembra son parte de lo incomprendido de esta mañana.

No deja huellas y nadie viene tras sus pasos. No trota, no camina, no hay tobillos… ¿Qué lleva en los pies? ¿Zapatillas o tacos? ¿Está descalza? ¿Tiene pies?

Con la visión alterada por los nubarrones, los interrogantes invaden a Ángel, que a esta altura, se siente bajo amenaza, pero excitado. Caliente.

Siempre en silencio, Ángel elucubra instantáneas respecto los detalles faltantes.  «Se la ve bajita, debe calzar treinta y seis, treinta y siete, cómo mucho, y seguro que viene descalza» Arriesga y cae en la trampa de un consuelo estúpido.

Cuando quien pasea a la encadenada, decide marcar territorio en cerca de Ángel, las nubes se disipan y el sol comienza a dejar a la chica selva en evidencia.

La anónima y ¿descalza? trae un bosque encima. El verde la cubre por donde se la mire.

Ahora, con la necesidad de sentirla hasta por los poros, Ángel, el que disfrutaba de una mañana de sol en la plaza de su barrio, no se siente decepcionado por las partes bajas de la mujer verde que viaja atada a la cadena.

En igual sintonía que sus tetas vienen sus ancas. Un verde vinilo encaja a la perfección sus piernas y las caderas. Le cuelgan anillos con flores de toda variedad, pero todas, y cada una de ellas de color verde. Rosas, calas, orquídeas, claveles, todas del color de sus hojas. Los pétalos, el cádiz, el estigma, las espinas, todo verde.

El azar de un perro decide las escalas de su viaje hacía él.

No echa raíces, no la dejan, y efectivamente, sus pies están desnudos…

A poco del cara a cara, los aromas frescos de su aspecto, desconciertan a Ángel, que se siente víctima de una bendición. Él, que había madrugado sin pedir ayuda, recibe una inesperada  dosis de naturaleza.

Pero no solo las ropas de la muchacha traen maleza.  Sus pies, talla no mayor a treinta y siete, también vienen teñidos de tanto pasto deslizado.

De entre las uñas asoman restos de césped que entró allí para quedarse, y los dedos, preciosos como uvas de vino blanco a punto de emborrachar, llamaron tanto o más la atención de Ángel, que la quietud de pechos de aquel primer contacto visual.

Si por él hubiese sido, se habría masturbado a sus pies.

Con una pésimamente disimulada inocencia, y advertida del asombro que Ángel encierra en la mirada, la chica selva decide encararlo con decisión.

— ¡Hola! — su voz es dulce y dueña del control.

Ángel, que en circunstancias de vidas pasadas o por venir, se habría desenvuelto con eficaz seducción, destroza cualquier hipotético acto de galantería, detrás de un triste y bobo balbuceo…

—   Odra, — con el pánico contenido hasta donde puede, Ángel demanda respuestas. Intenta continuar con la charla pero su voz no pronuncia. Precisa tenerle fe, confiar en ella, que se brinda generosa a los sentidos. — Pero si estás toda verde…

La mujer vegetal, con una sonrisa triste pero con

el alivio de la costumbre, apoyó un dedo en los labios de Ángel y lo silenció. Él pasó su lengua libidinosa por aquel tallo divino. Ella se dejó chupar unos instantes, y le quitó la fruta de la boca…

—   No ¿Ves? Mirá mis ojos, son verdes, por eso me ves así…

Olvidado hasta la inminente despedida, el caniche excéntrico que encadenaba a la chica selva, tiró como buey a la rama a la que está sujeto.

Separada de su presencia, Ángel sintió que se la arrancaban de un brazo, como si le deshojaran la piel de los codos con broches para la ropa. Como si le tallaran en el pecho el silencio de una despedida, el milagro sin revelar.  El milagro de la madreselva.

Ángel quedó mutilado, y el sol no volvió a salir hasta la tercera mañana desde aquel día.

