Cartoon trip

Por: Álvaro Fernández

No todo es lo que ves, no todo es lo que parece. Y menos esta noche, donde las estrellas se ofrecen como las uvas de un parral de adornos navideños, que solo encienden y encienden.

Otra iluminación empaña el ambiente y los sentidos la asumen con una intensidad de improvisto y accidentada.

Y encandilado con los detalles, siento el cielo aterrizar en el techo de mi humilde plataforma de despegue.

Turbinas, hélices y azafatas de sex shop anuncian la partida y el traslado a un universo que irriga sangre en las sienes enfermas.

Las personas que proyectan sus imágenes de ausencia, brindan tonalidades anti age, y un hueco en la cama que no pienso ocupar esta noche.

Profundos pero sin relieve, los poros de esas entidades se sudan la vida en cada gesto. Hay tensión en las comisuras de sus labios, y la anestesia de una juventud indestructible, los vuelve maniquíes insensibles pero excitantes.

Sus  movimientos se congelan y las postales de piedra se exhiben en la dinámica de un film en 3D.

Lo que se escucha, va de la respiración del estruendo, hasta el silencio de las músicas que recuerdan lo que hoy quiero olvidar.

Y de nada sirve escapar. Es inútil quitar la mirada. Cerrar los ojos es ver más de lo aconsejable, es ver el infinito en caída libre, es viajar oscuro en un cielo rojo y equivocado.

Es buscar el alivio ciego y de cara al sol.

Luz, ruidos y calor me entusiasman, me ajustan el aire en el pecho. Soy una bomba de huesos y músculos apunto de agarrar a alguien del cuello ¿Es conmigo?  Y la confusión, los malos entendidos, las voces que pronuncian cacofonías que hechizan mi nombre. Pero esos gritos no son para mí.

Mejor es ajustar el cinturón y disfrutar…

Los flashes son dardos certeros y alucinantes que dan en el fácil blanco de mi mente, que luego de su ráfaga lisérgica, engendra un arcoíris de neuronas que sobreviven al cofre de oro de uno de sus génesis.

Un enano de jardín primitivo, pone a prueba las caries de sus muelas, dándole un mordisco a los dieciocho quilates de una moneda que gira en el aire.

Sol y agua ejecutan la fantasía, y hasta tengo las manos manchadas con la sangre de sus colores, pero…

¿El arcoíris no viene tras la lluvia?

¿Es verdad lo del cofre de oro?

¿Y el enano y la azafata del sex shop?

Pretendo entender lo que imagino.

Las hélices guillotinan el viento y la partida es inminente.

Atravesaré las lágrimas a pura carcajada. Esa lluvia que no moja, que no duele, que no existe…

Tu lluvia, hoy no me duele.

Dragones, Simpsons y Popeyes, todos juntos, en el mismo dibujo animado, en la misma pantalla que esconde a sus héroes bajo la lengua, o detrás de un ojo audaz y ensangrentado, dispuesto a ver las realidades y las fantasías juntas, bajo el mismo lente y en un mismo trago.

La oscuridad me encandila y las luces me ocultan en tinieblas, parecen haberse pegado al revés las postales de este viaje, las fotos de este ácido álbum.

Nada de fotos, por favor…

A®F – 2016

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Imagen de Pixabay

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