Promesa

Por: Juss Kadar

Capítulo 1

Contacto

Me había puesto un vestido horrible, elegido por mi madre, para estar presentable para la familia del futuro marido de mi hermana.

Era todo tan hipócrita, no quería fingir ante nadie, no era yo la que me iba a casar e irme de casa.

Sinceramente, esa celebración me parecía absurda, cualquier fiesta familiar me repateaba. Tenía cosas mejores que hacer, pero ahora estaba en esa mierda, debía bajar por aquellas escaleras y encontrarme con él.

Cuando llegué al salón, vi a alguien de espaldas que se giró cuando mi hermana Jena pronunció mi nombre.

La verdad es que no me lo imaginaba así. Vestía con traje, era alto, tez blanquecina, pelo negro repeinado hacia atrás y unos intensos ojos azules. Vamos, que era un chaval que se dejaba ver muy bien. No me podía creer que la pedorra de Jena hubiera elegido como novio a un chico interesante, o eso parecía a simple vista, a lo mejor luego era un capullo integral. No, no podía ser, no con esa cara de ángel y ese y eso…

-Sigrid, te presento a Asier.- dijo mi hermana con una sonrisa traviesa, como si supiera que me moría de envidia por dentro.

Asier se acercó a mí, me agarró la cintura y me dio dos cálidos besos en las mejillas. Joder, encima olía fantásticamente.

Poco que añadir sobre lo que vino después.

Su familia me saludó como si me conocieran de toda la vida. Mi madre y mi hermana se paseaban por la casa tratando de poner todo en orden, como si en vez de a comer fuéramos a una batalla. Ahora enseñando fotografías, ahora hablando en el patio sobre el futuro de los niños, ahora riendo a carcajadas con una copa de champán… Patético.

Mi madre dio una palmada innecesaria y nos mandó a todos a comer. Mi padre se levantó del sofá cansado de tanto alboroto en la casa. Estaba deseando que se fueran para estar a sus anchas, igual que yo. Bueno, yo quería que se fuera la familia, Asier se podía quedar.

También pasaré por alto una comida llena de chistes malos, de comentarios cariñosos sin venir a cuento y de opiniones vacías.

Por fin, todos se marcharon a la piscina y Asier decidió quedarse en casa para descansar un poco.

Jena estaba tan preocupada de caerle bien a sus suegros que su novio le importó tres cominos en ese momento. Cómo le gustaba llamar la atención y hacerse la interesante. No iba a casarse con sus suegros, si no que iba a vivir con su pareja ¿Por qué no se había quedado a su lado?

Asier, por suerte, era un tipo independiente y por lo que parecía hacía lo quería cuando quería y como quería. Si no le apetecía ir a la piscina de los vecinos, pues no le apetecía.

Subí a la habitación de Jena.

 Mi padre estaba viendo otra vez la tele y le daba bastante igual lo que hiciéramos mientras le dejáramos en paz.

Entré en aquel cuarto prohibido para mí y vi a Asier tumbado, leyendo un libro. Dejó la lectura en cuanto vio que cerré la puerta. Me acerqué a él, despacio.

-¿Estás seguro?- pregunté.

-¿De no ir a la piscina de unos vecinos? Totalmente seguro, no me gusta aprovecharme de los demás.

-Ya se le podría pegar un poco a mi hermana.- murmuré- Pero no me refería a eso, si no a la boda.

-¿Por qué no iba a estar seguro?- me miró con una ceja alzada.

-Pues porque… después de ella no podrás hacer lo que te plazca, quiero decir… no podrás ir con otras mujeres y perder el control. Jena quiere casarse, tener hijos y dejar la vida pasar sin ningún sobresalto. ¿Te gusta esa estabilidad?

-No especialmente. Tampoco he hablado con ella de los planes que tiene en un futuro.

-Pues deberías hablarlo ¿No? Te casas con Jena dentro de un año.

-No entiendo tu preocupación. Ella me dijo que eras bastante distante con la familia y que la boda te parecía una estupidez. ¿Ahora quieres qué estemos seguros y seamos felices?

-¿Cuándo he dicho yo que quiero que seáis felices? No me preocupa Jena ni mi familia.

-Entonces…- negó con la cabeza.- Intentas crearme dudas.- suspiró.- Eres una niñata envidiosa. Odias que los demás estén bien a tu alrededor.

