Cuando las musas huyen

Por: Jonathan Muñoz Ovalle

Siempre he pensado que no hay nada más satisfactorio que terminar un escrito, ni nada más aterrador que enfrentarse a la página en blanco cuando las ideas no fluyen. Hoy, precisamente, abordaré este tema. En lo particular, acostumbro varios recursos para disolver la bruma que devora a la creatividad.

-Cerrar los ojos e imaginar la historia como si fuera una película. Intento ubicar colores, dimensiones y formas, así como aromas, climas y texturas. Estos detalles pueden parecer carentes de valor y sentido para la tarea que se propone, pero resulta que tarde o temprano (y he de decir que más temprano que tarde) las ideas brotan.

-Escuchar música e imaginar escenas. Es importante fluir con el ritmo, adentrarse con cada nota y cada pausa de silencio. No pasará mucho tiempo para que broten las ideas.

-Leer. Es curioso, aunque la lectura que se elija no tenga nada que ver con el escrito en el que se trabaja, de repente —por incoherente que parezca—, de lo que se lee brotan ideas para nuestro texto. Lo veo como el cuento que se esconde dentro del cuento. También te recomiendo leer algunas páginas (de preferencia de un libro que no se conozca a detalle) y pausar la lectura. Después intenta continuar la historia. Lo mismo puedes hacer con películas, series o videoclips.

-Leer y releer lo que se lleva escrito; incluso, empezar a corregir. El que vuelvas a repasar tu texto te abre nuevos caminos y ubicar aciertos y errores. Ese nuevo panorama aclara las ideas.

-Observar el entorno. Yo me divierto mucho cuando a las personas les invento una historia. Acostumbro elegir a alguien, lo veo y trato de descifrar qué es de su vida. Si está solo, me pregunto si espera a alguien, y de ser así, ¿a quién? Si va caminando, ¿hacia dónde? Como si fuera magia, las ideas brotan siempre que realizo este ejercicio. Es más, en una de esas se te ocurre novelar una biografía ficticia. Y hablando de biografías, puedes leer el segmento de una, o parte de algún suceso histórico. Luego intenta novelar.

-Narra tus ideas a la gente que tengas cerca y pídele orientación (no olvides que hay gente que, aunque no tenga experiencia en literatura, te puede dar una gran idea). También, si es el caso, platica las diversas ideas que tienes previstas para un mismo fin, como dos inicios o tres finales; o si la chica se va con el chico A o con el B; o si el señor M morirá o mejor se irá de viaje, etcétera. Las distintas opiniones te pueden ayudar mucho, aunque también debo advertir (por experiencia personal) que cuando te dan varias BUENAS ideas, se dificulta elegir una. Pero así es esto, es el precio de poseer el privilegio de traer al mundo algo que no existía.

Espero que estos breves consejos te hayan servido. Me despido con un fraterno saludo desde México.

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