Promesa – Parte II

Por: Juss Kadar

Si quieres leer la primera parte de este relato, haz clic aquí.

Capítulo 4

El traje

    Estuve una semana sin saber nada de Asier. Tampoco le eché de menos. De momento no era tan fundamental en mi vida.

Jena iba de un lado a otro, preparando todo para la boda. No había ni un solo día que no hablara sobre su día especial y a mí me ponía la cabeza como un bombo. ¿Tan importante era casarse? Sus padres se iban a gastar un pastón en una celebración del amor, y lo siento mucho, pero no veía ningún tipo de pasión entre ellos dos. Imaginaba la foto de su enlace presidiendo el salón de su futura casa. Los dos con cara de “nos casamos porque es lo normal en las parejas que llevan tiempo juntas”. Escupía sobre esas convicciones sociales tan anticuadas.

-Podrías cambiar un poco esa cara de pasa.- dijo Jena en medio de una comida. Mi madre y ella estaban hablando de las flores que elegirían para el ramo. Mi padre estaba ausente, como siempre.

-¿Por qué?

-Desde que te enteraste de lo de la boda no has sonreído ni un poquito. ¿No te hace ilusión? Va a ser mi día. Cuando sea el tuyo, prometo que…

-No te esfuerces, no me pienso casar. ¿Para qué? No quiero ser el centro de atención, y mucho menos gastar un pastón semejante para que todo se quede en un día. Prefiero irme a visitar Punta Cana un mes.

-No te enfades Jena, ya sabes que tu hermana siempre ha sido un poco… especial.- intentó suavizar mi madre.

-Lo sé.- me guiñó un ojo.- Es especial y tiene sus cosas. Espero que según pasen los años se le endulce un poco el carácter. Por cierto, Asier irá esta semana a por el traje de novio- cambió de tema radicalmente.- Me muero de ganas de verle tan…

-Asier es un caballero, estará estupendo.

Se me erizó el pelo de los brazos.

Asier con traje, con el pelo repeinado, con esos ojos azules mirando a mi hermana en el altar. Maldita sea, me ponía mala. No quería arruinarles la boda ni nada por el estilo… o al menos eso creía. No me veía tan mala persona.

Al terminar de comer, sonó el timbre. Vaya, qué oportuno. Nadie esperaba visita.

Al abrir la puerta, vi a Asier vestido con un traje negro y una corbata a juego. Cuando me vio, carraspeó y se puso las manos tras la espalda. Sonreí.

Acababa de aparecer vestido tal y como me lo estaba imaginando en mi cabeza. No es que mi futuro cuñado fuera especialmente arrebatador, era atractivo y eso es más importante que ser guapo.

-¿De qué te ríes?

-La boda es dentro de un año.

-Sigrid, vengo de trabajar.- dijo, pasando y apartándome con el cuerpo.- Vengo a ver a… bueno, he venido a…

-Después de darte un paseo por mi cabeza ¿No?

-No me jodas Sigrid.- puso cara de haber visto un fantasma.

-No, no tienes tanto poder de seducción. ¿Cómo voy a estar enamorada de ti? ¿Estamos locos?

Se pasó la lengua por el labio inferior y miró a los lados, seguramente para comprobar que no había nadie cerca.

-Me quieres besar.- murmuré agarrándole el dedo meñique.

Nos quedamos un momento mirándonos, fijamente, intentando derrotar el orgullo del otro.

-¡Cariño!-gritó Jena. Pegué un brinco. ¿De dónde coño había salido?

Asier me besó la mano rápidamente. Me aparté de él, no esperaba aquel gesto.

-¿Ves? te lo dije, es un caballero.- murmuró mi madre detrás de mi hermana.

-Venía a buscar a Sigrid. Bueno… iba… a ir a por el traje del novio, y como no tengo ninguna mujer que me asesore aparte de mi madre…- se inventó sobre la marcha.

