La reina dormida

Por: Yolanda Valenzuela

(Atardece en el palacio del norte, se respira un ambiente de primavera fría, la caballería entrena, de repente se para en un silencio, se abren las puertas, un caballero interrumpe ansioso en palacio, a pasos acelerados se dirige a la reina).

C- ¡Majestad! En esta epifanía estoy tan perdido en la monstruosidad del abismo, que solo quiero ahogarme en este llanto mudo.
Nadie me ve,
¡Por el amor de dios!
Nadie me oye, No me hablan, No me solicitan,
No me piensan, Ni me aman, No me desean,
Ni me pretenden, No me matan, No me dan vida tampoco.

En esta inmensidad de tiempo me suben las hormigas, me crecen las angustias, multiplico las soledades todas con nueve copas, nada me sacia.

(El Caballero agotado para un momento su discurso esperando replica o reacción, la Reina sin inmutarse le mira fijamente con las manos cruzadas manteniendo un incomodo y tenso sigilo, él se inclina y prosigue)

C-Mi Señora, me derramo una y otra vez entre docenas de recuerdos, yo sé que no son ni siquiera eso, no son ni si quiera partículas en el aire, concentrando la poca fuerza que me queda, solo, con esta tonelada de aplomo consigo sobrevivir en esta celda de castigo.
La vida es tan solo un hueco de mortificación.
¡Majestad!
Ya nada importa porque ya no siento entero, ya no sé donde mora, ni con quien juega con todo lo nuestro.
Sé que no quedará mucho tiempo más para la gran puñalada, sé que me defraudará más si cabe, que me destrozará la vida.

*La reina se levanta del trono amenazante aúpa de golpe al Caballero del suelo mientras entre gritos le dice:

R – ¡Si, se tragará tu alma en pedacitos y te comerá con patatitas!
Te encantaría darte cuenta de que tal vez estés equivocado, que volverá totalmente medida y mejorada, dispuesta de verdad a su totalidad,

¡Cabalgando en un caballo fuerte sin quebrar en el galope!

(La Reina se ríe mientras da vueltas alrededor de él , la mira asombrado con los ojos llorosos, lo abraza rápido y le coge las manos, se acerca al trono, se sienta, el caballero cae abatido a sus pies, ella le levanta el rostro mirándolo con una dulce compasión graciosa)

R- ¿Esperas sin esperar? ¿Sin pretender demasiado?
Ya no se puede caer más hondo en el pozo donde quisieron sepultarte, nadie lo merece, no te preocupes.
Lo único que has de guardar en este instante son ganas de empezar a caminar por el sendero acordado, no llaméis a la muerte, ella no te ama, no volverá a amenazarte, podéis ir en paz.

*El caballero se fue tranquilo pero triste con la esperanza de esperar a la vida, no a la muerte, con menos miedo, más valiente.
Mientras se alejaba, en los ojos de la reina abatida por el sueño vio otra vez a la sepulturera del tiempo pero esta vez le sonrió y le tiro un beso.

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