Cincuenta Sombras de Grey

Liberad al Kraken
Por: Sir Francis Kraken

Saludos, queridos lectores. En el día de hoy vamos a tratar una obra que es, cuanto menos, controvertida. Hablo de la primera entrega de una trilogía que desde un principio hace gala de una ñoñería sin límites.

Comencemos con el argumento: Tenemos a una universitaria que hace una entrevista de risa a un guapo multimillonario después de conducir más de dos horas. Muchacha, para eso, quédate en casa. La superficialidad se hace patente desde un principio al sorprenderse de que ofrezca el “muchimillonario” un empleo sin ser guapa ni rubia. Eso es lo que intuimos, porque lo que es describir a los personajes, no lo hace la autora. Pero continuemos antes de que me siga yendo por los cerros de Úbeda. Resulta que el tal Christian da la impresión de ser el típico acosador que, si no fuese por lo rico y guapo que es, ya hubiese recibido una orden de alejamiento. Va a la ferretería de la protagonista (sí, a mí tampoco me cuadra una niña tonta trabajando en una ferretería) y compra bridas, cuerdas, etc. ¡¡¡Ding ding ding!!! Alarma, perturbado a la vista.

Pero claro, había que darle la imagen de caballero andante para que los lectores no se llevasen las manos a la cabeza, puesto que parece que la autora no tiene suficiente con que la salve de un ciclista (a ver, tonto, que es una bicicleta, no un tráiler). Así que entra en escena el pagafantas de la muchacha con nombre cursi, Anastasia. Este muchacho, eterno alcalde de la Friendzone, tampoco goza de un nombre mejor. Es más, tiene el nombre español más prefabricado hasta la fecha: José Rodríguez. Pobrecito, a la prota le dan un apellido que combina genial con el del guaperas de turno (Grey-Steele = Acero- Gris) y él se tiene que conformar con el más común entre las estadísticas. El tema (malditos tentáculos los míos que me distraen) es que la intenta besar, ella le hace la cobra y Grey aparece para llevarse a la chica demostrando una vez más que poderoso caballero es Don Dinero. Se la lleva a su casa y le echa la bronca del siglo por no llevar una vida sana. Claro, como si mezclar amor y violencia fuese de mens sana in corpore sano. Pero ya llegaremos a eso. De buenas a primeras le planta un contrato en la jeta en la que le dice que no puede hablar con nadie de lo que hagan en privado. ¿Es que esta chica no ve las señales luminosas que le indican que ese tío es un enfermo mental peligroso? Pero no pasa nada, el tío tiene un helicóptero y todo.

Bueno, pues después de enseñarle su sala de tortura, va la niña cursi y le dice que es virgen. ¡Ja! ¿Una virgen en América? Espera, que me atraganto con la tinta de la risa que me da. Pero no pasa nada, el tío hace un esfuerzo y la desvirga. Más majo…

Total, que nos encontramos con un tío que controla con quién sale y entra, lo que come, etcétera. Enfermizo, creo yo. La muchacha al final parece demostrar que tiene dos dedos de frente, si no amor propio y le deja. Pero eso dura sólo unas páginas, puesto que, como he dicho antes, powerful man is Mister Money. Pero de eso ya hablaremos cuando lleguemos a la segunda novela en un ataque de masoquismo de vuestro querido Kraken.

Ahora vamos a hablar del estilo. Primera persona y presente. Muuuuuuy aburrido leer en ese plan. Pese a la madurez de la autora, parece que la haya escrito una niñata de quince años rodeada de peluches de Hello Kitty. Pero ¿Qué puedes esperar de un fanfiction de Crepúsculo?

Hablemos de literatura erótica con toques de sadismo. Si queréis calidad, leed a los veteranos de ese género, como el Marqués de Sade (valga la redundancia, puesto que a él se atribuye el término sadismo) o Lord Byron. En serio, leed Justine, que le da más vueltas a esta trilogía que millones tiene Grey.

Para terminar, hago una petición: Por favor, que nadie deje a E.L. James volver a coger un bolígrafo. Por el bien de la humanidad y para que dejen de sangrarnos los ojos con aberraciones como esa. Mientras leía ese libro, me preguntaba cuánto me importaba mi salud mental. Como si un enfermo de obesidad mórbida se diese un atracón de hamburguesas. Desde que lo terminé, en la oscuridad de mi cueva submarina, una idea atormenta mi mente. Como un demonio rosa chicle que me persigue. ¿Tendré el valor de leer la segunda parte de la trilogía? Maldito Kraken masoquista…

Recordad: ¡Poned un Kraken en vuestra vida!

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