-En realidad conoces a muchas chicas.- dudó Jena, entrecerrando los ojos.- No entiendo…

-Creo que tu hermana prefiere estar con los chicos antes de que la agobien en una tienda de novias con la pregunta del millón.- dijo y esperó unos segundos.- La de… ¿Para cuándo la tuya? Sigrid está un poco agobiada con el tema, ya sabes, se siente…- movió los ojos rápidamente.- agobiada. ¿No lo has notado? Bueno, nos dimos los teléfonos y me lo comentó en confianza. ¿Te parece bien?

Un consejo: cuando nadie te pide explicaciones, no las des, porque se nota que las mentiras salen precipitadas de tu boca. Asier había repetido tres veces “agobio”, creo que el que estaba “agobiado” era él.

-Llévate a Sigrid.- dijo Jena, no muy convencida.

-¿Puedo ir yo también?- gritó mi madre, loca de contenta.

-Eh…- Asier me miró buscando una excusa. Sonreí.

-Ese traje es fabuloso.- aplaudió mi madre.

Llevábamos media hora en esa tienda y ya comenzaba a estar un poco cansada.

De haber sabido que Asier era un tipo indeciso, me hubiera quedado en casa. ¿Por qué fui? Obvio, porque la situación me parecía ultra morbosa.

-Es estupendo.- comentó la madre de Asier.

Estaba sentada en un sofá con cuatro mujeres, mientras que otras dos de la tienda ayudaban a Asier a elegir un traje. Teníamos el sitio para nosotros solos, ya que además era un sitio bastante caro.

Me sentía totalmente fuera de lugar, y lo que más me mosqueaba es que al final había venido todo un grupo de personas desconocidas para mí. Por un momento pensé que él me había llevado allí para que viera con más claridad que se iba a casar y que entre nosotros no habría nada nunca. Sí, era una lección en toda regla.

-¿Qué opinas Sigrid?- me preguntó mientras se ajustaba la corbata.

-Que estarías mejor desnudo.- dije. Las mujeres soltaron una exclamación.- Quiero decir… que ninguno te favorece y llevamos aquí un buen rato.

Al final todas asintieron. Que hipócritas.

-Os invito a un café mientras ayudo a Asier a no arruinar el día de Jena con ese horrible estilismo.- dije mostrando un billete de veinte euros a las mujeres.

Mi madre lo cogió encantada y al final convenció a las demás para que se tomaran un descanso. Joder, cuantas ganas tenía de quitármelas de encima.

Cuando las vi salir de la tienda, me acerqué a Asier y las otras dos chicas fueron a buscar otro traje para el novio.

Él sonrió y me revolvió el cabello.

Capítulo 5

Despacio

    Se quitó la chaqueta del traje y la dejó cuidadosamente encima de una de las sillas. Me alejé un poco de él, pero su brazo me volvió a atraer hacia su cuerpo. Me apartó el cabello del rostro y juntó sus labios con los míos.

Fue un beso rápido, supongo que no quería llamar demasiado la atención. Pero yo necesitaba algo más. Maldita sea, no me gustaba quedarme a medias.

Asier sonrió, como si le hiciera gracia ponerle los cuernos a su novia. Mierda. ¿Por qué me venían esas ideas a la cabeza en un momento como este?

Hacia un rato deseaba poseerle en mitad de la tienda, y ahora mi mente se dedicaba a divagar sobre la moralidad. ¿En serio?

Cogí un vaso de agua que había en una mesita y me mojé los labios.

-Siento incomodarte de esta manera, pero debes de admitir que empezaste tú.

-No me siento incómoda.- le agarré la mano y miré a todos los lados. Me puse de puntillas y le di otro beso.

Pasados unos minutos, las dependientas se pusieron a hablar de sus cosas y nos ignoraron.

Ahora o nunca. Si no lo hacía, me arrepentiría toda la vida. Le puse las manos en el pecho y le empujé hasta el probador.