-No captas a donde quiero llegar.- sonreí.- Quizás podrías disfrutar un poco antes de la boda si tan seguro estas de contraer matrimonio con mi hermana. Cuando te cases deberás ser fiel y tendrás obligaciones que no te permitirán hacer ciertas cosas. Te arrepentirás toda la vida de no haberme escuchado.

-¿Qué lecciones me vienes a dar tú?- frunció el ceño.

-No te pongas a la defensiva, en el fondo sabes que tengo razón. No te estoy diciendo que no te cases con ella, – me acerqué más a él y le agarré del brazo para que se incorporará en la cama.- Si no que te diviertas “ahora”- puntualicé.

-Eso es detestable, antes y después de la boda.

-Claro, entonces no se celebrarían las despedidas de soltero y soltera.- ironicé.- Te ofrezco un año entero de fiesta.

-¿Tú?- se soltó de mi agarre.- Por favor, es peor aún.- dudó- ¿Por qué?

-Es la única manera de acostarme contigo y no sentirme culpable. Eres mi futuro cuñado, es tan morboso…

-Eres tan malvada como te pintó Jena.

-Piénsalo, yo… encima en ti…- le mostré una sonrisa picarona.- Tienes un año entero y ella no tiene porque enterarse. A lo mejor con mi ayuda te das cuenta de que casarse es un error y…

-Quiero a Jena.

-No pido tu amor, si no tu polla.

Levantó las cejas y pareció dudar unos segundos.

-No me creo que estemos teniendo esta conversación.- dijo.

-¿Es qué acaso no te apetece divertirte antes de casarte?

Me senté a su lado en la cama y le miré fijamente a los ojos.

-Yo soy una chica soltera, independiente, que hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere. No me voy a enganchar a ti, dejaré que te cases con Jena aunque sea el mayor error. Nadie tiene por qué enterarse.

-Me enteraré yo.- se señaló a si mismo.- Suficiente.

-Tienes toda una vida para estar con ella y un año para perder el control. ¿No te compensa?- mis labios rozaron su cuello. Se le puso la piel de gallina.- Si tanto la quieres, no tendrás ninguna duda cuando termine tu gran despedida de soltero.

-¿Sabes lo qué es el amor?- preguntó de repente.

Me levanté de la cama y me dirigí a la puerta para marcharme. Le miré una última vez y sonreí.

Bueno, ya había plantado la semilla de la duda, ahora había que regar un poquito.

Capítulo 2

Niña buena

Estaba intentando dormir en mi habitación.

Asier estaba en el otro lado y yo no paraba de darle vueltas a la cabeza.

No esperaba que fuera tan cerrado de mente y que no entendiera qué le estaba pidiendo.

A lo mejor Asier quería a Jena y yo no podría entrar en su círculo jamás, pero no, nada era tan perfecto. No hay pareja que no cojee por algún lado, solo tenía que descubrir cuál era su punto débil.

Salí a la terraza de mi habitación y miré hacia arriba intentando encontrar una estrella entre tanta contaminación lumínica. Me mordí el labio y se me ocurrió una mala idea.

La luz de la habitación de Jena estaba apagada, pero la del cuarto de invitados no.  Los padres de Asier se habían marchado por fin y solo estaba él.

Caminé de puntillas por el pasillo y entré sin llamar. Asier estaba sentado en la cama trasteando con el teléfono. En cuanto me vio aparecer puso los ojos en blanco.

-Hola.- murmuré y bajé la mirada como si me sintiera culpable.- Creo que antes me he pasado un poco.- cogí aire.- Es que… bueno, ningún chico me hace caso y todas mis amigas pues comentan… me siento como una estúpida.

-No te preocupes, lo entiendo.

-No te conozco, así que supongo que no me da miedo que me juzgues por lo que digo o por lo que hago.- me acerqué a él.- Tú podrías ayudarme y yo ayudarte a ti con lo que quieras.

-¿Intentas pedirme un favor?- se levantó y se rascó la nuca.- Podrías habérmelo dicho de esta manera por la tarde, en vez de hablar de mi polla. No te va el rollo de tía dura.

Puse cara de niña buena y me enrollé el pelo haciendo un tirabuzón.

