El estúpido de los despojos

Por: Alejandro Enriquez

Repasar con mis arterias
el saber que usted existe,
si viera tardes esas con la gracia
que las paso, viva, usted es la materia
tan descalza como nubes:
aroma donde gran Misterio
oculta la seguridad de yo clavar mirada
en sus pupilas negras.
Usted tiene en sus ojos pájaros
las tardes asepiadas de recuerdos.

Yo me acuerdo cuando usted,
no usted, otra usted
llevaba en su canasto flores,
nos poníamos sobre un mantel,
bajo el sol que bosteaba,
y usted, radiante como respirando
me encontraba bello,
y entonaba no recuerdo
qué canción.

¡Aquellos tiempos!
¡Aquel verano!
Todo el té cargado
descansaba plácido
en el equinoccio.
Nosotros nos hartábamos
de magdalenas
aun cuando la ráfaga canícula
abrazaba amor de pieles y miradas,
y el verano entonces era primavera
y los recuerdos de la infancia rebozaban
de cariño entre los dos:
tus manos suaves y calientes
recorrían eternas mis carnes,
yo volaba, contento sobre el nido
y mi alma, que hasta entonces fue capullo
florecía su paloma de progreso:
paloma ya hecha huesos;
¿recordará que usted me vio
tirado sobre el amarillo pasto,
sollozando al lado de las flores?
Recogía huesos, restos óseos,
y parvadas negras escupían realidades
sobre mí:

el estúpido de los despojos.

Imagen de Pixabay

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