Intervalo

Por: Virginia Tello

Aquellos soliloquios susurrados de tiempos remotos trajeron de nuevo a tu hogar deseos de lugares lejanos que alumbrados están. La reminiscencia de la borrasca denotaba sabor antiguo en papeles guardados en el desván, el espejo escondido refleja la época en donde los vestidos llegaban a los talones y los reinos dominaban la tierra.

En el otro extremo llegaba a nuestros oídos reverberaciones de un lugar de números distantes, mientras tu reflejo en la ventana está, con sus marcos oxidados, rendidos y olvidados vendían imágenes de tu presente.

Tus arrugas expresan senderos de piel estirada con recorridos de palabras mutuas de otro feudo. Mis manos no existen aún pero la sensación de ausencia la sientes, viajes en líneas de diferentes lapsos se acurrucan en el recóndito lugar de tus recuerdos.

Los tiempos nos separan y la máquina que nos llevó al punto de encuentro dañada está, cerrando los ojos tal vez podamos recordar las caminatas dadas en 1914 y en 2096. Pero en la actualidad solo gritos de clemencia nos quedan para pedirle al Dios del tiempo que nos de una oportunidad más.

Un reloj llevamos en nuestra espalda, arrastrándolo de un lado al otro sin cesar, para que abra con misericordia el umbral, aquel que nos conectó y nos brindó una forja en la vida con nuestros cuerpos en paz.

Imagen de Pixabay

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