Amor y Guerra

Por: Alejandro Mariana Muñoz

Allí estaban. Dos locos enamorados.

Se habían conocido hacía no mucho tiempo pero la conexión entre ellos había sido instantánea y extraordinaria. Ninguno de los dos se creía lo que estaba pasando; ella le abrazó. Quería sentirse segura entre sus brazos. Se miraban el uno al otro y encontraban paz en los ojos del otro en ese ambiente de destrucción. Las bombas caían a pocos metros de donde estaban ellos.

– ¿Me querrás pase lo que pase?- le preguntó ella.

– Te querré pase lo que pase- le contestó el, sabiendo que posiblemente sería la última vez que iban a estar juntos.

Se besaron por última vez y él salió de su escondite; tenía que ir a buscar sustento. Llevaban allí dos días y si no comían algo pronto iban a desfallecer. Ella esperó durante largo rato, esperando ver esa figura que tanto conocía aparecer entre el polvo que levantaban las explosiones. Estuvo durante varias horas esperando pero se estaba haciendo a la idea de que no volvería a ver al chico al que quería con toda su alma.

Empezó a llorar sumida en su soledad cuando, de repente, sintió un dolor punzante en el estómago; un trozo de metralla la había alcanzado. Aguantó el dolor como pudo, teniendo sólo en la cabeza la imagen de ese chico que se estaba jugando la vida por ella, con la esperanza de que pronto regresara, al menos para despedirse. Sabía que iba a morir.

En medio de su agonía, lo vio. Estaba allí parado frente a ella, como si fuera un fantasma, una aparición. Nunca supo si era una alucinación producto de su dolor o si realmente estuvo allí.

– Lo siento. No pude ayudarte. Una bomba me alcanzó. Pero aguanta, pronto estaremos juntos- dijo él con lágrimas en los ojos.

– ¡No te vayas! Tengo miedo; te necesito- gritó ella intentando alcanzarle con la mano. Parecía que estaba muy lejos de allí; no conseguía tocarle.

– No me voy a ir. Me voy a quedar contigo hasta el final. Recuerda lo que hablamos; para siempre juntos, pase lo que pase.

Y así, tirada en medio de la nada, con la destrucción y el caos abriéndose a su paso, se despidió de este mundo junto con su amado. Los dos partieron de la mano hacia lo desconocido; no sabían muy bien hacia donde se dirigían.

De lo que estaban seguros era que estarían juntos allá donde fueran.

Imagen de pixabay

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