Carta puesta en el buzón virtual

Por: Hector Cediel

Señora y amiga mía:

Sé que te ha enseñado la experiencia, a ser prudente con extraños. Te busco, no por necio o simple empeño. Estoy cansado de vagar descalzo, de caminar sin rumbo, de patear charcos…. Deseo calentarme con el fuego de tus deseos, para no morir de olvido. No le niegues nunca tu angelical sonrisa, a mí mirada. Compartamos secretos de nuestras vidas y almas, que serán íntimos y sagrados. No espero más que la miel de tus labios y los sueños de tu alma. Tus versos gozan del poder encantador de las mitológicas musas; y tu cuerpo, el de las llamas y cenizas del volcán. Dejemos que nuestras almas, se abracen y gocen, cual adolescente descubriendo, sensaciones amorosas. Disfrutemos del encanto de la fulgurante luna, aborrecida por fantasmas. No le digas no al demonio, que delira por tu piel y que habita mi corazón. Jamás vuelvas a pensar, ni a insinuar que estamos lejos. Disfruta del encanto y de los hechizos, de los hoy y de los ahora. Tampoco nos esposemos con promesas innecesarias. Piensa en los prados de la azul pradera, que compartiremos, antes de ser olvido. Sé que se apagará el vivo resplandor de lo bello, si no somos correspondidos. Es necio el cantar de los gemidos, escuchemos las exhortaciones de la carne viva. Ni los trajes ni las pedrerías, embellecen tu cuerpo, como la badana de tu dermis al desnudo. La policromía de tu alma, se refleja sobre el iris, en tus ojos. Es impetuoso el resplandor perfumado de mujer bonita, que brota cual suspiros, de tu cuerpo. No necesito de palabras, ni caricias de limosna. No existe peor tortura que desangre más al corazón, que asfixiar a las esperanzas, sin una despedida. Es natural que tiemble el cuerpo, con unos pechos voluptuosos. Son lujuriosas las miradas de las ardientes bocas, cuando la carne vencida se embelesa, besando los pétalos de la rosa. Definitivamente: Los senos entre más misteriosos y desconocidos, más ponzoñosos. ¡Extasiadme con el cántico del fuego, de tu exótica belleza!

Quedo en espera de tu misiva, Señora mía.

Tu amigo y admirador: El perro vagabundo

Diciembre 2012

Imagen de Pixabay

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