Cerré la cortina y le obligué a que se pusiera a mi altura. Su respiración era acelerada. Seguro que con Jena no había hecho nada parecido. A este chico le hacía falta una buena dosis de adrenalina, y aquí Sigrid se la iba a dar en bandeja.

-Desnúdate.- le ordené.

Asier mostró una sonrisa perversa cuando me alejé de él para contemplarle. Se desabrochó los botones de la camisa, despacio. Se lo tomaba con calma, quería impacientarme y que yo perdiera el control.

Cuando llegó al último, se apartó la tela y mostró su cuerpo. No era el típico “cachas”, no tenía tampoco barriguita, pero se notaba que se cuidaba, además estaba totalmente depilado.

Bueno, tampoco es que me importara demasiado el físico, quiero decir, lo que me mataba de Asier no era su cuerpo, ni su cara cuadrada, eran sus ojos y su mirada que parecía quitarme toda la ropa. En cuanto le conocí y me miró, supe que ese hombre me iba a traer muchos problemas. Como, por ejemplo, este.

-¿Asier?- preguntó mi madre al otro lado.

¡Mierda! ¿Tan despacio se había quitado la camisa?

Vi una mano agarrando la tela del probador y me temí lo peor.

Asier me abrazó con una mano y con la otra cerró la cortina.

-¡Ah! Pensaba que estabas en otro sitio.

-¿Dónde iba a estar, Regina? Por favor, no pase, estoy desnudo.

 Unos segundos de silencio.

-Todas estamos aquí fuera deseosas de ver el modelito que has elegido.

-Se han tomado muy rápido el café.- protestó Asier.

-Pues claro que sí.- dijo la madre de mi futuro cuñado.- No íbamos a estar de cháchara. Hemos venido a lo que hemos venido. Por cierto ¿Y Sigrid?

Asier me dio un beso en la frente que no me esperaba. Fue tan protector y a la vez tan lejano…

-Pues… no sé, se habrá ido por ahí. Ya sabéis cómo es.

-Oye…-murmuré en su oído.

Me besó de nuevo en los labios, se recreó para ser más exactos. La situación le estaba poniendo a tono. ¿Pero con qué clase de pervertido se había comprometido Jena?

-Te vas a quedar un buen rato en el probador, pero quiero que quedemos esta noche para ir a tomar algo al local Arik ¿Te hace?- susurró en mi oído antes de salir.

No asentí, pero él sabía que iría.

Estaba caminando hacia el sitio donde habíamos quedado.

Sí que me pasé un buen rato en el probador, por lo menos calculé unas dos horas. Al menos el pesado de Asier logró llevarse el traje de novio. Mierda, y yo me lo había perdido por pervertida. Ahora tendría que esperar a la boda para verle con él puesto, si es que se llegaba a celebrar dicho enlace.

Mi misión esa noche con él sería dejarme de medias tintas y llevármelo a la cama. Lo que pasara después… no estaba en mis manos.

De repente, el móvil vibró en mi bolsillo, tragué saliva y contesté.

-Dime Jena.- pregunté a la vez que divisaba a Asier sentado en la terraza del local Arik.

Capítulo 6

Preguntas

Le di dos besos a Asier y me senté frente a él. Era un poco tonta, podría haberle comido la boca, pero después de haber hablado con mi hermana no me parecía lo más correcto. Sí, en definitiva, era tonta.

-¿Qué quieres tomar?

-Lo que sea.

Se fue a buscar la bebida mientras yo me quedé en la mesa, esperándole.

Después de hablar con Jena, tenía muchas dudas sobre Asier. La primera y más lógica era “¿Por qué ponía los cuernos a mi hermana?” La excusa que me dio en la habitación me sonó poco creíble. Le había llevado hasta ese punto, pero yo era libre, podía hacer lo que quisiera. Pero él… ¿Cuál era su verdadero motivo? ¿Simplemente era un hijo de puta y no quería a Jena? No, Asier era mucho más interesante que eso, no podía ser tan sencillo. ¿Por qué cambió de opinión? ¿Por qué quería seguir con esto? Desde luego plantearle mis dudas no era la mejor idea, seguramente se echaría para atrás con todo esto… ¿O no? Tenía que probar.