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Conoce a Mabel Espiñeira

¿Cómo empezaste a escribir? ¿Recuerdas ese momento?
Me resulta difícil recordarlo porque escribo desde siempre. Pero si tengo que fijar un momento en concreto, creo que hacia los cinco años, cuando empecé a escribir los cuentos que me contaba mi padre, poniendo finales distintos.
¿Por qué elegiste este título? ¿Cuáles otro barajaste?
Me ayudaron mucho en Donbuk, y barajamos varios. Yo al principio había pensado en “Despiértame la piel” por una frase que pronuncia la protagonista. Pero estuvimos de acuerdo en que no sintetizaba la idea del libro como el título actual.
¿Eres autora de editorial o de autopublicación y por qué?
Soy autora de coedición. Es fácil, porque me conoce poca gente y las editoriales no se arriesgan con personas desconocidas. Yo lo entiendo, por más que me haga la vida más difícil (es una pena que no se advierta la ironía en lo escrito).

¿Qué tipo de lectora te consideras? ¿Convencional de papel o innovador de ebook?
Leo de las dos maneras. El ebook es perfecto para viajes, por ejemplo. Cuando estoy en casa soy más de papel, de oler, tocar, subrayar…mabel-2-215x300
¿Cómo te ves de aquí a 5 años?
Con más arrugas…y dejando eso aparte, me veo como siempre, escribiendo, siempre escribiendo y leyendo.
¿Qué opinión tienes de los blogs para los escritores? ¿Son necesarios como punto de partida o plataforma de lanzamiento?
Son útiles. Yo tengo un blog desde hace casi cinco años y hay gente que me conoce a través de él.
¿Cuántas horas le dedicas a la semana a escribir?
Escribo todos los días, aunque no todos los días le dedique el mismo tiempo. Pero en líneas generales creo que unas veinte o veinticinco horas a la semana.
¿Amazon sí o Amazon no?
Amazon si, desde luego.
¿Para cuándo una presentación que no sea en tu provincia? ¿Te atreverías?
Claro que me atrevería, sin dudarlo siquiera. ¿Cuándo? Esperando que me lo propongan.
¿A quién elegirías de prologuista para tu próximo libro?
Si se permite soñar…a Pérez Reverte o Isabel Allende. Pero sé que los sueños ….sueños son. Así que cualquiera que lo hiciese con saber, respeto y cariño.
¿Qué te dijeron cuando decidiste que querías escribir? ¿Te tacharon de artista o de loca?
Es que no se lo dije a nadie, al principio. Empecé a escribir en un foro de estudiantes de Historia, y la gente leía, comentaba, se reía, se enfadaban a veces por
las tonterías de los personajes.
¿Qué autores son tus favoritos y quienes te inspiran?
Hay muchos que me gustan. Me encanta la novela negra. Henning Mankell por ejemplo. Pérez Reverte, García Márquez, Rosemunde Pilcher, Lorenzo Silva, P.D. James…sería largo de enumerar.
¿Crees que la tecnología acabará con el libro en papel?
No, siempre estaremos ahí algunos nostálgicos para acariciar el papel.
¿Qué libro te hubiera gustado escribir?
Cien años de soledad.
¿Cuál será tu siguiente proyecto literario?
Ya estoy inmersa en él. La continuación de una obra que publiqué en 2015. Algunas personas que la han leído, como tiene un final abierto, me pedían que siguiese. Y a mi me apetecía…así que llevo ya 160 páginas.
¿Cómo trabajas tu marca de autor? ¿Qué red social consideras que es más potente?
Uy….ahí fallo mucho. Lo mío no es el marketing. No sé venderme. Pero Facebook me funciona bastante bien.
¿Cómo y cuándo caíste en las redes de la literatura?
Empecé, como he dicho, escribiendo una historia en un foro de estudiantes de ….Historia precisamente. A la gente le gustaba y me pedían más capítulos. Y yo, que soy obediente, se los daba.
¿Qué tipo de lector es el tuyo?
Creo que alguien que busque en la lectura una evasión, un entretenimiento, escaparse de la rutina diaria y que desee sumergirse en historias de personas reales, con sentimientos, con penas, con fallos, con errores, con sufrimientos y alguna que otra vez con alegrías. En suma….gente con gusto por la vida.
¿Qué significaría para ti estar en la Feria del Libro?
Ahora mismo, un sueño precioso que ojalá algún día se cumpliese.
Si tuvieras que ser biógrafa de alguien, ¿a quién elegirías?
A dos mujeres: Erzsebeth Bathory y Elisabeth de Witelsbach.

