A la Amazonia

Por: Héctor Cediel

Mi alma ha navegado de puerto en puerto

descubriendo la magia hechicera

y los colores de una amazonia que me recorre.

¡Oh, Amazonas! Es bello el verde de tu selva.

¡Alfombra de sueños

a los pies desnudos de tus hijos!

 

Qué bella eres ¡Selva del alma y de los colonos

de los indios y de las hojas verdes!

Sobre tu dulce sombra se ve caminando

el amanecer de tus paisajes.

Tus soles y lunas llenan de verde mi vida.

¡Alegrías llenas de perlas

colores esmeralda floresta!

 

Amada eres tú ¡Selva amazónica!

Verde esplendor y guía de mi esperanza.

Toda tu belleza se refleja en el cutis de tú cuerpo

mansa y suave como la piel de un recién nacido.

¡Amada Amazonas! Selva maltratada por

guerreros adictos a la madera.

¡Inmensas sierras te descuartizan y

te van arrinconando más todos los días!

 

¡Oh, querida Amazonas! Ya no braman tus aguas

ni lloran nubarrones sin parar

hasta rebozar las afluentes y los ríos.

¡Amazonas de mi alma!

Grandioso  manantial de árboles.

Las aves se desprenden

como hojas caídas del sol o lágrimas secas.

Nubes verdes se despeñan y embellecen el suelo

mientras una gigantesca comunidad de conocimientos

nos enseña a querer más:

Las anacondas y los animales salvajes.

 

Eres tú, mi amada ¡selva amazónica!:

El verde que brota bajo mis pies.

Tus pájaros son músicos emplumados

que hacen florecer poesía del paisaje.

La anaconda te envuelve

profetizando tu hermosura.

Tus aguas color tierra-esperanza

le regalan el sabor a las frutas.

 

 

 

Eres grande, majestuosa, extensa,

¡inmensa! Llena de colores y vida

Fuente de la naturaleza que brota.

¡Siempre serás el pulmón del mundo!

que hoy tose tuberculoso.

 

Los colores y los aromas de la naturaleza

llenan con  flores el verde de mi existir.

Me quedaré con tú policromía  y los árboles.

Flores multicolores nacen en los verdes corazones.

Paz y tranquilidad regalan: la fauna y la flora.

 

El aire le da movimiento a los sueños

y el sol brilla con la sombra de los indígenas.

Los Curacas conjuran la cultura del hombre blanco.

Mal hermano. Mal amigo. Malnacidos.

El color tropical de las aves y mariposas

se confunden con la belleza exótica de sus paisajes.

¡El hombre bruto los está exterminando a pedazos!

 

Tu nombre, es de guerreras legendarias.

En tu cuerpo guardas poderes, mitos y leyendas

como los reducidores de cabezas o

los asesinos de la Casa Arana.

Tus cabellos largos e infinitos se te arrancan

como a las niñas que la naturaleza inicia.

 

Maldigo a los que te privan de tus hijos por placer.

No se pueden alimentar unas pocas bocas

con hambruna para evitar la asfixia del mundo,

¡Aguas de grandes sentimientos

lloran recuerdos tus ardientes ojos!

Tu sonrisa ¡flor de madera roja!

me hace refugiar en la agitada selva.

 

Tus olas parecen atarrayas atrapando peces.

Los árboles miran saltar con alegría a los delfines.

El señor Sol, Señor de Señores, Fuente de luz y vida

se oculta en un atardecer: color fuego-pasión.

 

El canto de los más bello pájaros

despiertan el alumbrar mañanero

con el fulgor verde del viento amazónico.

¡Pasión ardiente de la tierra!

Retoño impetuoso del Río más Grande

leche que mana de tu  virgen pecho

alimenta tu descendiente estirpe.

 

 

 

 

Juguetón te tornas, Maestro de la Vida.

Son candentes tus meandros

y la historia de quienes te han visto lúgubre,

protestando impecable dignidad.