Volvió con dos cervezas bien fresquitas. Se sentó y mostró una sonrisa de medio lado. ¿Qué estaba ocultando?

-¿Por qué has venido?- preguntó, sorprendiéndome. Pensaba que sería yo la que le iba a plantear mis dudas.

-Por lo evidente.

-¿Lo evidente? ¿Acostarte conmigo?- volvió a mostrar esa sonrisa, no, en serio, me estaba poniendo nerviosa.

Vaya, ya se había descubierto el pastel. Él ya sabía que no era una niña inocente que no había probado la carne en su vida. Tampoco es que yo lo disimulara muy bien.

-¿Tú también has venido a eso?

-Vas a romper la magia Sigrid. Dejemos que surja…

Guardé silencio durante unos minutos, estaba esperándole. Quería que cualquier cosa que pasara en ese momento, fuera por su culpa. Culpabilidad, vaya palabra, Asier parecía no conocerla.

-Es curioso cómo ocurren las cosas.- murmuró acariciándome la mejilla.

-Apenas te conozco.- dije.- Supongo que eso lo hace más fácil para ti.

-¿Fácil? No se trata de eso. Eres la hermana de Jena, esa es la única pega- dio un sorbo a su cerveza.- ¿Nunca has tenido sexo con alguien al que no conocieras?

-¿Te estás preocupando por mí?

-Eso me hace suponer que no.

Cómo me estaba gustando que se mostrara tan claro y tan conciso respecto al sexo. Su pregunta me había cogido por sorpresa, no sabía si debía contestarle o no. Él parecía tan seguro de sí mismo, me estaba desmontando en un momento, debía coger la ventaja, no quería que me viera débil y se echara para atrás.

-Quiero hacerlo contigo.-dije

Dio otro sorbo a su cerveza y acercó su silla a la mía.

-¿Y tú?- pregunté guiñándole un ojo.

Por dios, cuanta tensión sexual.

-Había pensado en llevarte a un local para bailar un poco, jugar al billar, ya sabes, un poco de diversión…- sonrió.

Ya entendía por qué Jena se había enamorado de Asier, sabía utilizar las palabras, te mantenía en alerta, miraba con ojos de seductor. Vamos, en resumidas cuentas, sabía cómo manejar sus armas. Este chico me estaba sorprendiendo.

Me lancé a por él y le besé en los labios con pasión. Su cuerpo se pegó al mío, su boca me devoró lentamente hasta que introdujo su lengua. Le aparté con brusquedad, no esperaba aquella lujuria. Él me miró extrañado, sonrió y me besó más relajado. ¿Qué me pasaba?

-No tenemos por qué ir deprisa, aún falta un año para la boda.

Después de varios besos y tocamientos varios debajo de la mesa, nos marchamos al local que dijo. La verdad es que hubiera preferido que fuéramos directamente al hotel, porque tenía un calentón encima…

El sitio era ruidoso, grande y oscuro. Entré no muy convencida, pero Asier me agarró por la cintura y me dejé guiar. Al fondo del local había una mesa de billar en la que estaba mi hermana jugando con unos colegas. ¡No podía ser! Nos acercamos a ellos ¿Cómo? ¿Estamos locos? No entendía nada, y qué puta casualidad, no me jodas. Mi mente estaba hecha un lío. Lo mejor era dar marcha atrás y escapar de allí.

-¡Jena!- gritó Asier acercándose a mi hermana y arrastrándome con él.