Un suicidio para Laura de Mabel Espiñeira

Sinopsis

Laura está entrando en el ocaso de su vida y aunque no tiene grandes problemas o preocupaciones, tampoco es feliz. Sobre todo, ha perdido las ganas de vivir y la curiosidadun-suicidiopara-laura por lo que puede depararle cada nuevo día. Se siente sola, teme a la vejez y a la decrepitud a la que ésta, inexorablemente, conlleva. Por eso piensa en el suicidio como una vía de escape a sus miedos. Valora las distintas maneras con las que puede poner fin a su vida; pero lo cierto es que ninguna de ellas la convence del todo.
La búsqueda del suicidio perfecto llevará a Laura a conocer a distintos personajes que le mostrarán facetas de la vida, y de ella misma, que desconocía completamente.

Autora

Mabel Espiñeira (La Coruña, 1964) escribe tanto novela como poesía. En este apartado ha sido ganadora del primer premio del Concurso de Poesía José Martí, convocado por la Editorial Portilla Foundation, de Tampa; Florida, en enero de 2012.
mabel-2-215x300En julio del mismo año gana el primer premio del Concurso de Novela “Caridad Hidalgo, in memoriam”, con la obra “Cuando amar es pecado”, que publica en la misma editorial; al igual que sus otras obras “Hijos de la bruma” y “Mientras llega Mañana”.
Su última novela publicada ha sido “Nos vemos en Ítaca”, en Octubre de 2015.

 

 

 

Regreso a las cavernas

Por: Sir Francis Kraken (Rafael Azgra)

Saludos, queridos lectores de las profundidades. Tras largo tiempo en silencio ha habido algo que me ha hecho salir de mi escondrijo. Estos últimos días, los que han rodeado a la celebración del Orgullo Gay, he sido testigo de ciertos comportamientos preocupantes y -lo peor de todo- sin ningún disimulo por parte de muchas personas.

He leído comentarios del estilo de «Si ellos tienen un día del orgullo gay, nosotros también queremos uno del orgullo hetero». Mi respuesta heterosexual es que, a diferencia del colectivo LGTB, nosotros no hemos sufrido persecución alguna por nuestra condición sexual, no se ha juzgado y condenado a penas de cárcel y muerte a nadie por ser heterosexual. Creo que hasta ahí deberíamos estar tod@s de acuerdo. Como una cosa lleva a la otra, también han llegado a escribir cosas como que «son libres de tener sus preferencias sexuales, pero en su casa». Ajá… Entonces deberíamos aplicarnos todos al cuento ¿no creéis? Que ningún mozo bese doncella alguna si a descubierto se hallan. Incluso podría ir más allá: hagamos extensible esto a la religión. ¿Qué opinarían estas personas si se les arrebatasen las procesiones de Semana Santa y las romerías, molestas para mucha gente? ¿Y si se les dijese que nada de iglesias, que practicasen su religión, pero en su casa?

Si alguna de estas personas de las que hablo lee esto, seguramente le parecerán una locura los planteamientos arriba expresados. Igual que, a los que tenemos sentido común, nos parece una locura ese grado de intolerancia. ¿Qué les costará vivir su vida y dejar a los demás que vivan la suya?

