Cartas sin sellos

Por: Hector Cediel

¡Cuántas veces añoramos cuatro letras! ¡Cuántas epístolas magistrales ha escrito el hombre, para ayudar a adoquinar con luz a los caminos de la vida! ¡Cuántas hermosas esquelas se han escrito, para expresar sin atarugamientos los sentidos! ¡Cuántas veces dos letras bastaron para salvar una vida o regalarle suficientes esperanzas al destinatario, para aferrarse a la vida! ¡Cuántos pliegos magistrales se han escrito, con la fuerza o pasión de un hermoso canto! ¡Cuántos mensajes oportunos o desafortunados, nos han traído buenas o malas noticias! ¡Cuántas misivas admirables conservamos como recuerdo vivo o testimonio, de un hermoso sentimiento! ¿Es posible olvidar o ignorar la magia de la correspondencia?

¿Se puede ignorar el encanto de ese carteo, que se leía a escondidas? Una carta anónima casi siempre buscaba descomponer, desencajar, denunciar, herir o perpetuar con una mordaz mala intención. Hay cartas nobles que proponen un desagravio, reparar o ponerle punto final al desasosiego que genera un mal entendido o conflicto. Una carta nunca fue fruto, del desproporcionado desorden. El brillo o el resplandor de sus versos, dependía de la estructura, del lenguaje o del vocabulario que le imponía un fulgor particular o esa exclusiva impronta de cada autor.

¡Cuántas misivas magistrales, jamás conocieron la luz pública o por un infortunado accidente, se tiraron a un cesto para la basura; cuantas veces somos irracionales o no alcanzamos a vislumbrar el valor insospechado, de unos buenos e inmortales textos.

Jamás olvidaré la profundidad de las cartas de mi amado hermano Luis Benjamín; las magistrales misivas visionarias de mi tío ex monseñor Germán Guzmán; el estilo natural, fresco, amoroso y humanista del correo entre mis padres. A veces pienso que podría abrumar, fatigar o agotar a algunos lectores con mis textos; solo deseo ser oportuno y congruente con nuestra realidad. Hoy más que nunca necesitamos de las palabras; de versos que sean congruentes con los anhelos de nuestros silencios. Hay palabras oportunas que pueden rescatar a un infeliz en el preciso momento en que puede estar a punto de suicidarse.

He sido un improvisador, quizás atrevido en algunos textos, pero en ningún momento he querido injuriar, ser insolente o provocar una discusión bizantina.

Creo en el poder de las palabras. Creo en la magia y en el poder hipnótico de los versos. En el encantamiento y seducción de los buenos textos. En la fascinación hechicera que se logra al ojear palabras encantadoras. Es sorprendente el efecto o milagro que se logra, al pronunciar varias veces el nombre del destinatario. Es un encanto casi nigromántico, el que se logra cuando la imaginación sueña, como un vidente sobre el papel. Tenemos que rescatar al encanto seductor del género epistolar. Solo la grandeza de las almas nobles, les permiten compartir sin tacañerías sentimientos, que terminan convirtiéndose en brújula de lectores imantados, por el esplendor del conocimiento o esa rimbombante galantería que seduce y fascina, a cualquiera por insensible o materialista que sea.

Siempre he dicho que una hoja en blanco es el mejor y más económico psiquiatra o psicóloga. Escriba. Cuando se sienta desolado o triste: Escriba. Si se siente en el infierno: Escriba. Si desea soñar, delirar, fantasear: Escriba. Una carta nunca será indiscreta, imprudente o pesada; cuando se escribe con prudencia, con el corazón en la mano, con sinceridad. La soberbia no es generosa ni produce buenos textos o trascendentales. La humildad es esplendida, porque no magulla, lastima o maltrata a la ignorancia de algunos lectores.

Sin embargo, hay cartas poco ingeniosas, a veces indiscretas o imprudentes; cartas que poco asombran porque son melosas, como si hubieran sido escritas por un zoquete, un tonto o una persona con limitaciones mentales. Esas cartas por lo general fastidian más que una carta llena de horrores ortográficos, que son de por sí, insoportables o detestables.

Es encantador el efecto de un te amo o el expresar en vida, nuestros sentimientos. ¿Hace cuanto que no le expresa a sus seres queridos y algunas amistades, su amor y aprecio?

En vida. Después de muertos, las palabras por majestuosas que sean, solo serán fruto de un retórico ejercicio literario.

Promoviendo un concurso nacional, en donde todos son o serán ganadores, se estará ganando una batalla contra la malicia, lo perverso, los vicios, los malvados, los ruines y contra tantos engendros muertos, que por carencias o poco amor, terminan convertidos en un peligro o seres nefastos para nuestras sociedades.

Escribiendo cartas, nada se queda en blanco. El demonio tiene que recoger sus trampas; muchos se salvarán de naufragar aún fondeados en un puerto, aparentemente seguro; otros se espantarán cual micos o simplemente evitaremos salir con las manos sobre la cabeza, como si nos hubiera salido el tiro por la culata.

Querida amiga o ilustre lector, desconocido:

Si reenvías este texto a cada uno de tu comunidad con el mismo compromiso, que lo reenvíe a 5 desconocidos, con una carta propia adicional… pueden estar seguros de haber iniciado la cadena más noble, eficiente y fructífera para todos y los mañanas de nuestros hijos.

Con todo mi aprecio y corazón,
El perro vagabundo
Febrero 2010

Imagen de Pixabay

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