Negro corazón

Por: Loreto Liz (Lilith)

Te persigo como un río
persigue una escapada,
la promesa del mar,
algún día llegar a ser lluvia.
Te persigo y me vacío,
me quedo hueca
por si vienes y me abrazas
y vienen tus ojos a hacerle
compañía a mi mirada.
Y aunque me muera de miedo
te seguiré hasta lo más hondo
de cualquier rincón,
hasta el pozo más negro
del fondo de tu negro corazón…

cat-423552_1280

Imagen de Pixabay

El mar en Madrid

Por: Ana Rodríguez

Una vez vi el mar desde Madrid,

mientras nos follábamos al amor

en una de esas siestas imposibles

si le tenía en mi espalda.

Ahora entiendo que no es que él

pusiera el listón muy alto,

sino que eso es lo mínimo exigible

en este tiempo de frío:

Que te hagan ver el mar

en un piso con vistas a un patio interior.

temple-968929_1280

Imagen de Pixabay

Aguamarina

Por: Hector Cediel

Tus labios aún conservan,

el aroma fresco del mediterráneo.

Sobre tus ojos se refleja,

el reflujo de las aguas y del cielo.

Tus sentimientos poseen,

la dureza del coral y la piel tiburonera.

Las emociones leves y fugaces,

de las arenas y las lágrimas del piélago.

Posees todo el encanto y la pasión

de las ondinas, princesas coralinas.

Tu belleza aguamarina me confunde,

con su piel hechicera y seductora.

Posees el misterio del eco del caracol.

La insensibilidad del caparazón

que me recuerda: a mí amada tortuga

¡Los latidos de su indolente corazón

y los reflujos enamoradores de su piel!

greece-1660496_1280

Imagen de Pixabay

Algo

Por: Perera

Quiero que me recuerden como un sencillo árbol
un absoluto humano, un carpintero de letras de amor
un vendedor de versos tristes y cariñosos
Si al final, los poetas no somos nada importante
Lo importante y bello son los lectores.

monument-1296074_1280

Imagen de Pixabay

Más se perdió en la guerra

Por: Loreto Liz (Lilith)

Te confieso

que no tengo

todas tus respuestas,

que escribo mejor que hablo,

que a veces

me hago la despierta

si irrumpes a media noche

de un portazo

en mi cabeza

y en mis ganas,

que soy un individuo

tan pequeño

que a veces ni me veo,

que hoy estoy triste

y que no tengo la culpa,

que cada vez suscribo

con más fuerza

a mi abuela

cuando decía

que: más se perdió en la guerra

(y volvimos cantando).

man-1156543_1280

Imagen de Pixabay

Inspiración

Por: Isabel Gañán

Antes de conocerte, niña mía,

yo caminaba en silencio, sin saber…

mis días se fundían bajo soles de pasión,

anhelando el lánguido atardecer,

mientras surcaba el cielo

en busca de una sola oración.

Amanece tan pronto,

que las luces del alba quiebran mi sueño;

sueños que son jirones de nostalgia

de un tiempo prendido por un hondo empeño,

el que acariciaba la dicha de ser tu madre,

esa llama encendida por un amor sin dueño.

Contigo nació mi inspiración;

tus pasitos guiaron mis despertares

por una alfombra tejida de primavera,

entre agasajos de lirios y rosales,

los de tus risas acariciando mi rostro

entre abrazos maternales.

Hoy evoco tus rosadas mejillas,

en las que delicadas mariposas posaban;

eran besos de amor inflamados,

que a una bella aurora mi querer cantaban,

tejiendo instantes presos de ternura

como un manantial que tu dicha desbordaba.

Siempre caminabas a mi vera

y, con amor, yo prendía tus manitas;

esas delicadas flores de raros pétalos,

que venerados recuerdos en mí excitan

dentro de un mar insondable,

en el que ahora olas bravas se agitan.

Anhelo ver de nuevo tu sonrisa

en medio de este paraje solitario,

al sosiego de sombras de sauces

que musiten con sus hojas mi calvario,

por rasgar el velo que cubre la memoria,

avivando tan bella luz en su relicario.

baby-784609_1280

Imagen de Pixabay

Abanico de esperanza

Por: Hector Cediel

Absorto contemplo

el insondable abanico.

Ninguna alternativa

permite el lóbrego destino.