Siempre lo he dicho, en mi opinión la homofobia es el resultado de la homosexualidad frustrada. Como sea, es una conducta inadecuada si no dañina para el progreso de nuestra sociedad.

Lo curioso es que este tipo de reacciones surgieron rondando a la matanza de Orlando, a un par de semanas de la celebración del Orgullo Gay. La insensibilidad con el medio centenar de personas a las que arrebató la vida un loco es pasmosa, pero si lo pensamos bien ¿acaso no puede ser un contagio de la locura que espolea a aquellos que imponen su voluntad por medio del terror y la muerte? No es para tomarlo a broma. ¿Acaso esa forma de pensar no es el primer paso hacia el horror que nos envía cada día nuevas víctimas?

Algunos se preguntarán qué tiene que ver esto con la literatura, lo que es sencillo de responder: Reinaldo Arenas, Marcel Proust, Oscar Wilde, Federico García Lorca… Muchos genios nos fueron arrebatados por culpa de la homofobia. Con todo lo que hubieran podido crear y dejarnos en herencia si hubieran dispuesto del tiempo que les correspondía, ¿acaso no deberíamos sentirnos estafados todos los que amamos la literatura? ¿acaso no se nos ha privado de auténticos tesoros porque no tuvieron la oportunidad de ser escritos?

Como sea, nadie debería sufrir por amar, pues el amor sirve para ser feliz del mismo modo que el odio sólo genera sufrimiento. Poned un kraken y una buena ración de tolerancia en vuestra vida.

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Bukowski hablando de sí mismo

Por: Víctor J. Rodríguez

En ‘Septuagenarian Stew: Stories & Poems’ (libro de relatos publicado en España como ‘Hijo de Satanás‘, incomprensiblemente) Charles Bukowski realiza dos interesantes ejercicios de metaliteratura que todo escritor y aspirante debería estudiar. En la Escuela de Escritores de Zaragoza aprendí que éste es un autor con un estilo tan personal, crudo y extremo que merece ser tenido en cuenta por todos aquellos que quieran ser escritores con un amplio horizonte de posibilidades creativas.

El realismo sucio de Bukowski choca de lleno con las miradas positivas y extremadamente optimistas, contrasta con quienes piensan que siempre debe haber un final feliz. Su temática era realista, por dura que fuese. Mostraba la otra cara del american way of life, la de los que viven abandonados por la buena suerte. Pero en algunas de sus historias también introducía elementos de humor negro y metaliteratura.bukowski

Entre sus novelas y cuentos hay muchas referencias inspiradas por experiencias autobiográficas y, como bien es sabido por todos los que lo hayan leído alguna vez, creó un alter ego llamado Henry Chinaski, que aparecía habitualmente en sus libros (personalmente, la novela Factotum, protagonizada por él, es la más redonda).

En ‘Septuagenarian Stew: Stories & Poems‘, uno de sus libros de relatos, hay varias historias interesantes protagonizadas por escritores, pero voy a destacar dos en especial: Los escritores y Lo suficientemente loco.

En el primero, dos escritores sin mucho éxito, Harold y Nelson, se encuentran en casa del segundo y critican ferozmente a un tercero, respetado y admirado por público y crítica, llamado Follawski. Le llaman hijo de puta, dicen de él que “no sabe escribir, no tiene vocabulario ni estilo” y que solo sabe “vomitar y follar y putear”, que ha tenido suerte y lo definen como “un perro que hubiera logrado cruzar sin mirar una autopista congestionada sin ser atropellado”. Además, cuentan anécdotas sobre él y en ninguna sale bien parado, mientras lamentan que ellos no hayan tenido su mismo éxito. El relato termina con Follaski sentado en su máquina de escribir, borracho, escribiendo sobre dos escritores que había conocido.513lrqwYWhL._SX329_BO1,204,203,200_

Resulta muy interesante, pues no solo hace un juego de palabras con su nombre (podemos pensar que en la versión original Follawski es Fukowski) sin que también con lo que otros decían de él, además de describir el momento en que creaba el relato. ¿Cuánto habrá de verdad? Podemos pensar que a lo largo de su carrera tuvo que enfrentarse a este tipo de críticas por su estilo literario.