-Esto no puedo hablarlo con nadie y bueno… pensé que tú me podrías dar consejos. Aunque sigo pensando en lo de que podrías disfrutar antes de casarte con Jena.- sonreí.- Oye Asier… ¿A qué sabe un beso?

Soltó una carcajada que no esperaba. Resultaba que no era tan estirado como pensaba.

Me cogió de la nunca inesperadamente, pero no fue nada brusco. Inclinó la cabeza, cerró los ojos y sus labios se posaron sobre los míos. Le agarré la cintura y le acerqué más a mi cuerpo. Quería fundirme con él. Mi corazón latía a mil por hora y deseaba que ese momento no acabara. Joder, como besaba. Su lengua se introdujo tímidamente en mi boca. Vaya, eso no me lo esperaba. Me mordió el labio. Un momento, aquel beso se estaba volviendo un poco agresivo. Sus manos bajaron por mi espalda hasta que me agarró por la cintura y me estampó contra él. ¿Eso qué notaba era su miembro? Supongo que le estaba gustando tanto como a mí.

Se separó de repente, quizás consciente de lo que estaba sucediendo. Carraspeó.

-Sabe a café.

-Me acabo de tomar uno.

Intenté llevar la conversación a un terreno menos incomodo, pero no nos engañemos, eso no fue un simple beso. Asier se había dejado llevar, aunque no lo admitiese, aún podía ver un bulto en su pantalón.

-Sigrid, escucha… esto…- dudó, como me gustaba que dudase.

-No diré nada a Jena. Gracias.- le di un rápido beso en la mejilla.

Volví a mi cuarto, victoriosa.

Cierto es que aún no había ganado la guerra, pero estaba bien no haberse quedado en la retaguardia.

Asier ya me había probado, aunque fuera pidiéndoselo de una manera absurda. Yo no era para nada así, ya me había acostado con unos cuantos y había manejado a otros pocos a mi antojo. Pero como dice mi madre, las cosas se piden con educación. Si tenía que fingir ser una niña buena para llevármelo a donde quisiera, pues qué remedio. En el fondo de mi ser quería pensar que Asier en realidad había estado esperando una excusa para besarme, una excusa que no le hiciera sentirse culpable, como a mí.

Me tumbé en la cama e imaginé como se podía mover encima de mí si besaba de esa manera.

No sé qué hora sería cuando noté a alguien tocándome el hombro para seguramente despertarme.

Abrí los ojos y me sobresalté cuando vi quien era. En la penumbra pude distinguir sus ojos azules. Asier estaba de rodillas frente a mi cama y parecía algo nervioso.

-Sigrid…- susurró.

Hubo un silencio. Me incorporé un poco para tener más cerca su rostro.

-Antes has dicho que podríamos ayudarnos el uno al otro.- continuó.- Y que…- se mordió el labio.- Yo no te juzgaría porque apenas nos conocemos.

Asentí con la cabeza. ¿A dónde quería llegar?

-Quizás sí que necesite probar cosas antes de casarme.

Me tocó el labio, tragó saliva y me besó. Esta vez fue más dulce que el anterior. Esperé otro beso, esperé que se metiera conmigo en la cama, esperé a que me tocara, esperé algo más…

-He sentido algo, y no me refiero a algo relacionado con el amor, si no a adrenalina. Los primeros besos son los que hacen que te tiemblen las piernas, los siguientes son los que te hacen feliz porque los compartes con la persona de la que estás enamorado. A lo que quiero llegar… había olvidado esa sensación.

-Lo que quieres decir es que siempre mola estrenar.

-Si… bueno…- suspiró-. Necesito emociones nuevas. Me jode darte la razón.

-Qué rápido has cambiado de opinión.

-Es que me moría por darte otro beso. Ya sabes, la adrenalina es adictiva.

Le di otro beso y otro y otro, hasta que se nos hizo de día y él volvió al cuarto de invitados.

Capítulo 3

Esperar

Bajé las escaleras a toda prisa para ir a desayunar.

-¿Dónde vas tan corriendo?- preguntó mi madre cuando me senté en la mesa.

Jena estaba delante de mí y Asier a su lado, ambos con un café y una tostada. Mi padre leía el periódico sin preocuparse de la familia, era un hombre inteligente.

-¿Qué tal has dormido, querido yerno?