La pasión ígnea luce

cual monolítica replica,

esculpida en el recuerdo.

Las lágrimas de la esfinge

me roban un nostálgico suspiro.

El frío de mi vida

me enceguece ante el paisaje.

Ni una estrella ni un neón

brillan para orientar mi incertidumbre.

El destino se devoró.

Las huellas del regreso…

¡Se desdibujó la última esperanza,

que era el as que reservaba!

sky-1107952_1280

Imagen de Pixabay

A mis lectores

Por: Perera

Sientan conmigo el placer de mis prosas
el placer de saber que mis rimas y mis versos te empinan
te abrazan a mi lado junto a mis letras que no duermen
siente junto a mí, mis suspiros, mi lindo sentido por el amor
soy el poeta de todos, de todos los descubiertos de amor
y los que no lo saben aún.
Es para sobrevivir, para que nos ayudemos a sostenernos
a conspirar de fantasías en este mundo de locas manías.

the-danube-1018328_1280

Imagen de Pixabay

De olores traídos por la lluvia

Por: Pablo León Alcaide

A hierro mojado me huelen tus dedos,

será de borrar con el simple roce de tus manos

las cadenas que me mantenían preso,

será de quebrar esta jaula de ser humano

y llevarme un poco más alto, un poco más lejos.

A café intenso me huelen todos los poros,

quizás interrumpimos nuestra merienda

y te perdiste entre mi piel a medio sorbo,

quizás mi cuerpo gastándote una tetera

para que acudas como el rebaño hacia los lobos.

A un otoño lleno de hojas doradas, tu pelo,

como perdido en un bosque de cabellos marrones

adornado de briznas áureas queriendo tocar el cielo,

como el verano queriendo usurpar estaciones,

y abrazado a tu melena, contigo amor, me quedo.

coffee-264289_1920

Imagen de Pixabay

No me importa

Por: Fernando Bermúdez.

No me importan ni las penas, ni tus días, ni las fraguas que pudieron recorrerte. Estoy aquí declamando un suspiro, es necesario quererte a voces, extrañarte a pautas, mirarte mientras no dices nada. No me importan las condenas que has pasado, las caricias que hoy son recuerdos, no importan tus fantasmas que me visitan cada noche, no me importan los kilómetros que te rigen, ni mucho menos las leguas de tus besos.

Te he plantado en todas partes, te hecho silencio por que así gritas más fuerte, le he dicho al viento que te abrace, que te regale escalofríos, sé que odias el frío, que amas los abrazos,  te gusta el mar en tiempo de lluvia, que esperas  a las estrellas en el balcón, que la soledad te da miedo, que no te gusta la noche si no hay luna que vigile, sé que te gustan los claveles, que lees a Sabines cuando estás enamorada, también sé que no me importa amarte sin  recibir alguna mirada.

No me importa saber que tienes miradas para todos, no me importa… No importa saber que el amor es un proyecto de largo plazo, no me importa saber que te extraño cada noche y nunca te he tocado, no me importan ni los días, ni mis ganas, ni nada de lo que pasa en este momento si no estás tú en mi vida.

Tiemblo por cada suspiro perdido, me dejo morir en cada día muerto, voy a diario recogiendo tus pasos, tengo Fe y te rezo a besos, como dulce religión en busca de crecimiento. Y aquí estoy con versos cobardes, con valientes letras diciéndote lo que yo no puedo por falta de esmero, por falta de cielo, es que las piernas se me contraen, mi corazón se torna en coma, no sé cómo no puedo ir y besarte, dejar que el tiempo se consuma, dejar todo a la playa y sus vientos.

El resto de mi vida si tú quieres la tienes para escribirla, te puedo dejar la tinta, mis hojas, te dejaría con un abecedario amplio, con letras indelebles, dejaría todo en tus manos con tal de que escribieras. Mi vida no es demasiado sorprendente, pero tiene muchas fábulas y pocas moralejas, mi vida está hecha de lágrimas y lluvia, de caricias mermadas, de tertulias en el armario, de pieles en el olvido, no me importa naufragar si tú escribes la historia, no me importa estar entre letras, pero siempre tocando al cielo, escuchando el silencio mientras nuestros labios hacen orquesta con nuestros cuerpos.

 

No me importa ser tus suspiros.

silhouettes-812125_1920

Imagen de Pixabay