En Lo suficientemente loco un autor, el célebre Chinaski, explica cómo una película titulada ‘Canciones del suicida‘ adapta una de sus novelas, dirigida por un cineasta italiano y protagonizada por dos actores de la misma nacionalidad, llamados Ben Garabaldi, que haría de él, y Eva Mutton, que sería su mujer. Durante el relato cuenta detalles como el dinero que recibió por los derechos, relaciones con miembros de la producción, opiniones de los actores y cómo es para él el día del estreno. No le gusta nada la trama ni la interpretación de los actores. De Garabaldi dice que se olvida de actuar y critica que no se emborrache. Sobre su aspecto dice que le gustan sus ojos, “pero era demasiado agradable. Un macho guapo, pero pagado de sí mismo, sin rastro de insensatez”. Y de Mutton, que apenas la conocía, pero “me habían dicho que era un bocado dulce y sensual y que todos los italianos soñaban con tirársela”.

Lo curioso viene a continuación. En 1981 una película italiana, ‘Storie di ordinaria follia’  (‘Ordinaria locura‘) adaptó unos relatos de Bukowski. Los protagonistas fueron Ben Gazzara y Ornella Muti, quienes encajan bastante bien con la descripción que hace de ellos. Además, describe una escena final en la que él se abraza a las piernas de ella en la playa, en un amanecer, hablando sobre sentimientos y recitando una poesía. Una escena muy similar aparece en la película.

Está claro que en este relato Bukowski habla de su experiencia con esta película. Según puede leerse, no acabó nada contento con el resultado. De hecho, cuenta que durante el estreno no paró de criticar en voz alta lo que veía. Siendo protagonizado por Chinaski, podemos pensar (o desear) que mucho de lo que cuenta es verdad.

Mi parte favorita del relato es una en la que cuenta que, aun siendo el autor de la novela que adapta la película, no se entera del estreno hasta que se lo cuentan terceras personas, no los productores. Y reflexiona sobre lo que es un escritor, pasando a decir lo siguiente:

“¿Qué es un escritor? Un escritor es como una puta. Utilizas a una puta y luego has terminado con ella.

Creen que si los escritores sufren serán mucho mejores. Eso es pura mierda. El sufrimiento es exactamente igual que cualquier cosa: si te dan demasiado, al cabo de un tiempo puedes hundirte. Es el intento de escapar del sufrimiento lo que crea grandesescritores: te sientes tan bien que haces que los lectores se sientan bien”.

Charles Bukoski en estado puro.

A los centauros

Por: Héctor Cediel

Espantados por los mitos

se desbocan en estampida los toros llaneros.

Cabalga el brío hereje como lengua de víbora,

saltando al llano por el portal de los sustos…

Las bestias se muerden a lengüetazas como amantes.

Espantan al viento con sus relinchos,

y le rasgan la piel con sus cascos a la tierra…

Cual Centauros desnudos

cabalgan hacia el corazón del fuego.

Estos diabólicos unicornios…

Ponen en fuga a las astas de los toros

que rasgan y cornean a las huracanadas tormentas…

Los cornúpetas se insolan con los mugidos

de los rejoneadores lanceros de sus ijares,

que como expertos varilargueros.