Reclama tu linaje, tu nobleza, tu paz:

A toda criatura viviente

que intente borrar tu majestuosidad.

Rió Amazonas ¡No te detengas jamás!

No eres alto ni bajo:

¡Eres el mar más temperamental!

Arrastras como las tormentas: todo a tu paso

ignorando la soberbia del Mar de Mares.

 

Con pasión ardiente, engendras vidas,

¡mueren los laberintos que se escudriñan!

Ahora los espantos son fantasmas vivos

susurros del viento entre tus alamedas,

dueños de las esperanzas que agonizan.

¡Gitanos de la selva! ¡Gitanos salvajes!

¡siempre abonan con su sangre la tierra!

 

¡Oh, madre selva! A pesar de las

noches de desesperanza,

enséñale los peligros de tu cuerpo

a los hijos de la oscuridad.

Así tus cabellos nos regalen sus frutos

tenemos que desconfiar de tus ojos claros.

Enseñaré a cuidar tus virtudes.

La ciudad tiene el sonido de un violín.

¡Tú gozas del sonido fino y suave del amor!

 

No te pediré que luches contra el acecho

de la dama de la guadaña,

depredadora asesina de arma blanca.

La flama que en ti habita

me observa aterrada.

¡Lentamente se quema tu indomable piel!

 

Una manada de unicornios salvajes

quieren domar los gladiadores más valientes

mientras retumban llamas sobre tú cuerpo.

Fuego de misterios indescifrables

como el porqué de las misiones.

 

No sabemos ni queremos conocer

las respuestas que le dan sentido a la vida.

Si sigues perdiendo tu belleza

el molde quedará vació y desolado

llenando de tristeza la cuenca de sus ojos.

Si no hay fuego candente en el corazón

no tendría sentido cantarte: ¡Río Amazonas!

 

¡Oh, Amazonas: luminosa gozosuela!

Luciérnaga que acoges con virtud neblinos,

lluvias de estrellas fugaces

Sobre la magia de tu verde alfombra

guardas esperanzas como cualquier guacamaya

para quien llega sin presagio

pero con los bolsillos repletos de viento.

 

Luchas cual fiera en combate

para que nunca se apague tu luz brillante.

Quasar de sueños e ilusiones húmedas

como el amor expuesto al fuego.

La mirada oculta de la ardiente selva

el  murmullo de los silencios en la soledad.

Los versos brotan cual puñados de arroz

y el trinar de los pájaros, y el soplar del viento

y la fragancia de las flores salvajes, y las olas del río.

 

La amorosa mirada de la luna

al verde jardín de rosas

donde las playas lloran las emboscadas.

El presagio de los sonidos de las flores

los frutos que alegres te miran,

la lluvia ardiente que me quema,

las voces que corren por tus pasillos,

las aves que pasan sobre cristales,

las mariposas que abren sus alas,

sin saber quién las observa con fervor.

 

Es hermoso escuchar las melodías que inventas

llenas la selva con alegrías y sentimientos

con temores, suspensos y sonidos de amoríos

quizás sea la armonía de los animales

con el ritmo apasionado de los colores.

¡Caen las hojas de los árboles cual

lágrimas que humedecen mi corazón!

¡Una fuente luz, atraviesa mi alma!

 

 

Los micos acróbatas saltan a los brazos del verde mar,

estelas sonoras de aviones emplumados

atraviesan el corazón de los gigantescos árboles.

¡Amazonas! ¡Mi linda Amazonas!

escudo de paz verde, de la verde paz.

¡Te juro mi linda y hermosa Amazonas

que jamás estarás en mi olvidar!

 

 

 

 

La felicidad de la luz del Sol suspira

cuando conoce tus oasis y paisajes

¡Oh, Amazonas! ¡Mi amada Amazonas!

Cuando muera te llevaré:

¡En la mirada y en el corazón!

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