Inspiración

Por: Isabel Gañán

Antes de conocerte, niña mía,

yo caminaba en silencio, sin saber…

mis días se fundían bajo soles de pasión,

anhelando el lánguido atardecer,

mientras surcaba el cielo

en busca de una sola oración.

Amanece tan pronto,

que las luces del alba quiebran mi sueño;

sueños que son jirones de nostalgia

de un tiempo prendido por un hondo empeño,

el que acariciaba la dicha de ser tu madre,

esa llama encendida por un amor sin dueño.

Contigo nació mi inspiración;

tus pasitos guiaron mis despertares

por una alfombra tejida de primavera,

entre agasajos de lirios y rosales,

los de tus risas acariciando mi rostro

entre abrazos maternales.

Hoy evoco tus rosadas mejillas,

en las que delicadas mariposas posaban;

eran besos de amor inflamados,

que a una bella aurora mi querer cantaban,

tejiendo instantes presos de ternura

como un manantial que tu dicha desbordaba.

Siempre caminabas a mi vera

y, con amor, yo prendía tus manitas;

esas delicadas flores de raros pétalos,

que venerados recuerdos en mí excitan

dentro de un mar insondable,

en el que ahora olas bravas se agitan.

Anhelo ver de nuevo tu sonrisa

en medio de este paraje solitario,

al sosiego de sombras de sauces

que musiten con sus hojas mi calvario,

por rasgar el velo que cubre la memoria,

avivando tan bella luz en su relicario.

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Imagen de Pixabay

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