Los conducen al encierro del circo de la muerte

Para jugarse a suertes: el derecho a la vida…

Se luxan cuando se engarabatan las bestias,

como torbellinos encorvados por el nervio

y los quites diestros de las embestidas…

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De nuevo en la brecha, ruego que me disculpen

Por: Pablo León Alcaide

Había tropezado, un traspiés inoportuno en la brecha que separa la cortesía de la estupidez, y al acuse del dolor decidí sentarme y dejar mis pies colgando en aquella sima. Contemplé el relieve a mi alrededor y todo parecía difuso, como las pinceladas de un Van Gogh  en el que solo descubren su auténtica forma cuando nos alejamos lo suficiente del lienzo.

Mis pies, a veces distraídos, me han llevado en ocasiones a este tipo de depresiones en las que la estrecha línea de lo socialmente correcto se vuelve accidentada y peligrosa para la integridad de uno mismo, comienzas por agradecer un gesto amable y si no tienes cuidado puedes acabar por descubrir un yugo que rodea tu piel con la mayor naturalidad.

Es difícil caminar en el término medio cuando los vértices de ambas caras resultan tan afilados e incisivos; aquellos que optan por la incondicional pleitesía hacia cualquier gesto, real o figurado, o los que optan por la ingratitud generalizada se liberan, por así decirlo, del continuado juicio de valor que supone contemplar cada conducta de la cual seamos foco. Pero esta respuesta rápida implica meter a todos en el mismo saco, vanagloriar sin mérito a unos o menospreciar la buena acción de otros, al fin y al cabo, ni todo lo que reluce es oro ni todo el oro brilla. A menudo nos balanceamos y ponemos un pie al otro lado por miedo a caer, por miedo a no hacer lo correcto, pero en este empeño por congraciar a los demás nos perdemos a nosotros mismos e incluso perdemos a quienes menos gritan pidiendo un más que merecido agradecimiento, sólo porque creemos que quien mas alce la voz será quien más atención requiera, solo porque vivimos en una sociedad en la que quien no llora no mama y no importa de donde saquemos la leche, pero hay que saciar los estómagos hambrientos y excusarnos si el plato llegó frío.

Me gustan las personas con un claro sentido de la justicia, las que aplauden solo porque lo creen merecido y dan las gracias una sola vez por cada acto que deba ser agradecido. Me asusta caer en un valle de reverencias inmerecidas o de silencios que eclipsen cualquier conducta elogiable, quizás porque crecí con la enseñanza de que debían felicitarme por mis méritos y reprochar mis errores; y de acuerdo a esto es como me gusta actuar, tratando de ser justo en un mundo atiborrado de convenios y acuerdos sobre quien será ensalzado y quien caerá en el olvido, tratando de no vender a bajo coste mis principios ni mis ideas y así, si algún día la vida me brinda hijos a los que legar alguna experiencia, poder decirles que hagan lo que consideran correcto y no lo que otros decidan que es correcto.

Había tropezado en aquella brecha y al levantarme, al cubrir la distancia hasta la colina cercana pude ver en perspectiva donde tantos caemos, pude ver donde me precipité, pero también el camino que sigue mas allá y una nota en mi diario de descubrimientos, otra pista en la búsqueda del hombre sabio.

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Salir de mí

Por: Loreto Liz (Lilith)

En noches como la de hoy
quisiera salir volando,
lejos, no sé a dónde.
Quizá a un banco de un parque,
a cualquier lugar donde no esté yo,
a una tarde de verano,
a ese bar donde prometimos encontrarnos,
o al pie de tus murallas.
Tal vez echar a correr
en sentido contrario a la rutina,
por calles en dirección prohibida
a la circulación de los reproches.
Podría caminar
sobre la cara oculta de mis sueños
y descubrir que sólo necesito
una bandada de gorriones para salir a ver el mundo,
para sentarme en una estrella contigo
y ver cómo se encienden
las luces en las calles de Madrid.
Tal vez a un lugar no muy lejano,
y desde allí comprobar
que puede que la solución no sea retirarme,
ni escaparme, huir de aquí,
hacer una maleta con lo que te dejaste,
y lanzarme con ella por la ventana,
sino salir de mí.

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