Capítulo 7

Freddy

    Ver a Jena no me hizo ninguna gracia, ya era casualidad encontrarla allí. Miré a Asier buscando alguna explicación, pero simplemente me sonrió. ¿Sabía qué estaría allí? No, no debía de ser eso, quizás era cosa del destino. Fruncí el ceño al escuchar mi propio pensamiento, que gilipollez era eso del “destino”, no me lo creía ni yo. Me agarré disimuladamente a su espalda y caminé despacio hasta mi hermana.

-Hola guapa.- murmuró Asier dándole un pico a Jena.- Solo venía a saludarte, como me has dicho que estarías aquí.

Mi hermana me penetró el corazón con la mirada, no sabía dónde meterme, me avergonzaba la situación. No me sentía culpable de estar a solas con Asier, pero ese encuentro fue desagradable para las dos. Él parecía estar feliz y no entendía por qué. Quería salir de allí cuanto antes.

-¿Qué estáis haciendo juntos?- preguntó.

-Dando un paseo, preguntándole cosas de ti. ¿No podemos?- contestó Asier un tanto molesto.- Creo que soy libre de hacer lo que quiera.

-Dentro de poco serás mío.- murmuró Jena robándole un beso en los labios. Se me quedó cara de gilipollas. En parte me lo tenía merecido ¿Qué podía esperar de esta situación? De pronto me di cuenta de algo de lo que no me había percatado. Pasara lo que pasara con Asier, acabaría perdiendo de alguna manera la batalla, incluso conmigo misma. ¿O no? Dios, mi cabeza era un tornado de dudas.

Después de un par de conversaciones tontas que no aportan nada a esta historia, salimos del local y me metió en un taxi. Qué glamour no ir en transporte público, se notaba que Asier estaba a otro nivel. No es que fuera el tío perfecto, pero tenía algo de dinero y no se parecía en nada a los chavales con los que había estado, quizás fuera cosa de la edad.

-Jena ha sonado tan posesiva.- murmuré dándole la mano.- ¿La conociste así?

-Odio esa parte de ella, la convierte en un monstruo. A veces me siento un poco agobiado. Siempre me pregunta con quién estoy y dónde estoy.

-Alguno de los dos tendría que ser celoso.

-No me importan los celos Sigrid, me preocupa que no confíe en mí.

De repente sentí un dolor punzante en el corazón.

-Así que estás conmigo para que Jena dude con razón de ti.- me mordí el labio.- En realidad… no te vas a acostar conmigo.

-Esto es entre tú y yo, es otra relación distinta. Jena no tiene nada que ver.- me apretó la mano.- Quiero hacer esto por mí, por volver a sentir ciertas cosas que he olvidado. Tu cuerpo es desconocido para mí y eso me atrae.

Todas esas explicaciones vacías de por qué engañaba a Jena me sonaban lo suficientemente raras como para desconfiar. Quizás debería haber abierto la puerta del taxi para tirarme de él en marcha. ¿Qué me había pasado? ¿Me estaba ablandando según la cosa se ponía más seria?

Llegamos a un hotel de esos en los que sólo se va a lo que se va.

Como una adolescente imbécil soñé con la idea de que me hubiera preparado algo, pero nada más lejos de la realidad. Al entrar, un enorme desamparo se apoderó de mi. Era la habitación más cutre que había visto en mi vida. De repente, el Asier con clase se me cayó del pedestal.

Cerró la puerta, y antes de que me girase, me colocó unos enormes cascos de música en la cabeza y me puso su móvil en la mano.

Emm…. Empezó a sonar I want to break free de Queen ¿Qué clase de rollo raro se traía entre manos? ¿Se iba a poner falda? Sí, no os riáis de mi, a todos os ha venido a la cabeza Freddy Mercury vestido de mujer. Bueno, al menos tenía buen ritmo y la canción me gustaba.

Se quitó la chaqueta y la tiró al suelo. Me agarró por la cintura y comenzamos a bailar despacio, muy juntos. Por un momento pensé… ojalá esto no fuera una burda mentira.

Me desabrochó el botón del pantalón.

