El legado literario de Lemmy

Por: Víctor J. Rodríguez

cvr9781471112713_9781471112713_hrEl pasado 28 de diciembre el mundo del rock and roll se levantó con una triste noticia: el fallecimiento de Ian Fraser Kilmister a los 70 años recién cumplidos, conocido mundialmente como Lemmy, el líder de Motörhead, una de las bandas de rock más célebres e influyentes, con la que grabó 22 discos de estudio a lo largo de 40 años redondos. Un cáncer de corazón, diagnosticado apenas 48 horas antes de su defunción, se llevó la vida de uno de los músicos más carismáticos, queridos y respetados, no solo por rockeros, sino por heavies, punks y otros muchos amantes de otros estilos.

Desde este espacio queremos lanzar  un particular homenaje hablando de su autobiografía,  White Line Fever, publicada en 2002 pero traducida por primera vez al castellano a principios de 2015 gracias a Es Pop Ediciones.

Con ayuda de la periodista Janiss Garza Lemmy narró su vida con su estilo característico de ser, sin pelos en la lengua, directo y sin concesiones, tal y como fue su música, una extensión de su carácter. A lo largo de 320 páginas habla de su infancia junto a su madre y su abuela, de cómo su padre le abandonó antes de nacer y lo conoció de adolescente, de sus primeros amores, de su primer hijo al que nunca conoció, de su hijo Paul del que supo cuando éste tenía unos cuantos años y otros asuntos personales que le llevaron a interesarse por la música antes de entrar a desgranar su carrera con un sinfín de anécdotas personales y apuntes contextualizadores para entender cómo vivió el nacimiento del rock en el Reino Unido, su evolución, sus influencias y las primeras bandas de las que formó parte antes de fundar Motörhead en 1975.

Habla de su experiencia destacando su paso por The Rockin’Vickers y Hawkwind, que fue la formación que empezó a darle éxito, de cómo trabajó como roadie de Jimmy Hendrix en los años 60 y, cómo no, de su amor por la bebida y su experiencia con las drogas, denunciando el consumo de cocaína pero defendiendo el del speed sin sonrojarse ni presumir. No justifica ni anima al consumo, simplemente cuenta su experiencia y su punto de vista. Bien es sabido que Lemmy llevó el lema ‘sexo, drogas y rock & roll’ al máximo extremo, tal vez por ello no se escondió a la hora de mentarlas.

Se encuentran entre estas páginas un enorme glosario de nombres de bandas y músicos a los que admiró y conoció a lo largo de su vida, logrando hacer que su autobiografía haga las veces de historia de los orígenes del movimiento del rock, a nivel urbano y underground, en el Reino Unido, pues no solo nombra a las estrellas mundialmente conocidas, sino que cita una infinidad de bandas locales a las que reivindica con fraternidad.

Como no podía ser de otra manera, White Line Fever es también la autobiografía más fiel que aparecerá en las librerías sobre Motörhead. Lemmy detalla la creación de la banda y narra cómo conoció a todos los miembros que han sido sus compañeros en ella, narra el proceso de composición y grabación de todos los discos publicados hasta la fecha (al ser escrita en 2002, faltan seis por aparecer), cita sus canciones favoritas de cada uno, cuenta anécdotas, curiosidades y trabas surgidas durante las publicaciones y se despacha a gusto con todos los productores con los que tuvo la desgracia de trabajar, pues no tuvo buena suerte en sus relaciones con representantes y sellos discográficos durante gran parte de su carrera.

No encontramos nada acerca del glamour del rock ni extravagancias de estrella, a diferencia de lo que puede leerse en otras biografías. Lemmy no fue así, vivió su carrera musical con pasión, amor y auténtica dedicación, sin yates, hoteles de lujo ni limusinas. Se lo pasó bien, muy bien. Pero no es conocido solo por sus relaciones sexuales con miles de mujeres (que también), sino por haber sido un músico inagotable, que ha pasado más tiempo en la carretera que en su propia casa.

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Habla en varias ocasiones de la muerte y el reconocimiento póstumo de algunos compañeros de profesión a los que conoció y tuvo que despedir prematuramente. Afirma que nunca le gustó lo mucho que se engrandece a veces a los que viven rápido y mueren jóvenes, llegando a afirmar que le parecía una hipocresía comprar discos repentinamente de músicos fallecidos a quienes antes no se escuchaba. Y llega a decir que a más de uno (como a Randy Rhoads, guitarra de Ozzy Osbourne) se le ha engrandecido muerto hasta niveles de reconocimiento que no se le dio en vida, llegando a preguntarse qué se diría de él cuando muriera.

Este libro sirve de documento de la vida de un personaje icónico único. Sus fans, los fans del género y los curiosos amantes de la música disfrutarán con él. Pero desde Bookers lo recomendamos también a todos los que quieran conocer el trabajo y el amor por la música de un hombre humilde, que tuvo la suerte de vivir el génesis del rock, del punk y del heavy metal, de conocer y codearse con los mejores y llegar a inspirar a quienes luego ocuparon los puestos más altos.

Descansa en paz, Lemmy.

“El sexo dura media hora, como mucho, y un concierto una hora y media. Así que es fácil elegir”.

Lemmy Kilmister

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