-Mama, aún no es tu yerno.- dijo Jena un tanto borde. Como siempre se había levantado con el pie izquierdo.

-Pero dentro de poco lo será.- besó a mi hermana en el pelo.- Y podré contarle a las cotillas de la peluquería lo felices que somos.

Jena refunfuñó y yo sonreí. Su derrota era mi victoria.

Durante el desayuno, Asier y yo apenas cruzamos miradas.

Estaba aún en shock por lo de la noche anterior, me sorprendió que hubiera cambiado de parecer tan rápido. Su motivo me pareció absurdo ¿La adrenalina de un beso? ¿Pero qué cojones…? A mí me sonaba a excusa barata para sentirse menos culpable. Porque bien pensado… ¿Hay algún perdón ante la traición? Mi opinión es que no. Yo no soy la que está cometiendo un error, es él el que está comprometido.

Parece como si estuviera en contra de los infieles. Pues sí, no los puedo ni ver. ¿Y eso no me haría odiar a Asier? Un poco. Pero la curiosidad era la que me hacía avanzar.

El fin de semana familiar se iba a acabar y Asier se marcharía a su propia casa. ¿Cómo podría hacer para volver a verlo? Necesitaba una excusa, como las que utilizaba él.

-Tengo que empezar a buscar vestidos de novia.- comentó Jena.- Creo que iré con tu madre y la mía.

-Me parece estupendo.- dijo Asier.- ¿Por qué no te llevas también a Sigrid?

-Porque mi hermana es una toca huevos.- dijo sin levantar la vista del café.- A no ser que cambie, no la elegiré ni de dama de honor.

-Jena, estoy aquí- murmuré, asombrada.- Sinceramente me importa una mierda lo de ser dama de honor.

Si hubiera querido, habríamos iniciado una nueva discusión, pero prefería que Asier me viera como la victima de Jena. Por su cara pude advertir un atisbo de sorpresa.

Estuve vigilando a Asier toda la mañana, hasta que se quedó solo cuando Jena se fue a preparar la comida.

Él estaba en el salón, mirando nuestra pequeña librería. Supuse que estaría más aburrido que una ostra.

Le agarré de la mano y le arrastré a la calle. Fuera se soltó y me miró un tanto molesto. Cuando doblamos la esquina pareció relajarse y quise ver que sus ojos se posaron en mí de otra manera. Debíamos hablar.

-Las mujeres sois tan complicadas.- sonrió perversamente.- Vamos Sigrid… ¿Vas a decepcionarme?

¡Ajá! Entonces tenía razón, Asier me había besado porque le salió del pie, no porque se lo pedí. Ahora que sabía que los dos estábamos de acuerdo en seguir en esta espiral de besos, no tenía porqué fingir.

-¿Entonces aceptas tener tu despedida de soltero durante un año?

-No he aceptado.- dijo, serio.

¡¿PERO QUÉ… -Ahora sí que me había perdido, las relaciones humanas son tan complicadas. Con lo fácil que sería un mundo sin imposiciones, ni celos, ni amor.

-¡Oye Asier!- me acerqué a él.- No me tomes el pelo. ¿Qué coño quieres hacer? No me marees ¿Acaso te arrepientes de lo de anoche?

-Sigrid, no estoy jugando contigo. Estoy algo confuso, no te lo voy a negar. Por un lado quiero, por el otro está Jena, joder.

-Vale, de acuerdo.- levanté los brazos, derrotada.- No te voy a preguntar nada. Lo que menos quiero es que hablemos y le demos vueltas a un problema moral que no va a tener ninguna solución.

Lo mejor es dejar que las cosas surjan, sin pensar y sin sentimientos.

Asier me miró con los labios apretados, no dijo nada, solo me analizaba de arriba abajo. Sé que esperaba que yo le besara, pero no… no me iba a conseguir tan fácilmente. Perder el control significaba perder el control, hacer que durante un año no se conociera ni a sí mismo, que sus pensamientos racionales chocaran con la locura y que no le importara.

-Tengo que recoger las cosas para marcharme.- dijo.- Ya nos veremos, supongo.- me agarró del brazo y me dio un rápido beso en la frente.

CONTINUARÁ….

Si quieres leer la segunda parte de este relato, haz clic aquí.

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Un comentario en “Promesa

  1. Pingback: Promesa – Parte II | bookers

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