Capítulo 8

Noche

     Me quedé en ropa interior y él me examinó dando vueltas a mi alrededor. Se pasó el dedo pulgar por el labio inferior y luego sonrió. Miré la cama, ansiosa de que me tirara sobre ella. Se quitó la camisa, despacio. Saboreé el momento, excitada. Toqué su pecho desnudo y acerqué mis labios a los suyos.

-¿Estás segura?- me apartó un poco con las manos.

-Sí, claro.- sonreí.- ¿Por qué no iba a estarlo?

-No sé.- me acarició la mejilla.- A lo mejor preferirías estar con otra persona o en otro sitio…

-¿Un trío?- solté una carcajada.- Tal vez más adelante. No me suelo poner límites.

-Hablo en serio, Sigrid.

-Podría hacerte la misma pregunta, eres tú el que puede tener prejuicios. Espero que el día de tu boda no te acuerdes de mí.

-Vamos.- soltó una risotada.- ¿Qué estás insinuando?

Emmm, de repente dudé de mí misma. Si me acostaba hoy con él, sería yo la que no podría evitar recordarlo el día del enlace. En el fondo y sobre todo por mi estabilidad mental, deseaba que la boda fuera cuanto antes. Bueno, ya habíamos llegado demasiado lejos, quizás con esto ya era suficiente.

-Nada, no insinúo nada.- fruncí el ceño y me desabroché el sujetador.

-¿Me lo prometes?

-Asier, te lo prometo.

Simplemente dejé de pensar, era lo mejor.

Dejé la culpabilidad a un lado y me lancé a disfrutar. Un hormigueo recorrió mi cuerpo, como cuando te dicen que no comas ese pastel, pero ese pastel te mira. Asier me devoraba con los ojos, estaba totalmente justificado.

Le tiré sobre la cama y le desabroché los pantalones. Le quité lo poco que le quedaba de ropa y me lancé sobre él. Noté su cuerpo desnudo, le tenía bajo mi control. Le besé en los labios y él me respondió de una forma más perversa. Se inclinó y me quedé sentada encima de él. Sin parar de besarnos me levantó un poco y…

¿Qué? ¿Qué pasa? Ah, ya entiendo. Queréis que de detalles sobre mi momento de pasión con Asier. Pues os vais a quedar con las ganas, pervertidos. Porque lo importante no son las posturas que hicimos, la fuerza que ponía en cada embestida o cómo me tocaba los pechos, no. Lo importante vino a la mañana siguiente.

Me levanté cuando sentí el sol acariciándome la piel.

Me giré en la cama y vi a Asier durmiendo a mi lado, completamente desnudo. Sonreí y me quedé un rato mirándole. No roncaba, qué maravilla. Le acaricié el labio inferior y me incliné para darle un suave beso en la mejilla. Noté un fuerte golpe en el pecho cuando abrió los ojos y me puso un brazo por encima de la cintura.

Fui al baño a lavarme la cara, no sin antes coger mi teléfono móvil.

Cerré la puerta y me senté en la taza del water. Acaricié la pantalla, lo desbloqueé y vi el whatsapp de Jena.

-Tenemos que bajar a desayunar.- gritó Asier desde el otro lado de la puerta.

Me llevé las manos a la cabeza y negué con ella al notar que me dolía al orinar. Llevaba tanto tiempo sin hacer el amor… Sí, ahora me juzgaréis y pensaréis que mi actitud sólo era fachada. Estaba a dos velas desde hacía un tiempo y bueno… Asier no era lo que estaba buscando precisamente… bueno, no sé…

Quizás lo peor de esa mañana no fue el dolor en mi parte más intima, sino darme cuenta de que quería estar con él.

Las lágrimas recorrieron mis mejillas cuando le mandé un mensaje a mi hermana.

“Me he acostado con Asier”.

CONTINUARÁ….

Si quieres leer la tercera parte de este relato, haz clic aquí.

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2 comentarios en “Promesa – Parte II

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