Aguijones encantados

Por: Álvaro Fernández

Debajo de la piel, una serpiente se ondula al acecho del viento.

Arranca por el postre.

Un manjar de adoquines y lunares succionados por el scanner de una mirada inalámbrica.

Aguijones que navegan en los besos de una prostituta dormida, de una puta que sueña, que se llena de amores sin arrugas, y con el semen estéril de los mancebos inmunes a la muerte.

A la rueda de reconocimiento del crimen que siempre está por cometerse.

Al que aspiran los testigos que perdieron la ropa y la inocencia.

Declarantes de falacias encantadas y seductoras, llenas de la esperanza que precisa el amanecer de esas almas que se tragan el sol de un solo bocado.

Y encima, ni llagas le salen.

Los envidio.

Imagen de pixabay

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