Crepúsculo

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

krakenSaludos, visitantes de las profundidades. Hoy comenzaré planteando una cuestión: ¿Os enamoraríais de un filete? No, no respondáis, era una pregunta retórica. De eso trata toda esta saga. Ni siquiera dedicaré una entrada a cada una de las entregas.

Hagamos esto como se debe hacer: de golpe y sin vaselina. Stephenie Meyer nos narra una historia en primera persona sobre una muchacha cuyo mayor problema era tener que pasar un mes al año en un pueblo donde siempre estaba nublado. Como Bilbao, pero aburrido. Desde un principio no nos queda claro si se muda al pueblo por no tragar a su padrastro deportista o porque le daba flojera andar viajando de un lado a otro.

El caso es que llega con su padre a Forks, que es como se llamaba el lugar y antes siquiera de que bajase del coche le cuenta que le ha comprado una camioneta a Toro Sentado para ella. Después de esto, la narración apresurada nos lleva hasta el primer día de instituto. Bella, que es como se llama la protagonista -la autora habrá acabado con jaquecas al elegir el nombre, digo yo-, es rápidamente aceptada por el grupo de nerds del centro, pero a ella le llama más la atención otra tribu. Yo los describiría como emos pijos o imitadores de Charlie Sheen. Los nerds le explican que son todos hermanos, adoptados por una pareja de jovenzuelos del rollo de Brangelina y Bella se queda prendada de uno de ellos: Edward.

Para dejarnos claro que no son humanos tras insinuarnos ciertas relaciones pseudo endogámicas, Edward salva a la protagonista de ser aplastada por un coche. Durante un instante me pregunté si tenía entre mis manos otra adaptación más de El Último Hijo de Krypton, pero después recordé que se trataba de una novela de vampiros. O eso creía…

Estos vampiros no se derriten con el sol, sino que brillan. Más que vampiros parecen elfos caníbales. En resumen: Se enamoran, llegan los malos, la chica huye a su antiguo hogar, los malos la encuentran y le muerden porque es más tonta que un yoyó. Llega Edward, se carga al vampiro malo y le saca el veneno (sí, veneno) a Bella. Fin. Sin sustancia. Sin atractivo. Sin vergüenza.

En el segundo libro Edward se larga de Forks para proteger a la chicquilla que ya no es tan chiquilla, puesto que ya ha cumplido la mayoría de edad. Pasa el tiempo y decide que se aburre y que quiere ir a buscar a la bola de discoteca andante en moto. Así que le pide ayuda a su amigo indio -perdón, nativo americano-, que por cierto es un hombre lobo, que le ayude a arreglar una tartana que tiene por ahí. Casi pensaba que iban a construir al monstruo de Frankenstein por error, porque es el único que faltaba en el ajo. Pero no, era una moto.

Una sucesión de premoniciones, llamadas de teléfono confusas e insensateces de Bella nos llevan hasta Italia, donde Edward, al creer muerta a Bella, pide a los mandamases de los vampiros que le maten, al más puro estilo (o plagio, depende cómo se mire) de Romeo y Julieta. En lugar de matarle y dar una alegría a más de un amante de la buena literatura de vampiros, le piden que convierta a Bella, puesto que sabe demasiado. Acepta a regañadientes y se acaba el libro.

El tercer libro sólo lo describiré como relleno para contarnos que Edward y Bella se casan pero tienen problemas de cama. Páginas y páginas de prensa rosa ficticia. Vomitivo.

La historia termina con una Bella convertida en vampiro con un bebé híbrido al que casi todos quieren matar. Por un momento casi se emociona uno al ver que se acerca una escena con acción, pero hasta eso nos quita Stephenie Meyer. Todo termina de la forma más sosa posible y se queda en agua de borrajas. Como guinda nos muestra algo cuanto menos enfermizo. El lobo amigo de Bella y la hija de esta inician una relación zoofílica cuando la niña tiene seis años. Eso sí, nos lo endulzan haciéndole aparentar dieciséis. Ahí lo dejo.

En la reunión semanal de Villanos Anónimos pregunté al Conde Drácula cuál era su opinión respecto a esta saga. Me escupió a la cara. Y con razón, porque hace falta ser mala escritora para destrozar así el género vampírico.

Bram Stoker y Anne Rice, esos son los mejores en lo que a vampiros se refiere. Crepúsculo es el producto de que los mormones dejen de vender biblias para escribirlas.

Como decía antes, posee un estilo pobre, infantil y cursi. Se hace evidente que desde que escribió la primera letra, la autora la iba a destinar a vaciar billeteras. Queda demostrado en la forma de forzar la historia a llegar hasta una conclusión concreta y, en parte, previsible. Las únicas sorpresas son historias secundarias. No describe apenas los lugares y apenas profundiza en los sentimientos, utilizando expresiones prefabricadas, típicas de la novel romántica de todo a cien.

Agradezcamos que no vayan a publicar otra novela más de la saga, puesto que se filtraron varios capítulos en la red y su autora abandonó el proyecto. Afortunadamente, como vio que no sacaba tajada no nos torturó más.

No seáis ñoños y poned un Kraken en vuestra vida.

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